[{"data":1,"prerenderedAt":82},["ShallowReactive",2],{"hreflang:/es/p/p8-antiguo-regimen/ch/p8ch2-luis-xiv-y-el-apogeo-del-absolutismo-1643-1715":3,"chapter:p8ch2:es":7,"chapters:p8:es":58},{"fr":4,"en":5,"es":6},"/p/p8-lancien-regime/ch/p8ch2-louis-xiv-et-lapogee-de-labsolutisme-1643-1715","/en/p/p8-ancien-regime/ch/p8ch2-louis-xiv-and-the-height-of-absolutism-1643-1715","/es/p/p8-antiguo-regimen/ch/p8ch2-luis-xiv-y-el-apogeo-del-absolutismo-1643-1715",{"period":8,"chapter":21},{"id":9,"title":10,"titleEn":11,"titleEs":10,"range":12,"rangeEn":12,"rangeEs":12,"covers":13,"coverArtworkId":17,"cover":18},"p8","Antiguo Régimen","Ancien Regime","1610 → 1789",[14],{"filename":15,"url":16},"A Stag Hunt at Versailles","https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/a5/Martin%2C_Jean-Baptiste_%E2%80%94_A_Stag_Hunt_at_Versailles_%E2%80%94_c._1700.jpg","",{"fileName":15,"imageUrl":16,"filePageUrl":19,"sourceLabel":20},"https://commons.wikimedia.org/wiki/File:A%20Stag%20Hunt%20at%20Versailles","Wikimedia Commons",{"id":22,"title":23,"periodId":9,"html":24,"zooms":25,"thumbnailArtworkId":17,"hasEn":53,"isFallback":54,"coverFit":17,"coverPosition":17,"chronicle":55,"realm":17,"seoDescription":56,"thumbnailUrl":57},"p8ch2","Luis XIV y el apogeo del absolutismo (1643-1715)","\u003Cp>El \u003Cstrong>14 de mayo de 1643\u003C/strong>, la muerte de \u003Cstrong>Luis XIII\u003C/strong> llevaba al trono a un niño de cuatro años y medio, \u003Cstrong>Luis XIV\u003C/strong>, bajo la regencia de su madre \u003Cstrong>Ana de Austria\u003C/strong> y el ministerio del cardenal \u003Cstrong>Mazarino\u003C/strong>, protegido y heredero político de Richelieu. Esta continuidad ministerial permitió culminar, con las victorias de Rocroi, Friburgo, Alerheim y luego Lens, la obra militar emprendida dos décadas antes contra los Habsburgo, y llevar a su término, con los tratados de Westfalia de octubre de 1648, la guerra de los Treinta Años que había ensangrentado Europa desde 1618.\u003C/p>\n\u003Cp>Sin embargo, esta victoria exterior no bastó para garantizar la paz interior de un reino agotado por veinte años de fiscalidad de guerra. Desde el otoño de 1648, la Fronda parlamentaria y luego, a partir de 1650, la Fronda de los príncipes sumieron a la monarquía en cinco años de disturbios en los que el joven rey conoció la humillación de una huida nocturna fuera de París y el espectáculo de una nobleza que tomaba las armas contra su propia corona. Solo al precio del regreso al orden interior, y luego de la victoria sobre España consagrada por el tratado de los Pirineos de 1659 y el matrimonio con la infanta María Teresa, pudo Francia cerrar este primer cuarto de siglo de crisis y transmitir intacto, a la muerte de Mazarino en 1661, un poder real que nada parecía ya poder disputar.\u003C/p>\n\u003Cp>Fue sobre esta base reconquistada que se desplegó, a partir de 1661, el rasgo dominante del reinado: una centralización absolutista sin precedentes, que Luis XIV entendió ejercer en adelante solo, sin ministro principal. La caída de Fouquet, el ascenso de Colbert y el auge del colbertismo económico, la construcción de Versalles como instrumento de representación y de sometimiento de la nobleza, formaron los pilares de un poder real llevado a su apogeo diplomático y territorial en la paz de Nimega de 1678-1679, que valió al rey el título de «Luis el Grande». Este mismo reinado conoció sin embargo, a partir del giro de la década de 1680, un endurecimiento religioso marcado por las dragonadas y luego por la revocación del edicto de Nantes en 1685, y se embarcó en una sucesión casi ininterrumpida de guerras —Devolución, Holanda, Liga de Augsburgo, Sucesión de España— que agotaron progresivamente las finanzas y la población del reino.\u003C/p>\n\u003Cp>Estos grandes ejes se leen en la propia trayectoria del poder francés: del apogeo territorial de Nimega al annus horribilis de 1702-1707, marcado por los desastres de Höchstädt, Ramillies y Turín, hasta la inesperada reacción de Denain en 1712 que salvó al reino de una invasión. Esta última guerra vino acompañada de pruebas de una gravedad inédita: la catástrofe demográfica del gran invierno de 1709, que causó varios cientos de miles de muertos, y la hecatombe dinástica de 1711-1712, que se llevó en menos de un año a tres generaciones de herederos directos y no dejó sobrevivir más que al futuro Luis XV, entonces de dos años de edad.\u003C/p>\n\u003Cp>Luis XIV murió en Versalles el \u003Cstrong>1 de septiembre de 1715\u003C/strong>, tras setenta y dos años de reinado —el más largo de la historia de Francia—, de los cuales cincuenta y cuatro pasados gobernando personalmente el reino. Este reinado, que vio a la monarquía francesa alcanzar el apogeo de su poder absolutista antes de revelar, en sus últimas décadas, sus límites financieros, militares y demográficos, constituye por ello un periodo bisagra de la historia nacional, cuyas diecinueve etapas aquí trazadas —desde la regencia de la reina madre hasta la anulación del testamento real por el regente Felipe de Orleans— dibujan la curva completa: la de un ascenso hacia el absolutismo triunfante, y luego la de un declive que el Rey Sol no había de ver cerrarse antes de su propia desaparición.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>I. 1643-1648: la regencia de Ana de Austria y el ministerio de Mazarino, últimas victorias de la guerra de los Treinta Años y prolegómenos de la Fronda\u003C/h2>\n\u003Cp>Apenas cinco días después de la muerte de Luis XIII, su viuda \u003Cstrong>Ana de Austria\u003C/strong> hizo anular, en un lit de justice celebrado en el Parlamento de París con el concurso del canciller \u003Cstrong>Séguier\u003C/strong>, el testamento del difunto rey que limitaba sus poderes a un consejo de regencia presidido por Gastón de Orleans. Convertida en regente plena, nombró de inmediato, para general estupor de la corte, al cardenal \u003Cstrong>Mazarino\u003C/strong> —ya miembro del consejo designado por Luis XIII— como ministro principal. Esta continuidad personal con el ministerio de Richelieu, del que Mazarino había sido protegido, había de gobernar el reino hasta 1661 y llevar a su término la obra militar emprendida dos décadas antes contra los Habsburgo.\u003C/p>\n\u003Cp>Esta autoridad naciente debió sin embargo ser defendida por la fuerza desde los primeros meses del ministerio. A partir de mayo de 1643, \u003Cstrong>François de Vendôme, duque de Beaufort\u003C/strong>, y \u003Cstrong>Marie de Rohan, duquesa de Chevreuse\u003C/strong>, urdieron con otros grandes del reino una conjura conocida como la \u003Cstrong>Cábala de los Importantes\u003C/strong>, dirigida a obtener la destitución de Mazarino, considerado hostil a los intereses de la nobleza, y a negociar una paz separada con España. La conjura fracasó: Beaufort fue arrestado el 2 de septiembre de 1643 y encarcelado cinco años en la fortaleza de Vincennes, mientras la duquesa de Chevreuse y los duques de Vendôme, Mercœur y Guisa eran desterrados. Esta rápida represión consolidó de inmediato la autoridad del nuevo ministro frente a una nobleza que esperaba aprovechar la regencia para recuperar la influencia perdida bajo Richelieu.\u003C/p>\n\u003Cp>Esta obra encontró su coronación en una serie de victorias logradas por dos jóvenes generales ya revelados en Rocroi. Los días 3, 5 y 9 de agosto de 1644, el \u003Cstrong>duque de Enghien\u003C/strong> —futuro Gran Condé— y \u003Cstrong>Turenne\u003C/strong> combatieron contra las tropas bávaras de \u003Cstrong>Franz von Mercy\u003C/strong>, atrincheradas en Friburgo de Brisgovia, en la \u003Cstrong>batalla de Friburgo\u003C/strong>, llamada «de los Tres Días»: tras un asalto victorioso el 3 de agosto, un segundo asalto fue rechazado el día 4 con 4.000 muertos y heridos en las filas francesas, antes de que la llegada de 5.000 hombres de refuerzo permitiera a Condé forzar la decisión y obligar a von Mercy a evacuar la ciudad el 9 de agosto —la batalla más sangrienta de toda la guerra de los Treinta Años, de la que el comandante de la caballería bávara, \u003Cstrong>Jean de Werth\u003C/strong>, habría dicho al descubrir el campo de batalla: «En veintidós años de mi sangriento oficio, jamás vi semejante carnicería». Un año más tarde, el 3 de agosto de 1645, Condé y Turenne se enfrentaron de nuevo a von Mercy en la \u003Cstrong>batalla de Alerheim\u003C/strong>, llamada segunda batalla de Nördlingen: su ejército franco-weimariano, de 23.000 a 27.000 hombres, sufrió primero el hundimiento del ala de Condé, antes de que Turenne, apoderándose del Wennenberg, forzara la retirada de los Imperiales; von Mercy encontró allí la muerte, y las tropas bávaras, creyéndose cercadas, capitularon esa misma noche.\u003C/p>\n\u003Cp>\u003Ca class=\"kb-art-link\" href=\"/es/art/bataille-rocroi-1643-leloir\" data-art-id=\"bataille-rocroi-1643-leloir\">\u003Cimg src=\"https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/e/e3/Maurice_Leloir-Le_Roy_Soleil_-_Bataille_de_Rocroy.jpg/960px-Maurice_Leloir-Le_Roy_Soleil_-_Bataille_de_Rocroy.jpg\" alt=\"La batalla de Rocroi, 1643\" class=\"kb-img-contain\" >\u003Cspan class=\"kb-art-badge\" aria-hidden=\"true\">\u003Ci class=\"pi pi-image\">\u003C/i>\u003C/span>\u003C/a>\n\u003Cem>La batalla de Rocroi, 1643: Maurice Leloir, CC BY-SA 4.0 \u003Ca href=\"https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0/\">https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0/\u003C/a>, via Wikimedia Commons\u003C/em>\u003C/p>\n\u003Cp>La última gran batalla de la guerra se libró tres años después en suelo francés. Tras la toma de Lens por el archiduque \u003Cstrong>Leopoldo Guillermo de Habsburgo\u003C/strong> el 17 de agosto de 1648, Condé, al frente de un ejército no obstante inferior en número —unos 20.000 hombres frente a las tropas españolas—, fingió una retirada el 20 de agosto antes de contraatacar: la caballería adversaria, rechazada, cundió el pánico y abandonó su infantería, dejando 3.000 muertos y 5.000 prisioneros españoles por 1.500 bajas en el bando francés. Esta victoria de \u003Cstrong>Lens\u003C/strong> convenció al emperador \u003Cstrong>Fernando III\u003C/strong>, que negociaba ya desde hacía cinco años, de aceptar por fin las condiciones de paz: el 24 de octubre de 1648, el tratado de Münster, firmado entre Francia y el Imperio en el marco más amplio de los \u003Cstrong>tratados de Westfalia\u003C/strong>, puso fin a treinta años de guerra al atribuir a Francia las posesiones austriacas de la Alta Alsacia, así como derechos de soberanía sobre varias ciudades imperiales —consagrando, junto a Suecia, el debilitamiento duradero de los Habsburgo y un nuevo equilibrio europeo cuyos cimientos había puesto Richelieu sin llegar a verlo realizado.\u003C/p>\n\u003Cp>\u003Ca class=\"kb-art-link\" href=\"/es/art/traite-westphalie-1648-terborch\" data-art-id=\"traite-westphalie-1648-terborch\">\u003Cimg src=\"https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/8/8a/Westfaelischer_Friede_in_Muenster_%28Gerard_Terborch_1648%29.jpg/960px-Westfaelischer_Friede_in_Muenster_%28Gerard_Terborch_1648%29.jpg\" alt=\"La ratificación del tratado de Münster, 1648\" class=\"kb-img-contain\" >\u003Cspan class=\"kb-art-badge\" aria-hidden=\"true\">\u003Ci class=\"pi pi-image\">\u003C/i>\u003C/span>\u003C/a>\n\u003Cem>La ratificación del tratado de Münster, 1648: Gerard ter Borch, Dominio público, via Wikimedia Commons\u003C/em>\u003C/p>\n\u003Cp>Pero esta victoria exterior no bastó para apaciguar las tensiones acumuladas en el interior del reino por veinte años de fiscalidad de guerra. Ya el 13 de mayo de 1648, el Parlamento de París, la Cámara de Cuentas, la Corte de Ayudas y el Gran Consejo se habían unido mediante un \u003Cstrong>Auto de Unión\u003C/strong> en una asamblea única, reunida en cámara de San Luis, para redactar veintisiete artículos que exigían la destitución de los intendentes, la sumisión de las levas fiscales a la aprobación de las cortes soberanas y garantías de libertad individual. El encuentro entre la victoria militar y la crisis política se produjo entonces con una brutalidad inesperada: aprovechando el Te Deum celebrado el 26 de agosto en Notre-Dame por la victoria de Lens, Mazarino hizo arrestar a los principales cabecillas de la cámara de San Luis, entre ellos el muy popular consejero \u003Cstrong>Pierre Broussel\u003C/strong>. París se cubrió al día siguiente de barricadas, y bajo la presión del motín, la regente debió consentir, el 28 de agosto, la liberación de Broussel. Conferencias celebradas en Saint-Germain entre la corte y una delegación parlamentaria, del 25 de septiembre al 4 de octubre, desembocaron por fin en un compromiso: el 22 de octubre de 1648, dos días antes incluso de la firma del tratado de Münster, Ana de Austria firmó una declaración —registrada el día 24— que retomaba casi íntegramente las reformas reclamadas por la cámara de San Luis, entre ellas la supresión de los intendentes y un habeas corpus para los oficiales. Este retroceso completo de la corona, arrancado en la calle más que negociado en la mesa del poder, no resolvía nada de fondo y dejaba presagiar que la paz recobrada en el exterior del reino no bastaría para garantizar la paz en el interior.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>II. Noviembre de 1648 – 11 de marzo de 1649: la Fronda parlamentaria, la huida a Saint-Germain y la paz de Rueil\u003C/h2>\n\u003Cp>La declaración de Saint-Germain no apaciguó nada de forma duradera: Ana de Austria y Mazarino, resueltos a recuperar la ventaja antes que a proseguir las concesiones, eligieron la prueba de fuerza. En la noche de la Epifanía, del \u003Cstrong>5 al 6 de enero de 1649\u003C/strong>, la reina hizo acostar a \u003Cstrong>Luis XIV\u003C/strong>, entonces de diez años, y a su hermano menor el duque de Anjou, para despertarlos después de medianoche y conducirlos por una escalera oculta hasta el jardín del Palais-Royal; la familia real, acompañada de Mazarino y de varios príncipes y oficiales, abandonó París por la puerta de la Conférence a las dos de la madrugada para refugiarse en \u003Cstrong>Saint-Germain-en-Laye\u003C/strong>, donde toda la corte durmió sobre paja la primera noche y careció con frecuencia de lo necesario después.\u003C/p>\n\u003Cp>El Parlamento de París replicó desde el \u003Cstrong>8 de enero\u003C/strong> declarando a Mazarino perturbador del reposo público y enemigo del Estado, y pronunciando su expulsión —decreto que había de quedar en suspenso hasta la paz de marzo. Ese mismo día se abrió el \u003Cstrong>bloqueo de París\u003C/strong>, confiado por la regente al \u003Cstrong>príncipe de Condé\u003C/strong>, cuya firmeza no hizo sino endurecer las posiciones de los frondistas en lugar de quebrarlas. En la capital sitiada, \u003Cstrong>Paul de Gondi\u003C/strong>, coadjutor del arzobispo de París desde 1643, que había intentado primero imponerse como mediador entre la reina y los parlamentarios de la cámara de San Luis antes de ser secamente rechazado por Ana de Austria, se pasó entonces abiertamente al bando frondista: levantó a su costa un «regimiento de Corinto» y organizó la resistencia parisina, tanto por ambición personal —aspiraba al capelo cardenalicio— como por oposición al sistema ministerial. El bando frondista recibió un refuerzo de muy distinto calado el 10 de enero, cuando el propio hermano de Condé, \u003Cstrong>Armand de Bourbon, príncipe de Conti\u003C/strong>, y su cuñado el \u003Cstrong>duque de Longueville\u003C/strong>, se sumaron a París; al día siguiente, 11 de enero, el Parlamento proclamó a Conti «generalísimo de los ejércitos», tras haber prometido el príncipe «emplear su vida hasta la última gota de su sangre al servicio del Rey bajo la autoridad del Parlamento» —colocando así, en la cúspide de la mayor familia del reino, a dos hermanos en bandos opuestos.\u003C/p>\n\u003Cp>El cerco militar en torno a París prosiguió metódicamente durante todo el mes de febrero. El \u003Cstrong>8 de febrero\u003C/strong>, Condé, secundado por Gastón de Orleans, se apoderó de Charenton-le-Pont, defendida por las tropas de su propio hermano Conti, para cortar la ruta que unía la capital con la Brie; el asalto, fratricida en su mando, costó la vida a los dos comandantes presentes, el frondista Clanleu y, en el bando real, \u003Cstrong>Gaspard IV de Coligny, duque de Châtillon\u003C/strong>, protestante convertido en 1643 y amigo personal de Condé. El bloqueo se reveló sin embargo lejos de ser hermético: los días 9 y 10 de febrero, los generales frondistas lograron introducir en París un importante convoy de víveres y ganado procedente de Étampes, vía Chevilly y Villejuif. Condé cerró no obstante el cerco al tomar Montlhéry el 16 de febrero, cerrando la ruta de la Beauce, y luego Brie-Comte-Robert el 28 de febrero, completando el corte de la de la Brie.\u003C/p>\n\u003Cp>Estos éxitos militares limitados convencieron finalmente a ambos bandos de negociar: el \u003Cstrong>11 de marzo de 1649\u003C/strong>, Ana de Austria y Mazarino concluyeron con el presidente del Parlamento \u003Cstrong>Mathieu Molé\u003C/strong> la \u003Cstrong>paz de Rueil\u003C/strong>. El Parlamento obtuvo con ella la amnistía general para los parlamentarios y los rebeldes, el mantenimiento de los veintisiete artículos de mayo de 1648, la confirmación de la supresión de los intendentes y la prohibición al rey de crear nuevos oficios; a cambio, anulaba su decreto de expulsión de enero contra Mazarino y se comprometía a no celebrar más asambleas «por cualesquiera causas, pretextos u ocasiones que fueren». Este compromiso cojo cerró la Fronda parlamentaria sin satisfacer plenamente a nadie: el pueblo y la burguesía de París, que esperaban sobre todo la caída de Mazarino, vieron defraudada su principal expectativa, permaneciendo el cardenal firmemente en su puesto junto a la regente.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>III. Marzo de 1649 – julio de 1653: la Fronda de los príncipes, el arresto de Condé, revuelta y regreso al orden\u003C/h2>\n\u003Cp>La ironía de la situación no tardó en volverse contra quien había salvado la corona en Charenton. Temiendo la creciente influencia del vencedor de Rocroi y de Lens, Mazarino hizo arrestar, el \u003Cstrong>18 de enero de 1650\u003C/strong>, a \u003Cstrong>Condé\u003C/strong>, a su hermano \u003Cstrong>Conti\u003C/strong> y a su cuñado el \u003Cstrong>duque de Longueville\u003C/strong>, en el propio Palais-Royal. Según Voltaire, ningún crimen podía imputarse a Condé; el arresto, ejecutado por \u003Cstrong>Guitaut\u003C/strong>, capitán de las guardias de la reina, había sido precedido de una consumada artimaña del cardenal, que hizo firmar al propio príncipe, sin que este comprendiera su alcance, la orden de mantener preparadas las guardias del Louvre —Condé firmó así, de su propia mano, la orden de su propio arresto. Los tres príncipes fueron conducidos a la fortaleza de Vincennes, donde estallaron varias revueltas provinciales en su nombre sin lograr quebrantar el poder.\u003C/p>\n\u003Cp>Fue por el contrario una inesperada convergencia de todos los antiguos adversarios de Mazarino la que acabó por derribarlo. Cercado por la unión de la nobleza y de los parlamentarios, el cardenal abandonó París disfrazado en la noche del 6 al 7 de febrero de 1651, no sin antes hacer redactar por \u003Cstrong>Le Tellier\u003C/strong> las órdenes de liberación de los príncipes —abriendo un exilio de once meses que había de conducirlo hasta el 24 de diciembre siguiente. El \u003Cstrong>13 de febrero de 1651\u003C/strong>, Condé, Conti y Longueville, liberados, hicieron una entrada triunfal en París; en nombre de Gastón de Orleans, el coadjutor \u003Cstrong>Paul de Gondi\u003C/strong> hizo custodiar las puertas de la ciudad y bloquear el Palais-Royal por la milicia burguesa, colocando de hecho a la regente y al joven rey bajo la vigilancia de sus propios adversarios —cumbre de la debilidad del poder real durante toda esta crisis. Meses después, el \u003Cstrong>7 de septiembre de 1651\u003C/strong>, Luis XIV, de trece años, fue proclamado mayor de edad pese a los persistentes disturbios: en un quinto lit de justice celebrado en la Gran Sala del Parlamento, declaró querer «tomar en adelante [él] mismo el gobierno», mientras Ana de Austria, dejando de ser regente, se convertía en jefa del Consejo. Este fin legal de la regencia no puso sin embargo fin alguno a la crisis, que no era de orden institucional sino político.\u003C/p>\n\u003Cp>Liberado pero insatisfecho, Condé rechazó toda reconciliación duradera con la corte: retirado a sus tierras, rompió abiertamente meses después y firmó, por mediación de su agente Lenet, un tratado de alianza con España —el primer príncipe de sangre en tomar así las armas junto al enemigo hereditario, en plena guerra franco-española. Los \u003Cstrong>6 y 7 de abril de 1652\u003C/strong>, se enfrentó a las tropas reales en la \u003Cstrong>batalla de Bléneau\u003C/strong>: durante la noche, desbarató y destruyó parte del ejército del mariscal de Hocquincourt, obligándolo a replegarse hacia Auxerre, antes de que \u003Cstrong>Turenne\u003C/strong>, acudido con fuerzas sin embargo inferiores —un ejército real de trece a catorce mil hombres frente a los suyos, con un cuerpo de 3.500 hombres que sostenía Briare—, contraatacara por la mañana y contuviera al enemigo explotando hábilmente el terreno; el choque costó de 400 a 500 muertos y de 500 a 600 prisioneros en las filas reales.\u003C/p>\n\u003Cp>Tres meses después, el \u003Cstrong>2 de julio de 1652\u003C/strong>, el ejército de Condé, rechazado por Turenne hasta las mismas murallas de París, estuvo a punto de ser aniquilado en la \u003Cstrong>batalla del arrabal de Saint-Antoine\u003C/strong>, librada a las mismas puertas de la Bastilla. La salvación vino de un gesto político tan espectacular como inesperado: \u003Cstrong>Anne-Marie-Louise de Orleans, llamada la Grande Mademoiselle\u003C/strong>, hija de Gastón de Orleans, obtuvo de su padre la orden de movilizar a las fuerzas parisinas, se dirigió ella misma a la Bastilla e hizo apuntar los cañones de la fortaleza contra el ejército de Turenne, infligiendo graves pérdidas y permitiendo a Condé retirarse a salvo dentro de París. Mazarino habría comentado este gesto con una frase que quedó célebre: «Ha matado a su marido» —alusión al hecho de que el rey, con quien ella esperaba casarse algún día, jamás le perdonaría esta afrenta hecha a la corona.\u003C/p>\n\u003Cp>Esta victoria táctica se reveló sin embargo un desastre político para Condé, ya desacreditado a los ojos de París por haber hecho disparar contra la capital. El \u003Cstrong>21 de octubre de 1652\u003C/strong>, Luis XIV y Ana de Austria abandonaron Saint-Germain para hacer una entrada triunfal en París e instalarse en el Louvre; al día siguiente, un lit de justice pronunció una amnistía general para todos los frondistas salvo Condé, a quien la declaración real del 12 de noviembre de 1652 despojó de sus dignidades y gobiernos —una sentencia del Parlamento habría de condenarlo a muerte en rebeldía el 27 de marzo de 1654. El propio Mazarino pudo regresar a París el \u003Cstrong>3 de febrero de 1653\u003C/strong>, sin incidente notable, tan fuerte se había vuelto el cansancio del reino y el deseo general de recobrar el orden. Solo Burdeos resistió aún algunos meses: el \u003Cstrong>Ormée\u003C/strong>, ala radical de la Fronda, tomó el control de la ciudad a finales de junio de 1653, antes de que el príncipe de Conti, entretanto reconciliado con la corona, firmara el \u003Cstrong>20 de julio de 1653\u003C/strong> la paz de Burdeos, con amnistía general salvo para los principales cabecillas ormistas —cerrando así, cinco años después del Auto de Unión, todo el ciclo frondista que había mantenido en jaque al reino.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>IV. Agosto de 1653 – 7 de noviembre de 1659: el fin de la guerra con España, Turenne contra Condé y el tratado de los Pirineos\u003C/h2>\n\u003Cp>La pacificación interior del reino no puso fin en absoluto a la guerra exterior, en la que Condé seguía portando las armas españolas contra su antigua patria. Ya en el verano de \u003Cstrong>1654\u003C/strong>, sitió \u003Cstrong>Arrás\u003C/strong>, del 3 de julio al 25 de agosto, buscando recuperar esta plaza caída en manos francesas en 1640 mientras el reino parecía aún debilitado por la Fronda; tres cuerpos de ejército franceses —los de \u003Cstrong>Turenne\u003C/strong>, \u003Cstrong>La Ferté\u003C/strong> y \u003Cstrong>Fabert\u003C/strong>— convergieron hacia la ciudad, y el \u003Cstrong>25 de agosto\u003C/strong>, el ejército de socorro puso en total derrota a las líneas españolas, infligiéndoles al menos 7.000 bajas y obligando a Condé a huir. Este «socorro de Arrás» constituyó el primer gran éxito militar del reinado personal iniciado tres años antes. Al año siguiente, Turenne confirmó esta ventaja tomando sucesivamente las plazas de Landrecies, Condé-sur-l’Escaut y Saint-Ghislain, culminando la instalación de la superioridad francesa en este frente.\u003C/p>\n\u003Cp>Fue esta serie de reveses la que empujó a Condé a buscar su venganza. Turenne sitiaba \u003Cstrong>Valenciennes\u003C/strong> desde el 18 de mayo de \u003Cstrong>1656\u003C/strong> cuando, en la noche del 15 al 16 de julio, el ejército de socorro de \u003Cstrong>don Juan José de Austria\u003C/strong> y de Condé se presentó ante la ciudad. Condé quebró con sorprendente determinación el sector del mariscal \u003Cstrong>La Ferté\u003C/strong>, mientras don Juan, al frente de 4.000 hombres, cargaba brillantemente contra el campamento francés; Turenne logró rechazar este asalto pero fracasó en socorrer a La Ferté, hecho prisionero junto con varios cientos de oficiales y soldados, así como cincuenta cañones y toda la correspondencia del mando francés. Esta derrota, una de las escasas de la carrera de Turenne, mostró que el fin de la Fronda no había bastado para zanjar un conflicto de más de veinte años.\u003C/p>\n\u003Cp>El giro vino de una inesperada alianza diplomática. El \u003Cstrong>23 de marzo de 1657\u003C/strong>, Mazarino concluyó con \u003Cstrong>Oliver Cromwell\u003C/strong> el \u003Cstrong>tratado de París\u003C/strong>: Francia se comprometía a aportar 20.000 hombres, Inglaterra 6.000 soldados y su flota, para una campaña conjunta contra las plazas flamencas de Gravelinas, Dunkerque y Mardyck, debiendo revertir Dunkerque y Mardyck a Inglaterra y Gravelinas a Francia. Esta coalición franco-inglesa venció de manera decisiva el \u003Cstrong>14 de junio de 1658\u003C/strong>, en la \u003Cstrong>batalla de las Dunas\u003C/strong>, cerca de Dunkerque: el ejército de Turenne, de unos 20.000 hombres, entre ellos 6.000 ingleses del Nuevo Ejército Modelo, se enfrentó al de don Juan José de Austria y Condé, de unos 14.000 a 15.000 hombres; los piqueros ingleses hundieron en un instante el centro y la derecha españoles, mientras Condé, en el ala izquierda, resistió y lanzó luego una brillante contraofensiva antes de ser finalmente rechazado por la caballería de Turenne, apoyada por los navíos ingleses. La rendición de Dunkerque siguió a esta victoria pocos días después, haciendo ya inevitable la paz.\u003C/p>\n\u003Cp>Esta paz se firmó el \u003Cstrong>7 de noviembre de 1659\u003C/strong> en la isla de los Faisanes, en la frontera pirenaica, entre Mazarino y el ministro español \u003Cstrong>Luis de Haro\u003C/strong>: el \u003Cstrong>tratado de los Pirineos\u003C/strong> otorgó a Francia el Rosellón, la Cerdaña, el Artois y varias plazas fuertes de Flandes y Lorena, convirtiendo definitivamente al reino en la primera potencia del continente. El tratado preveía también el matrimonio de Luis XIV con la infanta \u003Cstrong>María Teresa de España\u003C/strong>, quien renunciaba por sí misma y por su descendencia a todo derecho sobre la corona de España —renuncia subordinada al pago de una dote de 500.000 escudos que Mazarino sabía perfectamente que España era incapaz de satisfacer, y en cuyo impago Luis XIV había de fundar más tarde sus propias reivindicaciones. La suerte de Condé suscitó por fin ásperas discusiones: España exigía su pleno restablecimiento en sus bienes y prerrogativas, lo que Luis XIV rechazó al principio, queriendo hacerle pagar su traición; Mazarino debió finalmente ceder, obteniendo a cambio tres plazas adicionales en el Hainaut —Philippeville, Mariembourg y Avesnes— como rescate del perdón concedido al vencedor de Rocroi, que regresaba así a Francia tras nueve años de exilio y de guerra contra su propio país.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>V. 7 de noviembre de 1659 – 10 de marzo de 1661: el matrimonio español y la muerte de Mazarino, Luis XIV toma solo las riendas del reino\u003C/h2>\n\u003Cp>El matrimonio español previsto por el tratado de los Pirineos no se había dado sin una renuncia personal, impuesta al rey por su propio ministro incluso antes de la firma del tratado. Enamorado desde hacía varios años de \u003Cstrong>Marie Mancini\u003C/strong>, sobrina de Mazarino, Luis XIV había debido separarse de ella el \u003Cstrong>22 de junio de 1659\u003C/strong> por orden del propio cardenal, para quien la razón de Estado exigía el matrimonio español antes que una unión con una simple «Mazarinette»; la joven le habría espetado, al dejarlo: «Sois rey, lloráis, y yo me voy». La unión dinástica encontró su culminación al año siguiente: tras un matrimonio por poderes celebrado en Fuenterrabía el 3 de junio de 1660, \u003Cstrong>Luis XIV\u003C/strong> desposó en persona a la infanta \u003Cstrong>María Teresa de España\u003C/strong>, su prima hermana, ambos de veintiún años, el \u003Cstrong>9 de junio de 1660\u003C/strong> en la iglesia de San Juan Bautista de \u003Cstrong>Saint-Jean-de-Luz\u003C/strong> —unión que sellaba, en el plano matrimonial, la paz recobrada entre las dos casas rivales. La pareja real esperó luego cerca de dos meses y medio en Vincennes a que se completaran los preparativos de su entrada en la capital: el \u003Cstrong>26 de agosto de 1660\u003C/strong>, Luis XIV y María Teresa hicieron una entrada solemne en París, desde el castillo de Vincennes hasta el Louvre, aclamados a su paso por una inmensa multitud llegada de todo el reino, mientras se celebraba una gran fiesta en una plaza especialmente dispuesta al este del arrabal de Saint-Antoine, la actual plaza del Trono.\u003C/p>\n\u003Cp>Este fasto dinástico ocultaba sin embargo una transición política ya próxima. Minado desde hacía meses por el mal de piedra y la gota, \u003Cstrong>Mazarino\u003C/strong> murió el \u003Cstrong>9 de marzo de 1661\u003C/strong> en el castillo de Vincennes, a los 58 años. Un nuevo testamento, registrado tres días antes, legaba lo esencial de su inmensa fortuna —evaluada sin certeza en más de doscientos millones de libras— a su sobrina \u003Cstrong>Hortense Mancini\u003C/strong> y a su esposo el duque de La Meilleraye, dejando al rey varios diamantes, entre ellos el famoso Sancy y otras dieciocho piedras que tomaron desde entonces el nombre de «Mazarinos». Esta muerte cerraba, dieciocho años después de la de Richelieu a quien había sucedido de inmediato en el poder, la era del ministerio cardenalicio que había gobernado Francia sin interrupción desde 1624.\u003C/p>\n\u003Cp>Al día siguiente mismo, \u003Cstrong>10 de marzo de 1661\u003C/strong>, Luis XIV, de veintidós años, reunió en Vincennes a sus ministros y secretarios de Estado para anunciarles, en términos que quedaron célebres, el fin de esta práctica: «Señor, os he hecho reunir aquí, con mis ministros y secretarios de Estado, para deciros que, hasta ahora, he consentido en dejar gobernar mis asuntos por el señor Cardenal; es hora de que los gobierne yo mismo: me ayudaréis con vuestros consejos, cuando os los pida». Y añadió, no sin firmeza: «La faz del teatro cambia; tendré otros principios en el gobierno de mi Estado, en la administración de mis finanzas y en las negociaciones en el exterior de los que tenía el difunto señor Cardenal». Esta declaración, más que un simple duelo político, constituía un acto fundacional: por primera vez desde 1624, el reino de Francia iba a ser gobernado directamente por su rey, sin la intermediación de un ministro principal —ruptura institucional cuyo pleno alcance habían de medir las décadas siguientes.\u003C/p>\n\u003Cp>🔍 \u003Cstrong>\u003Ca href=\"/es/zoom/p8ch2z2\">Zoom – El absolutismo de Luis XIV: teoría e instituciones (1661-1715)\u003C/a>\u003C/strong>\u003C/p>\n\u003Cp>🔍 \u003Cstrong>\u003Ca href=\"/es/zoom/p8ch2z11\">Zoom – Educación y formación militar de Luis XIV (1638-1661)\u003C/a>\u003C/strong>\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>VI. 10 de marzo de 1661 – 21 de diciembre de 1664: la caída de Fouquet y el ascenso de Colbert\u003C/h2>\n\u003Cp>El reinado personal encontró rápidamente la ocasión de demostrar su firmeza en el terreno financiero. Ya el \u003Cstrong>8 de marzo de 1661\u003C/strong>, a petición del moribundo Mazarino, \u003Cstrong>Jean-Baptiste Colbert\u003C/strong> había sido nombrado intendente de finanzas, cargo que le permitía vigilar de cerca la gestión del superintendente en ejercicio, \u003Cstrong>Nicolas Fouquet\u003C/strong>, en funciones desde 1653 y cuya inmensa fortuna personal despertaba ya muchas sospechas. Esta rivalidad institucional, larvada desde hacía meses, encontró su detonante en un gesto de orgullo que quedó célebre.\u003C/p>\n\u003Cp>\u003Ca class=\"kb-art-link\" href=\"/es/art/portrait-fouquet-nanteuil\" data-art-id=\"portrait-fouquet-nanteuil\">\u003Cimg src=\"https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/e/ed/0_Nicolas_Fouquet_-_Vaux-le-Vicomte_%281%29.JPG/960px-0_Nicolas_Fouquet_-_Vaux-le-Vicomte_%281%29.JPG\" alt=\"Retrato de Nicolas Fouquet\" class=\"kb-img-contain\" >\u003Cspan class=\"kb-art-badge\" aria-hidden=\"true\">\u003Ci class=\"pi pi-image\">\u003C/i>\u003C/span>\u003C/a>\n\u003Cem>Retrato de Nicolas Fouquet: Robert Nanteuil, Dominio público, via Wikimedia Commons\u003C/em>\u003C/p>\n\u003Cp>El \u003Cstrong>17 de agosto de 1661\u003C/strong>, Fouquet recibió a Luis XIV en su castillo de Vaux-le-Vicomte, recién terminado, para una fiesta de magnificencia inaudita: una batalla naval reconstituida en el canal, un bufé gigantesco preparado por el maître \u003Cstrong>Vatel\u003C/strong>, la creación de «Los Enfadosos» de \u003Cstrong>Molière\u003C/strong> con música de \u003Cstrong>Lully\u003C/strong>, y unos fuegos artificiales deslumbrantes que iluminaban el castillo. Fouquet, cuyo lema personal —«Quo non ascendam», es decir «¿hasta dónde no ascenderé?»— adornaba su escudo bajo una ardilla, hirió profundamente el orgullo del joven rey con esta ostentación; según la tradición, Luis XIV abandonó Vaux «con la sonrisa en los labios, la furia en el corazón», y esa misma noche quedó decidida la pérdida de su superintendente. Esta velada, recordada en la historia como la «fiesta fatal», precedió en menos de tres semanas la caída de su anfitrión.\u003C/p>\n\u003Cp>El \u003Cstrong>5 de septiembre de 1661\u003C/strong>, mientras Fouquet se había reunido con el rey en Nantes para los Estados de Bretaña, sin sospechar que se trataba de una trampa destinada a alejarlo de sus tierras y de sus apoyos, \u003Cstrong>d’Artagnan\u003C/strong>, teniente de los mosqueteros, ejecutó su arresto por orden real. Fouquet fue internado primero en el castillo de Angers. Días después, un reglamento de Fontainebleau, fechado los días 12 y 15 de septiembre, instituyó el \u003Cstrong>Consejo Real de Finanzas\u003C/strong> y suprimió en el mismo movimiento el cargo de superintendente, donde Colbert pasó a sentarse como intendente de finanzas —desaparición institucional definitiva del puesto que había ocupado Fouquet, reemplazado por una gestión colegiada bajo control directo del rey.\u003C/p>\n\u003Cp>Se abrió entonces un proceso de más de tres años, instruido ante una \u003Cstrong>Cámara de Justicia\u003C/strong> creada por iniciativa de Colbert. Fouquet fue acusado allí de peculado —malversación de fondos públicos— pero también de lesa majestad, apoyándose este último cargo especialmente en la fortificación de la isla de Belle-Île, marquesado que había adquirido y donde había instalado una fuerza militar personal, presentada por la acusación como prueba de un proyecto de agitación contra el rey. El proceso no gozó sin embargo de consenso: en marzo de 1662, el poeta \u003Cstrong>Jean de La Fontaine\u003C/strong> publicó anónimamente su «Elegía a las ninfas de Vaux», alegato poético que llamaba al rey a la clemencia, seguido en 1663 de una «Oda al rey por el señor Fouquet» —apoyo que costó a su autor la supresión de su pensión por Colbert, prueba de que esta protesta literaria no se tomaba a la ligera desde el poder. El \u003Cstrong>20 de diciembre de 1664\u003C/strong>, la Cámara de Justicia dictó su veredicto: por trece votos contra nueve que reclamaban la pena de muerte, Fouquet fue condenado al destierro perpetuo del reino y a la confiscación de sus bienes. Insatisfecho con esta relativa clemencia, Luis XIV conmutó al día siguiente mismo, \u003Cstrong>21 de diciembre\u003C/strong>, la sentencia en detención perpetua, haciendo encerrar al antiguo superintendente en la fortaleza de Pignerol, donde había de morir quince años después. Este desenlace, más severo de lo que habían querido sus propios jueces, acabó de demostrar que el rey pretendía en adelante ejercer solo, sin reparto, incluso en materia de justicia, la autoridad que había reivindicado nueve meses antes.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>VII. 1664 – finales de 1667: el colbertismo en acción, compañías, manufacturas y los primeros fastos de Versalles\u003C/h2>\n\u003Cp>\u003Ca class=\"kb-art-link\" href=\"/es/art/portrait-colbert-champaigne\" data-art-id=\"portrait-colbert-champaigne\">\u003Cimg src=\"https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/7/76/Colbert1666.jpg/960px-Colbert1666.jpg\" alt=\"Retrato de Jean-Baptiste Colbert\" class=\"kb-img-contain\" >\u003Cspan class=\"kb-art-badge\" aria-hidden=\"true\">\u003Ci class=\"pi pi-image\">\u003C/i>\u003C/span>\u003C/a>\n\u003Cem>Retrato de Jean-Baptiste Colbert: Philippe de Champaigne, Dominio público, via Wikimedia Commons\u003C/em>\u003C/p>\n\u003Cp>Dueño indiscutido de las finanzas reales, Colbert pudo desde entonces desplegar plenamente su política mercantilista. El \u003Cstrong>27 de agosto de 1664\u003C/strong>, una declaración real creó, por su instigación, la \u003Cstrong>Compañía Francesa de las Indias Orientales\u003C/strong>: dotada de un capital de quince millones de libras y establecida en Lorient, recibió por cincuenta años el monopolio del comercio y la navegación en los océanos Índico y Pacífico, desde el cabo de Buena Esperanza hasta el estrecho de Magallanes, así como la concesión perpetua de Madagascar. Ese mismo año se creó la \u003Cstrong>Compañía Francesa de las Indias Occidentales\u003C/strong>, dotada de una aportación de 4,5 millones de libras y dedicada principalmente al comercio del azúcar —empresa menos duradera, incapaz de asegurar su monopolio y disuelta ya en 1674. Este reparto colonial del globo, arbitrado a la altura del cabo de Buena Esperanza, pretendía dotar a Francia de instrumentos capaces de rivalizar con las poderosas compañías holandesa e inglesa.\u003C/p>\n\u003Cp>Esta política vino acompañada de un proteccionismo aduanero asumido. El \u003Cstrong>18 de septiembre de 1664\u003C/strong>, Colbert instituyó un primer arancel nacional de setecientos artículos, aplicable a todas las fronteras del reino, destinado a unificar el régimen aduanero y a proteger las industrias nacientes mediante un proteccionismo calificado de «educador». Este dispositivo se endureció notablemente en \u003Cstrong>1667\u003C/strong>: de los cincuenta y siete artículos retenidos por este segundo arancel, los derechos se duplicaron, golpeando prioritariamente los productos holandeses y, en menor medida, ingleses —orientación claramente ofensiva que había de envenenar las relaciones comerciales con las Provincias Unidas en los años siguientes. En el terreno manufacturero, Colbert había adquirido ya el 6 de junio de 1662 el Hôtel des Gobelins, por 40.775 libras, con vistas a establecer allí una manufactura bajo la dirección del pintor \u003Cstrong>Charles Le Brun\u003C/strong>; unas cartas patentes de 1667 formalizaron su estatuto bajo el nombre de \u003Cstrong>Manufactura Real de Muebles de la Corona\u003C/strong>, que reunía orfebres, ebanistas, pintores y escultores encargados de amueblar las residencias reales mucho más allá del solo tapiz —institución que Luis XIV vino a visitar en persona el 15 de octubre de 1667, consagrando oficialmente su nuevo estatuto.\u003C/p>\n\u003Cp>El colbertismo no se limitaba sin embargo ni al comercio ni a las manufacturas: invirtió también en el terreno científico y en el ordenamiento del territorio. El \u003Cstrong>22 de diciembre de 1666\u003C/strong>, Colbert reunió para su primera sesión, en la biblioteca del rey en París, la \u003Cstrong>Academia Real de Ciencias\u003C/strong>, que agrupaba a matemáticos, astrónomos y físicos encargados de hacer progresar las ciencias y de aconsejar al Estado —institución a la que pronto se anexó el \u003Cstrong>Observatorio de París\u003C/strong>, cuyo terreno fue adquirido ya el 7 de marzo de 1667. En el plano de las grandes obras, un edicto real del \u003Cstrong>7 de octubre de 1666\u003C/strong> autorizó la excavación del \u003Cstrong>canal del Midi\u003C/strong>, destinado a unir el Atlántico con el Mediterráneo para desarrollar el comercio del trigo, bajo la dirección del ingeniero \u003Cstrong>Pierre-Paul Riquet\u003C/strong>; las obras de los canales de alimentación comenzaron en enero de 1667, seguidas en abril por las obras de la presa de Saint-Ferréol, la mayor obra de ese tipo emprendida en Francia hasta entonces.\u003C/p>\n\u003Cp>Paralelamente a esta obra económica y científica, Colbert, convertido en superintendente de Edificios, puso en marcha la residencia que había de convertirse en el símbolo del reinado. Ya en \u003Cstrong>1661\u003C/strong>, Luis XIV había recurrido a los mismos artistas que habían construido Vaux-le-Vicomte —el arquitecto \u003Cstrong>Louis Le Vau\u003C/strong>, el pintor decorador Charles Le Brun y el jardinero \u003Cstrong>André Le Nôtre\u003C/strong>— para transformar Versalles, emprendiendo Le Nôtre desde esa fecha la ampliación de los jardines; Le Vau añadió después la casa de fieras del parque (1663-1665) y la gruta de Tetis (1664-1666). Esta transformación aún modesta conoció su primera gran escenificación del \u003Cstrong>7 al 13 de mayo de 1664\u003C/strong>, con motivo de los \u003Cstrong>Placeres de la Isla Encantada\u003C/strong>: seiscientos invitados asistieron, en los jardines suntuosamente dispuestos por Le Nôtre, a divertimentos ideados por el decorador Carlo Vigarani y el duque de Saint-Aignan, oficialmente dedicados a Ana de Austria y a María Teresa pero en realidad concebidos en honor de la favorita real, \u003Cstrong>Louise de La Vallière\u003C/strong>; inspirada en el Orlando furioso de Ariosto, la fiesta vio a Luis XIV en persona interpretar el papel del caballero Roger, y marcó la primera colaboración de \u003Cstrong>Molière\u003C/strong> y \u003Cstrong>Lully\u003C/strong> bajo el auspicio real —ocasión, el 12 de mayo, de la creación de una primera versión en tres actos del Tartufo. En \u003Cstrong>1667\u003C/strong>, por fin, se decidió la excavación del Gran Canal, cuyas obras no comenzarían hasta el año siguiente, completando así, en vísperas de la guerra de Devolución, los cimientos de una obra destinada a transformar duraderamente el paisaje y la representación del poder real.\u003C/p>\n\u003Cp>🔍 \u003Cstrong>\u003Ca href=\"/es/zoom/p8ch2z3\">Zoom – Versalles, palacio del Rey Sol (1661-1715)\u003C/a>\u003C/strong>\u003C/p>\n\u003Cp>🔍 \u003Cstrong>\u003Ca href=\"/es/zoom/p8ch2z5\">Zoom – Las artes y las ciencias bajo Luis XIV (1661-1715)\u003C/a>\u003C/strong>\u003C/p>\n\u003Cp>🔍 \u003Cstrong>\u003Ca href=\"/es/zoom/p8ch2z7\">Zoom – El colbertismo: manufacturas, marina y finanzas (1661-1683)\u003C/a>\u003C/strong>\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>VIII. 17 de septiembre de 1665 – 2 de mayo de 1668: la guerra de Devolución, primera conquista de Luis XIV y lección de la Triple Alianza\u003C/h2>\n\u003Cp>La muerte de \u003Cstrong>Felipe IV de España\u003C/strong>, el \u003Cstrong>17 de septiembre de 1665\u003C/strong>, suegro de Luis XIV, abrió la sucesión en favor de su hijo \u003Cstrong>Carlos II\u003C/strong>, nacido de un segundo matrimonio, y ofreció al rey de Francia la ocasión de su primera guerra ofensiva. En nombre de su esposa \u003Cstrong>María Teresa\u003C/strong>, hija del primer matrimonio de Felipe IV, Luis XIV invocó el \u003Cstrong>derecho de devolución\u003C/strong>, costumbre privada vigente en el Brabante según la cual los hijos de una primera unión heredaban los bienes raíces antes que los de una segunda, aun tratándose de una hija. Este argumento, ya esbozado en respuesta a un tratado adverso del jurista flamenco Pierre Stockmans publicado a principios de 1666, se desarrolló en 1667 en el \u003Cstrong>Tratado de los derechos de la Reina Cristianísima sobre diversos Estados de la Monarquía de España\u003C/strong>, redactado por orden real por el jurista \u003Cstrong>Antoine Bilain\u003C/strong> con Amable de Bourzeis, que añadía que la renuncia de María Teresa a sus derechos, consentida en el tratado de los Pirineos, era nula por falta de pago de la dote de 500.000 escudos prevista a cambio. Entretanto, el \u003Cstrong>20 de enero de 1666\u003C/strong>, \u003Cstrong>Ana de Austria\u003C/strong> murió en el Louvre, a los 65 años, de un cáncer de mama, deshecho Luis XIV a su cabecera; su desaparición cerraba, pocos meses antes de la apertura de las hostilidades, la generación que había sostenido la regencia y la Fronda al inicio del reinado.\u003C/p>\n\u003Cp>Fortalecido por esta justificación, Luis XIV lanzó la ofensiva militar ya en la primavera de 1667. El \u003Cstrong>24 de mayo\u003C/strong>, \u003Cstrong>Turenne\u003C/strong> cruzó la frontera de los Países Bajos españoles al frente de unos 35.000 hombres, apoderándose metódicamente de Charleroi el 2 de junio, de Tournai el 27 de junio, y luego de Douai en julio. La campaña culminó con el \u003Cstrong>sitio de Lille\u003C/strong>, del 18 al 28 de agosto: frente a una guarnición española de unos 4.200 hombres y una fuerza de socorro de 8.000 a 12.000 hombres, Luis XIV había levantado un ejército de 50.000 hombres; el ingeniero \u003Cstrong>Vauban\u003C/strong>, herido en la mejilla durante la operación, obtuvo allí la primera de sus grandes victorias de asedio. Lille capituló el 28 de agosto, el mismo día en que Luis XIV hizo allí una entrada triunfal por la puerta de los Enfermos —doce plazas fueron en total conquistadas en Flandes durante esta campaña.\u003C/p>\n\u003Cp>\u003Ca class=\"kb-art-link\" href=\"/es/art/siege-lille-1667-van-der-meulen\" data-art-id=\"siege-lille-1667-van-der-meulen\">\u003Cimg src=\"https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/b/b7/Dijon_van_der_meulen_siege_de_lille.JPG/960px-Dijon_van_der_meulen_siege_de_lille.JPG\" alt=\"El sitio de Lille por el ejército de Luis XIV, 1667\" class=\"kb-img-contain\" >\u003Cspan class=\"kb-art-badge\" aria-hidden=\"true\">\u003Ci class=\"pi pi-image\">\u003C/i>\u003C/span>\u003C/a>\n\u003Cem>El sitio de Lille por el ejército de Luis XIV, 1667: Adam Frans van der Meulen, Dominio público, via Wikimedia Commons\u003C/em>\u003C/p>\n\u003Cp>El invierno siguiente, la guerra se desplazó a un teatro completamente distinto. El \u003Cstrong>2 de febrero de 1668\u003C/strong>, Luis XIV abandonó Saint-Germain para reunirse con el ejército del \u003Cstrong>príncipe de Condé\u003C/strong>, que cruzaba ese mismo día la frontera del Franco Condado con 19.000 hombres, provocando una sorpresa total entre los comtois. En apenas unos días, Pesmes, Marnay, Arbois, Poligny y Bletterans cayeron; Besanzón se rindió sin combatir el 7 de febrero, Dole capituló tras solo cuatro días de asedio el día 14, y el fuerte de Gray cayó el día 19. Tras solo diecisiete días, todo el Franco Condado estaba ocupado, y Luis XIV regresó a Saint-Germain el 24 de febrero —demostración de poder tan rápida como fulgurante, en marcado contraste con la lentitud de los asedios flamencos.\u003C/p>\n\u003Cp>Esta doble conquista inquietó lo suficiente a las potencias vecinas como para provocar una inesperada respuesta diplomática. El \u003Cstrong>23 de enero de 1668\u003C/strong>, las Provincias Unidas e Inglaterra, pronto unidas por Suecia el 25 de abril, concluyeron en La Haya la \u003Cstrong>Triple Alianza\u003C/strong>, negociada por el pensionario holandés \u003Cstrong>Johan de Witt\u003C/strong> y el enviado inglés William Temple, que combinaba un pacto defensivo con el compromiso de forzar a Francia y España a la paz, por las armas si era necesario. Ante esta coalición, Luis XIV se resolvió a negociar: el \u003Cstrong>2 de mayo de 1668\u003C/strong>, el \u003Cstrong>tratado de Aquisgrán\u003C/strong>, firmado por el marqués de Croissy —Charles Colbert, hermano del ministro— por Francia y por el conde de Bergeyck por España, puso fin al conflicto. Francia devolvió el Franco Condado a España pero conservó las doce plazas conquistadas en Flandes por Turenne, entre ellas Lille, Tournai, Douai, Charleroi y Armentières —ganancia territorial real, pero muy inferior a las ambiciones iniciales, y humillación diplomática que Luis XIV, obligado a doblegarse ante una coalición encabezada por las Provincias Unidas, no había de tardar en querer borrar.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>IX. Mayo de 1668 – finales de 1678: la guerra de Holanda, la invasión de 1672 y la muerte de Turenne\u003C/h2>\n\u003Cp>La humillación de la Triple Alianza reclamaba su desquite. Convencido de que las Provincias Unidas habían orquestado la coalición de 1668 para contrariar sus designios sobre los Países Bajos españoles, Luis XIV emprendió aislarlas diplomáticamente una a una. El \u003Cstrong>1 de junio de 1670\u003C/strong>, concluyó con \u003Cstrong>Carlos II de Inglaterra\u003C/strong> el \u003Cstrong>tratado secreto de Dover\u003C/strong>: el rey inglés se comprometía a declararse católico en el momento oportuno y a romper con las Provincias Unidas, aportando 60 navíos de guerra y 4.000 soldados para la guerra venidera, a cambio de un subsidio de dos millones de libras tornesas pagado por Francia. Esta maniobra, que volvía contra sí a uno de los propios miembros de la Triple Alianza, acabó de preparar el terreno para una ofensiva de gran envergadura.\u003C/p>\n\u003Cp>Esta ofensiva se abrió con una fuerza inédita. Tras la declaración de guerra del 6 de abril de 1672, el ejército francés, de unos 120.000 hombres, cruzó el Rin por el vado de Tolhuis el \u003Cstrong>12 de junio de 1672\u003C/strong>: un cuerpo principal de 60.000 hombres bajo Luis XIV y \u003Cstrong>Turenne\u003C/strong>, precedido de una vanguardia al mando de \u003Cstrong>Condé\u003C/strong>, gravemente herido en la muñeca al forzar el paso —única herida de toda su carrera militar. Ante esta masa, el príncipe de Orange no podía alinear más que 20.000 hombres; tres de las siete provincias de los Países Bajos —Utrecht, Güeldres y Overijssel— cayeron en apenas unas semanas. Acorralados, los holandeses recurrieron entonces a un arma última: desde el verano de 1672, abrieron sus esclusas y rompieron sus diques para inundar una amplia franja de tierra entre el Zuiderzee y el Biesbosch, creando la \u003Cstrong>línea de agua holandesa\u003C/strong> que protegió Ámsterdam y el corazón del país —un intento francés de cruzar el hielo en la noche del 27 al 28 de diciembre fracasó por lo demás ante el deshielo. Este año, recordado en la memoria neerlandesa como el «rampjaar», el año del desastre, vio también una revolución política interior: el \u003Cstrong>20 de agosto de 1672\u003C/strong>, \u003Cstrong>Johan de Witt\u003C/strong>, gran pensionario de Holanda considerado el único responsable de la debacle, fue asesinado en La Haya junto con su hermano \u003Cstrong>Cornelis\u003C/strong> por una multitud de partidarios orangistas, abriendo el camino al poder de \u003Cstrong>Guillermo de Orange\u003C/strong>, cuya complicidad en el linchamiento nunca fue probada pero que obstaculizó después toda persecución contra los cabecillas.\u003C/p>\n\u003Cp>\u003Ca class=\"kb-art-link\" href=\"/es/art/passage-rhin-1672-van-der-meulen\" data-art-id=\"passage-rhin-1672-van-der-meulen\">\u003Cimg src=\"https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/7/7f/Adam_Frans_van_der_Meulen_-_The_crossing_of_the_Rhine_at_Lobith%2C_12_June_1672.jpg/960px-Adam_Frans_van_der_Meulen_-_The_crossing_of_the_Rhine_at_Lobith%2C_12_June_1672.jpg\" alt=\"Luis XIV cruzando el Rin, 12 de junio de 1672\" class=\"kb-img-contain\" >\u003Cspan class=\"kb-art-badge\" aria-hidden=\"true\">\u003Ci class=\"pi pi-image\">\u003C/i>\u003C/span>\u003C/a>\n\u003Cem>Luis XIV cruzando el Rin, 12 de junio de 1672: Adam Frans van der Meulen, Dominio público, via Wikimedia Commons\u003C/em>\u003C/p>\n\u003Cp>Lo que debía seguir siendo una guerra limitada a las Provincias Unidas se extendió rápidamente a toda Europa. Ya en 1673, el emperador \u003Cstrong>Leopoldo I\u003C/strong>, España y Brandeburgo se unieron a las Provincias Unidas en una coalición antifrancesa, obligando a Luis XIV a retirar sus tropas del territorio holandés conquistado para concentrar su esfuerzo en el Rin y el Franco Condado.\u003C/p>\n\u003Cp>El año 1674 concentró los episodios más destacados de esta nueva fase. Del 25 de abril al 22 de mayo, las tropas francesas, de 15.000 a 20.000 hombres bajo el mando del duque de Enghien, hijo de Condé, pusieron sitio a \u003Cstrong>Besanzón\u003C/strong>; gracias a un método de ataque de plazas ideado por \u003Cstrong>Vauban\u003C/strong>, la ciudad capituló tras veintisiete días, sellando esta vez la anexión definitiva del Franco Condado a Francia, a diferencia de la conquista efímera de 1668. Meses después, el \u003Cstrong>11 de agosto de 1674\u003C/strong>, Condé libró en \u003Cstrong>Seneffe\u003C/strong> la batalla más sangrienta de toda la guerra: al frente de 45.000 hombres, se enfrentó al ejército austro-hispano-holandés de 60.000 hombres de Guillermo de Orange, combatiendo en tres ocasiones y viendo caer tres caballos bajo él; las pérdidas fueron enormes —3.000 muertos y 4.000 heridos en el bando francés, hasta 8.000 a 11.000 en el otro— hasta el punto de que la marquesa de Sévigné escribió: «Tanto hemos perdido en esta victoria, que de no ser por el Te Deum y algunas banderas llevadas a Notre-Dame, creeríamos haber perdido el combate». Fue la última gran batalla de Condé, que se retiró del servicio poco después.\u003C/p>\n\u003Cp>Fue en el teatro renano donde la guerra costó después a Francia su más grande capitán: el \u003Cstrong>27 de julio de 1675\u003C/strong>, mientras inspeccionaba las líneas enemigas al mando del general imperial \u003Cstrong>Raimondo Montecuccoli\u003C/strong> cerca de Salzbach, en Alsacia, Turenne murió instantáneamente por una bala de cañón. Su propio adversario quedó conmovido, declarando según se dice: «Ha muerto hoy un hombre que honraba a la humanidad». El conflicto prosiguió aún varios años sin un general de esa talla, empantanándose progresivamente en sus distintos frentes hasta que las primeras negociaciones de paz se abrieron en Nimega a partir de 1676.\u003C/p>\n\u003Cp>\u003Ca class=\"kb-art-link\" href=\"/es/art/mort-turenne-salzbach-1675\" data-art-id=\"mort-turenne-salzbach-1675\">\u003Cimg src=\"https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/d/df/Mort_de_Turenne_%C3%A0_la_bataille_de_Salsbach_-_estampe_-_btv1b8405245w.jpg/960px-Mort_de_Turenne_%C3%A0_la_bataille_de_Salsbach_-_estampe_-_btv1b8405245w.jpg\" alt=\"Muerte de Turenne en la batalla de Salzbach, 1675\" class=\"kb-img-contain\" >\u003Cspan class=\"kb-art-badge\" aria-hidden=\"true\">\u003Ci class=\"pi pi-image\">\u003C/i>\u003C/span>\u003C/a>\n\u003Cem>Muerte de Turenne en la batalla de Salzbach, 1675: Anónimo (siglo XVII), Dominio público, via Wikimedia Commons\u003C/em>\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>X. Finales de 1678 – finales de 1679: la paz de Nimega, el apogeo del poder francés y el título de Luis el Grande\u003C/h2>\n\u003Cp>Las negociaciones abiertas en Nimega desembocaron, en el verano de 1678, en una serie de tratados que cerraron la guerra de Holanda con un arreglo sabiamente diferenciado según el adversario. El \u003Cstrong>10 de agosto de 1678\u003C/strong>, Francia firmó con las Provincias Unidas un tratado de paz y un tratado de comercio y navegación: \u003Cstrong>Colbert\u003C/strong> obtuvo con él la derogación del arancel prohibitivo de 1667, que arruinaba el comercio holandés, así como la supresión del droit d’aubaine, mientras las Provincias Unidas, cuyo territorio nunca había estado duraderamente amenazado, recuperaban la totalidad de sus plazas sin ceder nada. Esta generosidad calculada, destinada a separar al adversario principal del resto de la coalición, contrastaba con la severidad reservada a España.\u003C/p>\n\u003Cp>La firma de la paz holandesa no puso sin embargo fin inmediato a los combates. El \u003Cstrong>14 de agosto de 1678\u003C/strong>, apenas cuatro días después del acuerdo de Nimega, \u003Cstrong>Guillermo de Orange\u003C/strong> atacó cerca de Mons el cuartel del mariscal de \u003Cstrong>Luxemburgo\u003C/strong>, que sitiaba la ciudad desde el 18 de mayo con la esperanza de tomarla antes de concluir con España: la \u003Cstrong>batalla de Saint-Denis\u003C/strong> fue larga y encarnizada, dejando a los franceses dueños del campo de batalla salvo la abadía del mismo nombre, pero obligó a Luxemburgo a levantar el sitio de Mons —último y casi absurdo choque de una guerra ya oficialmente terminada para uno de los beligerantes. Las negociaciones con España, así precipitadas, desembocaron en el tratado del \u003Cstrong>17 de septiembre de 1678\u003C/strong>: Francia obtuvo con él la posesión definitiva del \u003Cstrong>Franco Condado\u003C/strong>, así como Ypres, Poperinge, Cassel, Warneton y Bailleul en Flandes, Aire y Saint-Omer en el Artois, Valenciennes, Bouchain, Condé, Cambrai y Maubeuge en el Hainaut, a cambio de la devolución de plazas conquistadas diez años antes como Charleroi, Binche, Ath, Oudenaarde y Courtrai. El reino alcanzaba así, tanto en el Jura como en Flandes, fronteras casi definitivas.\u003C/p>\n\u003Cp>El congreso se cerró el \u003Cstrong>5 de febrero de 1679\u003C/strong> con un último tratado con el emperador \u003Cstrong>Leopoldo I\u003C/strong>: Luis XIV cedía allí Philippsburg pero conservaba Friburgo de Brisgovia, plaza estratégica que vigilaba la orilla derecha del Rin, y se comprometía a devolver Lorena al duque Carlos V —compromiso que quedó sin aplicación, al haber rechazado el duque las condiciones impuestas, de modo que el ducado permaneció ocupado por tropas francesas. Este triple arreglo, treinta años después de la paz de Westfalia que venía a confirmar y ampliar, marcó la cumbre indiscutida del poder francés en Europa: en reconocimiento de este éxito, la ciudad de París otorgó a Luis XIV, hacia 1679-1680, el título de «\u003Cstrong>Luis el Grande\u003C/strong>», mientras el mariscal \u003Cstrong>François d’Aubusson de La Feuillade\u003C/strong> encargaba desde 1679, a sus expensas, una estatua ecuestre del rey destinada a conmemorar la victoria —proyecto que había de dar origen a la plaza de las Victorias, pero cuya realización, confiada al escultor Martin Desjardins, no se completó hasta 1686.\u003C/p>\n\u003Cp>\u003Ca class=\"kb-art-link\" href=\"/es/art/inauguration-statue-louis-xiv-victoires-1686\" data-art-id=\"inauguration-statue-louis-xiv-victoires-1686\">\u003Cimg src=\"https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/9/9f/Inauguration_de_la_statue_de_Louis_XIV%2C_place_des_Victoires%2C_actuels_1er_et_2e_arrondissements%2C_le_28_mars_1686.jpg/960px-Inauguration_de_la_statue_de_Louis_XIV%2C_place_des_Victoires%2C_actuels_1er_et_2e_arrondissements%2C_le_28_mars_1686.jpg\" alt=\"La inauguración de la estatua de Luis XIV, plaza de las Victorias, 1686\" class=\"kb-img-contain\" >\u003Cspan class=\"kb-art-badge\" aria-hidden=\"true\">\u003Ci class=\"pi pi-image\">\u003C/i>\u003C/span>\u003C/a>\n\u003Cem>La inauguración de la estatua de Luis XIV, plaza de las Victorias, 1686: Anónimo (Museo Carnavalet), CC0 \u003Ca href=\"https://creativecommons.org/publicdomain/zero/1.0/deed.en\">https://creativecommons.org/publicdomain/zero/1.0/deed.en\u003C/a>, via Wikimedia Commons\u003C/em>\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>XI. 1679 – 15 de agosto de 1684: la política de las Reuniones, Estrasburgo, las dragonadas y la tregua de Ratisbona\u003C/h2>\n\u003Cp>Fortalecido por esta posición dominante, Luis XIV emprendió redondear metódicamente sus fronteras por medios menos gloriosos que la guerra abierta. A partir de 1679, instituyó las \u003Cstrong>cámaras de reunión\u003C/strong>, tribunales encargados de rastrear las antiguas «dependencias» de los territorios que le habían cedido los tratados de Westfalia, Aquisgrán y Nimega, a fin de pronunciar jurídicamente su reunión a la corona. La cámara de \u003Cstrong>Metz\u003C/strong>, establecida el 23 de octubre de 1679, anexionó así entre abril de 1680 y marzo de 1681 Sarrelouis, Sarrebourg, Pont-à-Mousson, los condados de Vaudémont y Chiny, Givet, Sarrebruck, Bitche y casi la totalidad del ducado de Luxemburgo, presentados como dependencias de los Tres Obispados; la de \u003Cstrong>Besanzón\u003C/strong> decretó la reunión del condado de Montbéliard entre septiembre de 1679 y agosto de 1680; el consejo soberano de \u003Cstrong>Breisach\u003C/strong> proclamó por fin, el 9 de agosto de 1680, la soberanía del rey sobre toda Alsacia, incluida la ciudad libre de Estrasburgo.\u003C/p>\n\u003Cp>Esta última reivindicación encontró su culminación al año siguiente. El 28 de septiembre de 1681, un ejército de 30.000 hombres al mando de \u003Cstrong>Louvois\u003C/strong>, secretario de Estado de la Guerra, invistió \u003Cstrong>Estrasburgo\u003C/strong>; sin librar combate, el magistrado y el consejo municipal negociaron rápidamente y firmaron la capitulación el \u003Cstrong>30 de septiembre de 1681\u003C/strong>. El 23 de octubre siguiente, Luis XIV y María Teresa hicieron allí una entrada solemne, episodio considerado por numerosos historiadores como la cumbre del poder del Rey Sol en Europa.\u003C/p>\n\u003Cp>\u003Ca class=\"kb-art-link\" href=\"/es/art/entree-louis-xiv-strasbourg-1681\" data-art-id=\"entree-louis-xiv-strasbourg-1681\">\u003Cimg src=\"https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/6/67/Entr%C3%A9e_du_Roi_des_France_%C3%A0_Strasbourg%2C_Nurnberg_gedruckt_bey_Johann_Jonathan_Felsecker_1681.jpg/960px-Entr%C3%A9e_du_Roi_des_France_%C3%A0_Strasbourg%2C_Nurnberg_gedruckt_bey_Johann_Jonathan_Felsecker_1681.jpg\" alt=\"La entrada del rey de Francia en Estrasburgo, 1681\" class=\"kb-img-contain\" >\u003Cspan class=\"kb-art-badge\" aria-hidden=\"true\">\u003Ci class=\"pi pi-image\">\u003C/i>\u003C/span>\u003C/a>\n\u003Cem>La entrada del rey de Francia en Estrasburgo, 1681: Bibliothèque nationale de France (impreso en Núremberg), CC BY-SA 4.0 \u003Ca href=\"https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0/\">https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0/\u003C/a>, via Wikimedia Commons\u003C/em>\u003C/p>\n\u003Cp>Ese mismo año, otra política, de naturaleza esta vez religiosa, conoció sus primeros desarrollos: en el Poitou, el intendente \u003Cstrong>René de Marillac\u003C/strong>, alentado por Louvois, inauguró la práctica de las \u003Cstrong>dragonadas\u003C/strong>, alojando por la fuerza a dragones del ejército real en casas de hugonotes, con permiso implícito para maltratar a los habitantes y saquear sus bienes —quedando exentos de esta carga los nuevos convertidos, la medida buscaba abiertamente provocar conversiones. En pocos meses, los curas del Poitou registraron 38.000 conversiones, mientras la provincia, arruinada, veía a sus habitantes huir hacia Inglaterra u Holanda; la indignación suscitada en toda la Europa protestante obligó finalmente a Louvois a destituir a Marillac de su cargo.\u003C/p>\n\u003Cp>\u003Ca class=\"kb-art-link\" href=\"/es/art/dragonnades-1681-1685\" data-art-id=\"dragonnades-1681-1685\">\u003Cimg src=\"https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/c/c0/Dragonnades_in_Frankrijk%2C_ca._1681-1685%2C_RP-P-OB-82.260.jpg/960px-Dragonnades_in_Frankrijk%2C_ca._1681-1685%2C_RP-P-OB-82.260.jpg\" alt=\"Escena de dragonada en Francia, hacia 1681-1685\" class=\"kb-img-contain\" >\u003Cspan class=\"kb-art-badge\" aria-hidden=\"true\">\u003Ci class=\"pi pi-image\">\u003C/i>\u003C/span>\u003C/a>\n\u003Cem>Escena de dragonada en Francia, hacia 1681-1685: Anónimo (Rijksmuseum), CC0 \u003Ca href=\"https://creativecommons.org/publicdomain/zero/1.0/deed.en\">https://creativecommons.org/publicdomain/zero/1.0/deed.en\u003C/a>, via Wikimedia Commons\u003C/em>\u003C/p>\n\u003Cp>Estas anexiones unilaterales acabaron por provocar una respuesta armada, en un contexto europeo que Francia supo explotar hábilmente. Durante el verano de 1683, mientras el emperador \u003Cstrong>Leopoldo I\u003C/strong> veía Viena sitiada por los otomanos, Luis XIV observó una neutralidad calculada, prohibiendo a sus oficiales servir a Austria y permaneciendo sordo a los llamamientos del papa \u003Cstrong>Inocencio XI\u003C/strong> para unirse a la Liga Santa; algunos historiadores le atribuyen incluso cierta responsabilidad en la revuelta de los súbditos húngaros del emperador, que contribuyó a provocar la intervención otomana. Viena no fue salvada hasta el 12 de septiembre por la llegada del rey de Polonia \u003Cstrong>Juan III Sobieski\u003C/strong>, dejando al emperador exhausto por este peligro oriental en el momento mismo en que Francia intensificaba su presión en el oeste. El \u003Cstrong>26 de octubre de 1683\u003C/strong>, España declaró la guerra a Francia, abriendo la \u003Cstrong>guerra de las Reuniones\u003C/strong>; sus tropas, demasiado débiles, no pudieron oponer resistencia seria a los franceses, que se apoderaron de Courtrai y Dixmude ya en noviembre de 1683. Del \u003Cstrong>29 de abril al 3 de junio de 1684\u003C/strong>, Luis XIV, en persona y asistido por \u003Cstrong>Vauban\u003C/strong>, dirigió el sitio de la fortaleza de \u003Cstrong>Luxemburgo\u003C/strong>, defendida por 2.500 hombres, que capituló tras un mes de asedio. Esta demostración de fuerza convenció finalmente al emperador y al rey de España de reconocer, mediante la \u003Cstrong>tregua de Ratisbona\u003C/strong> del \u003Cstrong>15 de agosto de 1684\u003C/strong>, la política del hecho consumado: por veinte años, dejaron al rey de Francia todos los territorios tomados por la vía de las reuniones desde 1679, entre ellos Estrasburgo y Luxemburgo —consagración diplomática de un reinado entonces en su cenit territorial, pero cuya ala religiosa, ya puesta a prueba por las dragonadas del Poitou, estaba a punto de conocer un giro mucho más radical.\u003C/p>\n\u003Cp>🔍 \u003Cstrong>\u003Ca href=\"/es/zoom/p8ch2z9\">Zoom – La vida de corte en Versalles: etiqueta y cotidianidad del rey (1682-1715)\u003C/a>\u003C/strong>\u003C/p>\n\u003Cp>🔍 \u003Cstrong>\u003Ca href=\"/es/zoom/p8ch2z13\">Zoom – El gran encierro: mendigos, vagabundos y gitanos bajo Luis XIV (1656-1693)\u003C/a>\u003C/strong>\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>XII. Julio de 1683 – diciembre de 1685: la revocación del edicto de Nantes, el giro religioso del reinado\u003C/h2>\n\u003Cp>Este giro se anunció primero en la vida privada del rey. El \u003Cstrong>30 de julio de 1683\u003C/strong>, la reina \u003Cstrong>María Teresa\u003C/strong> murió en Versalles, a los 44 años, de un absceso infectado en el brazo; Luis XIV habría confiado en esa ocasión: «He ahí el primer disgusto que me causa». En la noche del \u003Cstrong>9 al 10 de octubre de 1683\u003C/strong>, el rey desposó en secreto, en la capilla del castillo de Versalles, a \u003Cstrong>Françoise d’Aubigné, marquesa de Maintenon\u003C/strong> —unión morganática y sin acta oficial, bendecida por el padre La Chaize o por el arzobispo de París \u003Cstrong>Harlay de Champvallon\u003C/strong> según las fuentes, en presencia de los cuatro únicos testigos necesarios. Esta influyente devota, cuyo ascendiente sobre el rey no dejó de crecer, es tradicionalmente asociada por la historiografía al endurecimiento religioso que había de seguir, sin que su papel exacto en la decisión pueda establecerse con certeza.\u003C/p>\n\u003Cp>Este endurecimiento encontró su culminación legal dos años después. El \u003Cstrong>18 de octubre de 1685\u003C/strong>, Luis XIV firmó en Fontainebleau el edicto que lleva su nombre, revocando pura y simplemente el edicto de Nantes de 1598: redactado en parte por el canciller \u003Cstrong>Le Tellier\u003C/strong> con aprobación real, este texto de doce artículos prohibía todo culto reformado, ordenaba la demolición de los templos —entre ellos el de Charenton, principal lugar de culto protestante del reino— y el cierre de las escuelas reformadas, conminaba a los pastores a abandonar el reino en un plazo de quince días o a convertirse, hacía obligatorios el bautismo y el matrimonio católicos para todos los súbditos, y prohibía al mismo tiempo toda emigración a los protestantes ordinarios. Luis XIV creía así culminar, de un plumazo, la unidad religiosa del reino que la paz de Alès solo había realizado imperfectamente medio siglo antes. Esta convicción fue transmitida con estruendo por el clero: en su oración fúnebre por el canciller Le Tellier, el \u003Cstrong>25 de enero de 1686\u003C/strong>, \u003Cstrong>Bossuet\u003C/strong> exclamó: «Elevemos hasta el cielo nuestras aclamaciones… y digamos a este nuevo Constantino, a este nuevo Teodosio, a este nuevo Marciano, a este nuevo Carlomagno: habéis afianzado la fe; habéis exterminado a los herejes; es la digna obra de vuestro reinado».\u003C/p>\n\u003Cp>\u003Ca class=\"kb-art-link\" href=\"/es/art/revocation-edit-nantes-1685-luyken\" data-art-id=\"revocation-edit-nantes-1685-luyken\">\u003Cimg src=\"https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/c/cf/R%C3%A9vocation_de_l%27%C3%A9dit_de_Nantes_par_Louis_XIV.jpg/960px-R%C3%A9vocation_de_l%27%C3%A9dit_de_Nantes_par_Louis_XIV.jpg\" alt=\"La revocación del edicto de Nantes por Luis XIV\" class=\"kb-img-contain\" >\u003Cspan class=\"kb-art-badge\" aria-hidden=\"true\">\u003Ci class=\"pi pi-image\">\u003C/i>\u003C/span>\u003C/a>\n\u003Cem>La revocación del edicto de Nantes por Luis XIV: Jan Luyken, Dominio público, via Wikimedia Commons\u003C/em>\u003C/p>\n\u003Cp>La realidad desmintió rápidamente esta ambición. Pese a la prohibición de emigrar, que exponía a los fugitivos sorprendidos a las galeras para los hombres o al convento para las mujeres, unos 200.000 hugonotes —cerca de una cuarta parte de la población protestante del reino— alcanzaron clandestinamente las Provincias Unidas, Suiza, Alemania o Inglaterra, en los meses siguientes a la revocación. En \u003Cstrong>noviembre de 1685\u003C/strong>, el gran elector de Brandeburgo publicó el \u003Cstrong>edicto de Potsdam\u003C/strong>, abriendo oficialmente sus Estados a los refugiados hugonotes; unos 20.000 de ellos se establecieron allí de forma duradera, contribuyendo al auge económico de Prusia e ilustrando, por contraste, la pérdida que este \u003Cstrong>Refugio\u003C/strong> protestante representaba para Francia —artesanos, comerciantes y sabios abandonando el reino en el momento mismo en que su política religiosa acababa de indignar a las potencias protestantes de Europa, ya conmovidas por la política de las Reuniones.\u003C/p>\n\u003Cp>🔍 \u003Cstrong>\u003Ca href=\"/es/zoom/p8ch2z12\">Zoom – Vida sentimental de Luis XIV: amantes y matrimonio secreto (1660-1715)\u003C/a>\u003C/strong>\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>XIII. 1686-1690: la guerra de la Liga de Augsburgo, el saqueo del Palatinado y la Revolución Gloriosa\u003C/h2>\n\u003Cp>La indignación suscitada por la revocación del edicto de Nantes y por una década de política de las Reuniones acabó por cristalizar una nueva coalición contra Francia. El \u003Cstrong>9 de julio de 1686\u003C/strong>, en Augsburgo, el emperador \u003Cstrong>Leopoldo I\u003C/strong>, Suecia, Baviera y los duques de Sajonia formaron la \u003Cstrong>Liga de Augsburgo\u003C/strong>, alianza defensiva a la que se sumó el 2 de septiembre el propio elector palatino. Luis XIV, lejos de retroceder, eligió entonces llevar la guerra a un nuevo frente: en nombre de los derechos alodiales reclamados por su cuñada \u003Cstrong>Isabel Carlota de Baviera\u003C/strong>, llamada Liselotte, sobre la herencia de su hermano el elector Carlos II del Palatinado, recién fallecido, reivindicó el \u003Cstrong>Palatinado\u003C/strong>. Pronto añadió un segundo asunto: el 24 de septiembre de 1688, un manifiesto real reclamó al emperador, además de las tierras palatinas, el reconocimiento del cardenal de Fürstenberg, candidato francés, como arzobispo-elector de Colonia, frente al pretendiente apoyado por Viena y Roma. Al día siguiente mismo, el ejército francés abrió las hostilidades: del 27 de septiembre al 29-30 de octubre de 1688, el mariscal Duras y \u003Cstrong>Vauban\u003C/strong>, al frente de 30.000 hombres bajo el mando nominal del \u003Cstrong>Gran Delfín\u003C/strong>, sitiaron la fortaleza de \u003Cstrong>Philippsburg\u003C/strong>, primera operación militar de la guerra, que capituló tras más de un mes de resistencia.\u003C/p>\n\u003Cp>Esta guerra comenzó con un episodio de una brutalidad que marcó duraderamente la memoria colectiva. Entre el 16 de febrero y el 31 de mayo de 1689, por orden del ministro de la Guerra \u003Cstrong>Louvois\u003C/strong>, los ejércitos franceses llevaron a cabo el \u003Cstrong>saqueo del Palatinado\u003C/strong>: Heidelberg fue incendiada el 2 de marzo, Mannheim el día 8, luego Frankenthal, Worms y Espira, cuya catedral milenaria fue destruida; el 31 de mayo, día de Pentecostés, Espira, Worms y Oppenheim ardieron simultáneamente por orden del general Duras. Esta política de tierra quemada, destinada a privar al enemigo de toda base de reconquista, suscitó una indignación internacional relayada por numerosos panfletos, y contribuyó, según varios historiadores, al surgimiento de un sentimiento nacional alemán por odio a Francia.\u003C/p>\n\u003Cp>En el mismo momento en que se abatía este desastre, un segundo acontecimiento, más lejano, había de ampliar considerablemente el conflicto. El \u003Cstrong>5 de noviembre de 1688\u003C/strong>, \u003Cstrong>Guillermo de Orange\u003C/strong>, estatúder de las Provincias Unidas, desembarcó en Torbay, Inglaterra, donde el rey católico \u003Cstrong>Jacobo II\u003C/strong> se había vuelto impopular por su política religiosa; el \u003Cstrong>22 de diciembre de 1688\u003C/strong>, Jacobo II huyó a Francia, donde Luis XIV le ofreció hospitalidad en el castillo de Saint-Germain-en-Laye.\u003C/p>\n\u003Cp>\u003Ca class=\"kb-art-link\" href=\"/es/art/debarquement-guillaume-orange-torbay-1688-turner\" data-art-id=\"debarquement-guillaume-orange-torbay-1688-turner\">\u003Cimg src=\"https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/0/09/Joseph_Mallord_William_Turner_%281775-1851%29_-_The_Prince_of_Orange%2C_William_III%2C_Embarked_from_Holland%2C_and_Landed_at_Torbay%2C_November_4th%2C_1688%2C_after_a_Stormy_Passage_-_N00369_-_National_Gallery.jpg/960px-Joseph_Mallord_William_Turner_%281775-1851%29_-_The_Prince_of_Orange%2C_William_III%2C_Embarked_from_Holland%2C_and_Landed_at_Torbay%2C_November_4th%2C_1688%2C_after_a_Stormy_Passage_-_N00369_-_National_Gallery.jpg\" alt=\"Guillermo de Orange desembarcando en Torbay, noviembre de 1688\" class=\"kb-img-contain\" >\u003Cspan class=\"kb-art-badge\" aria-hidden=\"true\">\u003Ci class=\"pi pi-image\">\u003C/i>\u003C/span>\u003C/a>\n\u003Cem>Guillermo de Orange desembarcando en Torbay, noviembre de 1688: Joseph Mallord William Turner, Dominio público, via Wikimedia Commons\u003C/em>\u003C/p>\n\u003Cp>Esta \u003Cstrong>Revolución Gloriosa\u003C/strong> consagró en febrero de 1689 el acceso conjunto de Guillermo III y María II, haciendo bascular a Inglaterra hacia el bando de la Liga de Augsburgo y transformando definitivamente un conflicto continental en una guerra paneuropea —la \u003Cstrong>guerra de los Nueve Años\u003C/strong>.\u003C/p>\n\u003Cp>El año 1690 vio a Francia obtener simultáneamente sus mayores éxitos de la guerra. El \u003Cstrong>1 de julio\u003C/strong>, el mariscal de \u003Cstrong>Luxemburgo\u003C/strong>, al frente de 40.000 hombres, aplastó en \u003Cstrong>Fleurus\u003C/strong> a la coalición austro-hispano-anglo-holandesa del general Waldeck mediante una vasta maniobra envolvente, perdiendo solo 3.600 hombres frente a más de 20.000 bajas enemigas, entre ellas 8.000 prisioneros y 49 cañones capturados. Nueve días después, el 10 de julio, el almirante \u003Cstrong>Tourville\u003C/strong> obtuvo frente al cabo Béveziers (Beachy Head) la más hermosa victoria naval del reinado, poniendo sus 77 navíos en fuga a una flota anglo-holandesa de 57 navíos sin pérdida francesa. Ese mismo mes, sin embargo, la causa de Jacobo II sufrió un revés decisivo en Irlanda: los días 10-12 de julio, en la \u003Cstrong>batalla del Boyne\u003C/strong>, los 36.000 hombres de Guillermo III, al mando del mariscal Schomberg, aplastaron a los 23.000 soldados franco-jacobitas, entre ellos 7.000 franceses, obligando a Jacobo II a un exilio definitivo —éxitos continentales resplandecientes por un lado, amargo fracaso dinástico por otro, resumiendo por sí solos las fortunas contrastadas de una guerra aún lejos de su fin.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>XIV. 1691-1697: el desgaste de la guerra de los Nueve Años y la paz de Ryswick\u003C/h2>\n\u003Cp>Los años siguientes confirmaron la superioridad francesa sobre el terreno, sin lograr nunca traducirla en victoria decisiva —al precio, sin embargo, de una renovación del mando y de una catástrofe interior sin precedentes. El \u003Cstrong>16 de julio de 1691\u003C/strong>, \u003Cstrong>Louvois\u003C/strong>, ministro de la Guerra desde hacía casi veinte años y artífice del saqueo del Palatinado, murió repentinamente en Versalles, a los 50 años; su hijo, el marqués de \u003Cstrong>Barbezieux\u003C/strong>, le sucedió ese mismo día al frente del departamento de la Guerra, prosiguiendo una dinastía ministerial iniciada por su abuelo Michel Le Tellier. Del \u003Cstrong>25 de mayo al 30 de junio de 1692\u003C/strong>, \u003Cstrong>Vauban\u003C/strong> dirigió en persona, en presencia del rey, el primer \u003Cstrong>sitio de Namur\u003C/strong>: la ciudad capituló el 5 de junio, pero la ciudadela, defendida con tenacidad por el ingeniero holandés Menno van Coehoorn, no se rindió hasta el 30 de junio. Casi simultáneamente, del 29 de mayo al 3 de junio de 1692, el almirante \u003Cstrong>Tourville\u003C/strong>, encargado de cubrir un desembarco proyectado en Inglaterra, debió enfrentar sus 44 navíos a una flota anglo-holandesa de 89: tras un primer choque de doce horas que quedó indeciso frente a Barfleur, doce navíos franceses dañados debieron refugiarse en la rada de Saint-Vaast-la-Hougue, donde fueron incendiados por el enemigo, mientras otros tres ardían en Cherburgo —desastre de \u003Cstrong>la Hougue\u003C/strong>, que costó en total quince navíos de línea y obligó a Luis XIV a renunciar definitivamente a todo proyecto de invasión de Inglaterra.\u003C/p>\n\u003Cp>\u003Ca class=\"kb-art-link\" href=\"/es/art/destruction-soleil-royal-la-hougue-1692-van-diest\" data-art-id=\"destruction-soleil-royal-la-hougue-1692-van-diest\">\u003Cimg src=\"https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/c/c6/Destruction_du_Soleil_Royal_%C3%A0_la_bataille_de_La_Hougue_1692.jpg/960px-Destruction_du_Soleil_Royal_%C3%A0_la_bataille_de_La_Hougue_1692.jpg\" alt=\"La destrucción del Soleil Royal en la batalla de la Hougue, 1692\" class=\"kb-img-contain\" >\u003Cspan class=\"kb-art-badge\" aria-hidden=\"true\">\u003Ci class=\"pi pi-image\">\u003C/i>\u003C/span>\u003C/a>\n\u003Cem>La destrucción del Soleil Royal en la batalla de la Hougue, 1692: Adriaen van Diest, Dominio público, via Wikimedia Commons\u003C/em>\u003C/p>\n\u003Cp>En el frente terrestre, Luxemburgo prosiguió su serie de éxitos. El \u003Cstrong>3 de agosto de 1692\u003C/strong>, rechazó en \u003Cstrong>Steenkerque\u003C/strong> un ataque sorpresa de Guillermo III, en un combate que causó unas 20.000 víctimas en ambos bandos; el \u003Cstrong>29 de julio de 1693\u003C/strong>, le infligió una nueva derrota en \u003Cstrong>Neerwinden\u003C/strong> (o batalla de Landen), uno de los enfrentamientos más sangrientos del siglo. Estas tres victorias consecutivas —Fleurus, Steenkerque, Neerwinden— convencieron finalmente a las Provincias Unidas, Inglaterra y el Imperio de entablar, desde 1694, negociaciones separadas con Francia, pese a la superioridad numérica de que aún disponía la coalición.\u003C/p>\n\u003Cp>Estos mismos años vieron sin embargo al reino golpeado por una catástrofe demográfica sin comparación con las pérdidas de los campos de batalla. Desencadenada por un invierno riguroso seguido de lluvias casi continuas en 1692, agravada al año siguiente, la \u003Cstrong>Gran Hambruna de 1693-1694\u003C/strong> hizo caer la población francesa de 22,25 a 20,75 millones de habitantes según el historiador François Lebrun, es decir, cerca de millón y medio de muertos; un testigo contemporáneo relató que «un tercio del pueblo murió en casi todas las parroquias», viéndose los habitantes reducidos a «pastar hierba» y a «comer ortigas». Esta crisis, agravada por el peso de la fiscalidad de guerra, obligó a la corona a crear ya en 1695 un nuevo impuesto, la \u003Cstrong>capitación\u003C/strong>, que gravaba en principio a todas las clases de la sociedad.\u003C/p>\n\u003Cp>Este vuelco diplomático se produjo sin embargo en un momento de fragilidad para el mando francés. El \u003Cstrong>4 de enero de 1695\u003C/strong>, el mariscal de \u003Cstrong>Luxemburgo\u003C/strong> murió a los 66 años de una neumonía contraída al regresar de sus campañas, privando al ejército francés de su general más victorioso desde Turenne. Guillermo III supo aprovechar de inmediato esta desaparición: en 1695, dirigió en persona el segundo \u003Cstrong>sitio de Namur\u003C/strong>, y el 27 de junio, al frente de 400 granaderos anglo-holandeses, tomó por asalto el camino cubierto de la plaza, provocando su rendición —revancha simbólica que borraba la derrota de 1692 e ilustraba el vuelco de la correlación de fuerzas al final del conflicto.\u003C/p>\n\u003Cp>Agotadas por once años de guerra continua, las potencias beligerantes se resolvieron por fin a la paz. El \u003Cstrong>20 de septiembre de 1697\u003C/strong>, los \u003Cstrong>tratados de Ryswick\u003C/strong> fueron firmados entre Francia, las Provincias Unidas, Inglaterra y España —un último acuerdo siguió el 30 de octubre con el emperador Leopoldo I. Luis XIV reconoció allí a \u003Cstrong>Guillermo III\u003C/strong> como legítimo rey de Inglaterra, cerrando definitivamente la página de la causa jacobita; devolvió Lorena, el Palatinado, Cataluña y casi todas las plazas adquiridas mediante la política de las Reuniones, conservando solo Sarrelouis, Longwy y Estrasburgo, y devolvió a España la mayor parte de los Países Bajos españoles, incluida la fortaleza de Luxemburgo. Las Provincias Unidas obtuvieron además ventajas comerciales en los puertos franceses y el derecho de guarnición en varias plazas españolas de los Países Bajos. Tras el apogeo de Nimega y la audacia de las Reuniones, Ryswick marcó así un claro retroceso territorial para Francia —primera señal tangible de que el poder del Rey Sol, en vísperas del último gran conflicto del reinado, había alcanzado sus límites.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>XV. 1698 – otoño de 1701: la crisis de la sucesión de España, el testamento de Carlos II y la reconstitución de la Gran Alianza\u003C/h2>\n\u003Cp>Apenas firmada la paz en Ryswick, Europa se encontró ante una cuestión de consecuencias mucho más graves: la de la sucesión del rey de España \u003Cstrong>Carlos II\u003C/strong>, sin descendencia y de salud vacilante. Para evitar que degenerara en guerra generalizada, Francia, Inglaterra y las Provincias Unidas negociaron secretamente, el \u003Cstrong>11 de octubre de 1698\u003C/strong>, un primer \u003Cstrong>tratado de reparto\u003C/strong> en La Haya, designando como heredero principal al joven \u003Cstrong>José Fernando de Baviera\u003C/strong>, de seis años, que recibiría España, las Indias y los Países Bajos españoles, mientras el Delfín de Francia se contentaría con territorios italianos y el archiduque \u003Cstrong>Carlos de Austria\u003C/strong> con el Milanesado. Este montaje se derrumbó el \u003Cstrong>6 de febrero de 1699\u003C/strong>, cuando el joven príncipe bávaro murió inesperadamente en Bruselas, obligando a las mismas potencias a negociar un segundo \u003Cstrong>tratado de reparto\u003C/strong>, firmado en Londres el \u003Cstrong>25 de marzo de 1700\u003C/strong>: el archiduque Carlos heredaría esta vez España y las Indias, recibiendo el Delfín Nápoles, Sicilia y Lorena, siendo compensado el duque de Lorena con el Milanesado.\u003C/p>\n\u003Cp>Estos elaborados arreglos fueron barridos por una decisión española unilateral. El \u003Cstrong>2 de octubre de 1700\u003C/strong>, Carlos II firmó en Madrid un testamento que legaba la totalidad de la monarquía española a \u003Cstrong>Felipe de Anjou\u003C/strong>, segundo nieto de Luis XIV, con la condición expresa de que las coronas de Francia y España nunca se unieran; el duque de Berry, y luego el archiduque Carlos, quedaban designados como herederos subsidiarios en caso de rechazo. Carlos II murió el \u003Cstrong>1 de noviembre de 1700\u003C/strong>; la noticia llegó a Madrid al día siguiente y alcanzó Fontainebleau el 9 de noviembre, colocando a Luis XIV ante un dilema cornelliano: respetar el tratado de reparto firmado con Inglaterra y las Provincias Unidas, o aceptar un testamento que ofrecía a su familia todo el imperio español al precio, casi seguro, de una nueva guerra. El \u003Cstrong>16 de noviembre de 1700\u003C/strong>, tras deliberar su consejo, Luis XIV eligió aceptar el testamento y proclamó a su nieto rey de España bajo el nombre de \u003Cstrong>Felipe V\u003C/strong> —decisión a la que la tradición, popularizada por Voltaire en su \u003Cem>Siglo de Luis XIV\u003C/em> casi medio siglo después, asocia la célebre frase: «Ya no hay Pirineos». Desde diciembre de 1700, Luis XIV hizo además registrar en el Parlamento de París cartas patentes que mantenían a Felipe V en sus derechos como príncipe francés pese a su ascenso al trono de España —gesto que, al dejar abierta la posibilidad de una futura unión de las dos coronas, contradecía en su espíritu la propia cláusula del testamento de Carlos II que la prohibía, e inquietó de inmediato a Inglaterra y a las Provincias Unidas.\u003C/p>\n\u003Cp>El joven rey partió de inmediato a tomar posesión de su reino: entrado en territorio español el 22 de enero de 1701, Felipe V hizo su entrada triunfal en \u003Cstrong>Madrid\u003C/strong> el \u003Cstrong>18 de febrero\u003C/strong> siguiente. Ese mismo mes, sin embargo, Luis XIV cometió un primer gesto que había de reabrir las hostilidades con las Provincias Unidas: a petición del consejo de regencia español, hizo ocupar con tropas francesas las plazas de la \u003Cstrong>barrera\u003C/strong> en los Países Bajos españoles, hasta entonces guarnecidas por tropas holandesas en virtud de un tratado bilateral de 1698 —ocupación notificada a los Estados Generales ya el 7 de febrero y vivamente denunciada por una Holanda que reclamó en vano el regreso de sus guarniciones. Una segunda provocación, de naturaleza comercial esta vez, se añadió el 27 de agosto de 1701: Felipe V concedió a Luis XIV el \u003Cstrong>Asiento\u003C/strong>, monopolio del suministro de esclavos a las colonias españolas de América, confiado al banquero Antoine Crozat por mediación de la Compañía de Guinea —ataque directo a los intereses comerciales ingleses, regularmente citado entre las causas principales del conflicto venidero. Estas provocaciones iniciales fueron pronto seguidas de una tercera, aún más espectacular: a la muerte de \u003Cstrong>Jacobo II\u003C/strong>, ocurrida el \u003Cstrong>16 de septiembre de 1701\u003C/strong> en Saint-Germain-en-Laye, Luis XIV reconoció de inmediato a su hijo como rey de Inglaterra bajo el nombre de \u003Cstrong>Jacobo III\u003C/strong>, en violación directa del compromiso asumido en Ryswick de reconocer a Guillermo III. Nueve días antes, el \u003Cstrong>7 de septiembre de 1701\u003C/strong>, Inglaterra, las Provincias Unidas y el Sacro Imperio, pronto unidos por Portugal, ya habían firmado en La Haya el tratado fundador de la \u003Cstrong>Gran Alianza\u003C/strong>, coalición destinada a contener las ambiciones de Luis XIV —el reconocimiento de Jacobo III no añadió sino un motivo más de hostilidad. En apenas unos meses, la aceptación del testamento español había arruinado así los frágiles equilibrios de Ryswick y reconstituido, de forma idéntica a la Liga de Augsburgo quince años antes, la coalición que había de enfrentarse a Francia en el último y más largo conflicto del reinado.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>XVI. 1702-1707: el annus horribilis, desastres de Höchstädt, Ramillies y Turín\u003C/h2>\n\u003Cp>La Gran Alianza concluida en La Haya no tardó en traducirse en declaración formal: el \u003Cstrong>13 de mayo de 1702\u003C/strong>, Inglaterra, las Provincias Unidas y el emperador declararon solemnemente la guerra a Francia y a España, abriendo el último y más largo conflicto del reinado. La coalición no dejó luego de ampliarse: Dinamarca se sumó poco después, y luego Portugal en 1703, antes de que el duque \u003Cstrong>Víctor Amadeo II de Saboya\u003C/strong>, hasta entonces aliado de Luis XIV, también revirtiera su alianza en 1703 para unirse al bando austriaco —deserción que había de costar caro a Francia en el teatro italiano. Ante esta coalición reconstituida, que superaba incluso en amplitud a la de la Liga de Augsburgo, el reino debió combatir simultáneamente en Alemania, en los Países Bajos, en Italia y en España, sin disponer de un general de la talla de Turenne o de Condé para coordinar este esfuerzo disperso.\u003C/p>\n\u003Cp>Los primeros reveses sobrevinieron ya en \u003Cstrong>1702\u003C/strong>, en dos teatros distintos. En la noche del 31 de enero al 1 de febrero, el príncipe \u003Cstrong>Eugenio de Saboya\u003C/strong> intentó sorprender mediante una incursión nocturna a la guarnición francesa de \u003Cstrong>Cremona\u003C/strong>, en Lombardía: granaderos imperiales, infiltrados por un acueducto e introducidos en la ciudad por un sacerdote cómplice, se apoderaron de una puerta y capturaron al mariscal \u003Cstrong>Villeroy\u003C/strong> en sus propios aposentos; solo la resistencia encarnizada de los regimientos irlandeses al servicio de Luis XIV permitió rechazar el asalto y conservar la ciudad, al precio del cautiverio de Villeroy hasta octubre. Meses después, el \u003Cstrong>23 de octubre de 1702\u003C/strong>, en la bahía de \u003Cstrong>Vigo\u003C/strong>, en Galicia, la flota anglo-holandesa del almirante Rooke destruyó la flota franco-española de los almirantes Château-Renault y Velasco, encargada de escoltar el convoy del tesoro americano —un cargamento de oro, plata y joyas estimado en cerca de cincuenta millones de escudos, parte del cual cayó en manos de los vencedores, asestando un duro golpe a las finanzas de guerra de Felipe V ya en el primer año del conflicto.\u003C/p>\n\u003Cp>El primer gran desastre terrestre de envergadura sobrevino después en el teatro alemán. El \u003Cstrong>13 de agosto de 1704\u003C/strong>, cerca de la aldea de Blindheim, a orillas del Danubio, en Baviera, el ejército franco-bávaro del mariscal \u003Cstrong>Tallard\u003C/strong>, de unos 60.000 hombres, se enfrentó a los 52.000 angloaustriacos al mando conjunto del duque de \u003Cstrong>Marlborough\u003C/strong> y el príncipe Eugenio de Saboya, en la \u003Cstrong>batalla de Höchstädt\u003C/strong>, también llamada batalla de Blenheim. Sorprendiendo a su adversario mal preparado, los dos generales aliados hundieron el centro francés, cortando entre sí a los ejércitos de Tallard y de Marsin, antes de rechazar a las tropas franco-bávaras hacia el río; el propio Tallard fue hecho prisionero junto con veintitrés batallones de infantería y cuatro regimientos de dragones, mientras los Aliados lamentaban unas 12.000 bajas por una victoria decisiva. Esta derrota, la primera de tal magnitud sufrida por Luis XIV en décadas, puso fin al mito de la invencibilidad del ejército francés y costó al reino su aliada bávara.\u003C/p>\n\u003Cp>\u003Ca class=\"kb-art-link\" href=\"/es/art/bataille-blenheim-1704\" data-art-id=\"bataille-blenheim-1704\">\u003Cimg src=\"https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/3/3b/The_Battle_of_Blenheim.jpg/960px-The_Battle_of_Blenheim.jpg\" alt=\"La batalla de Höchstädt (Blenheim), 1704\" class=\"kb-img-contain\" >\u003Cspan class=\"kb-art-badge\" aria-hidden=\"true\">\u003Ci class=\"pi pi-image\">\u003C/i>\u003C/span>\u003C/a>\n\u003Cem>La batalla de Höchstädt (Blenheim), 1704: J. M. Jopling, Dominio público, via Wikimedia Commons\u003C/em>\u003C/p>\n\u003Cp>El año \u003Cstrong>1706\u003C/strong> concentró un doble golpe catastrófico en dos teatros a la vez. El \u003Cstrong>23 de mayo\u003C/strong>, en \u003Cstrong>Ramillies\u003C/strong>, en el Brabante, el ejército del mariscal de Villeroy, de 60.000 hombres, fue puesto en fuga por los 62.000 aliados de Marlborough: una finta en el ala derecha precedió a una carga de caballería masiva contra el ala izquierda francesa, que desarticuló toda la línea en menos de dos horas y costó unas 13.000 bajas francesas y cincuenta cañones, frente a solo 3.600 en el bando aliado. Villeroy, que se negó a presentar su dimisión pese a la magnitud del desastre, debió ser implorado por el propio Luis XIV, quien lo recibió con una frase que quedó célebre: «Señor Mariscal, ya no somos afortunados a nuestra edad». Su desgracia, definitiva, dio paso al duque \u003Cstrong>Louis-Joseph de Vendôme\u003C/strong>, que tomó oficialmente el mando del ejército de Flandes el 4 de agosto de 1706; la derrota había entretanto costado a Francia la mayor parte de los Países Bajos españoles situados al oeste del Mosa y al norte del Sambre. Al mismo tiempo, en el frente italiano, las tropas francesas sitiaban desde el \u003Cstrong>14 de mayo\u003C/strong> la capital del duque de Saboya; pero el \u003Cstrong>7 de septiembre de 1706\u003C/strong>, el príncipe Eugenio y Víctor Amadeo II, ya aliado suyo, levantaron el \u003Cstrong>sitio de Turín\u003C/strong> infligiendo graves pérdidas a los sitiadores, obligando a Francia a evacuar íntegramente el Piamonte —se cantó un Te Deum en Turín en honor de los dos libertadores. En apenas unos meses, este doble golpe catastrófico había arruinado así dos de las principales conquistas del reinado.\u003C/p>\n\u003Cp>\u003Ca class=\"kb-art-link\" href=\"/es/art/bataille-ramillies-1706\" data-art-id=\"bataille-ramillies-1706\">\u003Cimg src=\"https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/6/69/Slag_bij_Ramillies%2C_1706_Veldslag_van_Ramellies%2C_den_23_Mei_1706_door_den_Hertog_van_Marlborough_en_den_Heer_van_Ouwerkerk_gewonnen%2C_RP-P-OB-83.231.jpg/960px-Slag_bij_Ramillies%2C_1706_Veldslag_van_Ramellies%2C_den_23_Mei_1706_door_den_Hertog_van_Marlborough_en_den_Heer_van_Ouwerkerk_gewonnen%2C_RP-P-OB-83.231.jpg\" alt=\"La batalla de Ramillies, 23 de mayo de 1706\" class=\"kb-img-contain\" >\u003Cspan class=\"kb-art-badge\" aria-hidden=\"true\">\u003Ci class=\"pi pi-image\">\u003C/i>\u003C/span>\u003C/a>\n\u003Cem>La batalla de Ramillies, 23 de mayo de 1706: Adolf van der Laan, CC0 \u003Ca href=\"https://creativecommons.org/publicdomain/zero/1.0/deed.en\">https://creativecommons.org/publicdomain/zero/1.0/deed.en\u003C/a>, via Wikimedia Commons\u003C/em>\u003C/p>\n\u003Cp>Solo el teatro español ofreció, al año siguiente, un contrapunto a esta serie de reveses. El \u003Cstrong>25 de abril de 1707\u003C/strong>, en \u003Cstrong>Almansa\u003C/strong>, en el reino de Valencia, el mariscal \u003Cstrong>Berwick\u003C/strong> —hijo natural de Jacobo II Estuardo pasado al servicio de Francia— mandaba un ejército franco-español de unos 25.000 hombres frente a una fuerza angloportuguesa reforzada por holandeses, alemanes y hugonotes franceses, a las órdenes del conde de Galway, él mismo hugonote exiliado al servicio de Inglaterra; la batalla quedó en la memoria como una de las pocas de la Historia en que tropas inglesas fueron mandadas por un francés y tropas francesas por un inglés. Una carga de caballería franco-española decisiva contra las debilitadas líneas angloportuguesas infligió más de 12.000 bajas a los Aliados y permitió la reconquista de Valencia y luego de Cataluña, arruinando las esperanzas austriacas en España y consolidando duraderamente a Felipe V en su trono. Este éxito aislado no podía sin embargo compensar, a escala del conflicto europeo, la magnitud de los desastres acumulados desde 1704.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>XVII. 1708-1709: Oudenaarde, la caída de Lille y el gran invierno\u003C/h2>\n\u003Cp>El año \u003Cstrong>1708\u003C/strong> vio al propio mando francés paralizarse en el peor momento. El \u003Cstrong>5 de julio\u003C/strong>, Vendôme y Bourgogne se apoderaron por sorpresa de \u003Cstrong>Gante\u003C/strong> y de \u003Cstrong>Brujas\u003C/strong>, éxito rápido que parecía reabrir al reino la campaña de Flandes. Seis días después, el \u003Cstrong>11 de julio\u003C/strong>, en \u003Cstrong>Oudenaarde\u003C/strong>, el ejército de las Dos Coronas, de unos 100.000 hombres franco-españoles, se enfrentó a los 90.000 aliados de Marlborough, reforzados por el príncipe Eugenio de Saboya; pero el mando francés, dividido entre el duque de \u003Cstrong>Vendôme\u003C/strong> y el duque de \u003Cstrong>Bourgogne\u003C/strong>, nieto del rey, llevaba semanas desgarrado sobre la estrategia a seguir —queriendo Vendôme dirigir el esfuerzo hacia Huy, prefiriendo Bourgogne golpear Gante, Brujas y Oudenaarde. Esta discordia se pagó caro en el campo de batalla: Bourgogne lanzó un contraataque decidido en contra del consejo de Vendôme, y luego, cuando este le pidió autorización para comprometer la segunda ala y aprovechar una ocasión, se la negó. La derrota, que costó al ejército francés unos 6.000 muertos o heridos y 7.000 prisioneros frente a unas 3.000 bajas aliadas, consumó una ruptura definitiva entre los dos generales: Luis XIV llamó a Vendôme a Versalles y lo apartó de todo mando hasta 1710, dejándolo perder buena parte de sus apoyos en la corte, mientras el ejército francés permanecía sin dirección coherente en el momento mismo en que el enemigo llevaba la guerra al corazón del reino.\u003C/p>\n\u003Cp>\u003Ca class=\"kb-art-link\" href=\"/es/art/bataille-oudenarde-1708-wootton\" data-art-id=\"bataille-oudenarde-1708-wootton\">\u003Cimg src=\"https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/1/1a/The_Duke_of_Marlborough_at_the_Battle_of_Oudenaarde_%281708%29_by_John_Wootton.jpg/960px-The_Duke_of_Marlborough_at_the_Battle_of_Oudenaarde_%281708%29_by_John_Wootton.jpg\" alt=\"El duque de Marlborough en la batalla de Oudenaarde, 1708\" class=\"kb-img-contain\" >\u003Cspan class=\"kb-art-badge\" aria-hidden=\"true\">\u003Ci class=\"pi pi-image\">\u003C/i>\u003C/span>\u003C/a>\n\u003Cem>El duque de Marlborough en la batalla de Oudenaarde, 1708: John Wootton, Dominio público, via Wikimedia Commons\u003C/em>\u003C/p>\n\u003Cp>Este avance se topó sin embargo con una resistencia inesperada. Del \u003Cstrong>13 de agosto al 9 de diciembre de 1708\u003C/strong>, el príncipe Eugenio y Marlborough sitiaron \u003Cstrong>Lille\u003C/strong>, plaza fortificada por Vauban, con 35.000 sitiadores respaldados por 120 cañones pesados y 80 morteros; frente a ellos, el mariscal \u003Cstrong>Boufflers\u003C/strong>, llegado el 28 de julio al frente de una guarnición de 16.000 hombres y 159 cañones, organizó una defensa encarnizada. La ciudad capituló el 22 de octubre, pero Boufflers se replegó a la ciudadela con 4.500 hombres ya el 25 de octubre y resistió allí mes y medio más, hasta el agotamiento de víveres y municiones, el \u003Cstrong>9 de diciembre\u003C/strong>. Este asedio costó caro a ambos bandos —de 13.000 a 16.000 muertos o heridos en el bando aliado, frente a 7.000 en el francés—, pero la resistencia de Boufflers, al retrasar un año entero el avance aliado hacia París, transformó una derrota territorial en un éxito defensivo celebrado como tal por toda la corte. La caída de la ciudadela cerró sin embargo toda la ganancia del verano anterior: Gante capituló el 30 de diciembre tras seis días de trincheras, y Brujas fue evacuada el \u003Cstrong>2 de enero de 1709\u003C/strong>, devolviendo a los Aliados, en pleno invierno, la totalidad de las plazas conquistadas por sorpresa seis meses antes.\u003C/p>\n\u003Cp>El reino, sin embargo, apenas tuvo tiempo de recuperarse de este asedio antes de verse golpeado por una catástrofe de un orden completamente distinto. De \u003Cstrong>enero a marzo de 1709\u003C/strong>, un «gran invierno» de una rigurosidad inédita se abatió sobre Francia: la temperatura descendió hasta -23 °C en París, el Sena se congeló por completo, y el abastecimiento de la capital se hizo imposible durante tres meses. Según el historiador Marcel Lachiver, este episodio causó unos 100.000 muertos por frío entre enero y marzo, antes de que una segunda ola de sobremortalidad, ligada a la desnutrición, golpeara durante el verano y el otoño, seguida de una tercera ola epidémica que elevó el balance total a cerca de 270.000 muertos adicionales. Ante esta miseria superpuesta a la derrota militar, Luis XIV mandó fundir su propia vajilla de oro desde junio-julio de 1709, invitando a toda la corte a imitarlo, y redujo los impuestos en las provincias más afectadas —gestos simbólicos que sin embargo no bastaban para alimentar a un reino exangüe.\u003C/p>\n\u003Cp>Fue en este contexto de doble desastre, militar e interior, donde se consumó la humillación diplomática del reinado. El \u003Cstrong>29 de mayo de 1709\u003C/strong>, los cuarenta artículos conocidos como preliminares de \u003Cstrong>La Haya\u003C/strong> impusieron a Francia un regreso a los límites del tratado de los Pirineos y, más intolerable aún, exigieron en su artículo 4 que Luis XIV se comprometiera él mismo, por las armas si era necesario, a expulsar a su propio nieto \u003Cstrong>Felipe V\u003C/strong> del trono de España. El rey rechazó esta cláusula deshonrosa aceptando el resto de las condiciones, haciendo fracasar la negociación. Resuelto a hacer comprender a sus súbditos que la prolongación de la guerra ya no dependía de su voluntad sino de la mala fe de los Aliados, hizo publicar el \u003Cstrong>12 de junio de 1709\u003C/strong> una carta dirigida directamente a la nación por mediación de los gobernadores e intendentes de provincia —gesto sin precedentes desde Enrique IV, que marcaba, más que cualquier derrota militar, el punto más bajo alcanzado por la autoridad real desde el inicio del reinado personal.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>XVIII. 1709-1712: Malplaquet, la hecatombe dinástica y la reacción de Denain\u003C/h2>\n\u003Cp>El fracaso de las negociaciones de La Haya obligó al reino a proseguir una guerra que ya no podía financiar, pero que su ejército aún no había perdido. El \u003Cstrong>11 de septiembre de 1709\u003C/strong>, en \u003Cstrong>Malplaquet\u003C/strong>, el mariscal \u003Cstrong>Villars\u003C/strong> opuso 65.000 franceses a 75.000 aliados al mando de Marlborough y el príncipe Eugenio —cerca de 190.000 combatientes en total, en lo que sigue siendo la batalla más sangrienta de todo el reinado. A su lado se encontraba el mariscal \u003Cstrong>Boufflers\u003C/strong>, aunque de más edad y rango que él, que se había puesto voluntariamente bajo su mando por puro patriotismo; cuando Villars fue herido en la rodilla en pleno combate y debió ser evacuado, fue Boufflers quien tomó el relevo y dirigió la retirada del ejército francés en buen orden, sin desbandada. Los franceses debieron ceder el terreno, pero al precio de una relación de bajas inédita: 11.000 muertos o heridos y solo 500 prisioneros en sus filas, frente a 21.000 bajas aliadas, una cuarta parte de las fuerzas comprometidas por la coalición. Lo que parecía en el campo de batalla una derrota se reveló, a escala de la guerra, una victoria estratégica: el ejército aliado, desangrado, debió renunciar durante largos meses a toda idea de invasión del reino.\u003C/p>\n\u003Cp>\u003Ca class=\"kb-art-link\" href=\"/es/art/bataille-malplaquet-1709-huchtenburgh\" data-art-id=\"bataille-malplaquet-1709-huchtenburgh\">\u003Cimg src=\"https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/b/bd/Copy_after_Jan_van_Huchtenburgh_%28Haarlem_1647-Amsterdam_1733%29_-_The_Battle_of_Malplaquet%2C_1709_-_RCIN_404898_-_Royal_Collection.jpg/960px-Copy_after_Jan_van_Huchtenburgh_%28Haarlem_1647-Amsterdam_1733%29_-_The_Battle_of_Malplaquet%2C_1709_-_RCIN_404898_-_Royal_Collection.jpg\" alt=\"La batalla de Malplaquet, 11 de septiembre de 1709\" class=\"kb-img-contain\" >\u003Cspan class=\"kb-art-badge\" aria-hidden=\"true\">\u003Ci class=\"pi pi-image\">\u003C/i>\u003C/span>\u003C/a>\n\u003Cem>La batalla de Malplaquet, 11 de septiembre de 1709: Según Jan van Huchtenburgh, Dominio público, via Wikimedia Commons\u003C/em>\u003C/p>\n\u003Cp>Este respiro militar coincidió sin embargo con un hundimiento dinástico sin precedentes en la historia del reinado. El \u003Cstrong>14 de abril de 1711\u003C/strong>, \u003Cstrong>Monseñor\u003C/strong>, el Gran Delfín, hijo único de Luis XIV, murió de viruela a los 49 años, dejando a su propio hijo, el duque de Bourgogne, sucederle como delfín. Esta sucesión se reveló a su vez trágica: el \u003Cstrong>12 de febrero de 1712\u003C/strong>, la duquesa de Bourgogne, \u003Cstrong>María Adelaida de Saboya\u003C/strong>, murió de sarampión, seguida seis días después, el \u003Cstrong>18 de febrero\u003C/strong>, por su propio esposo el duque de Bourgogne, arrebatado por la misma epidemia. Su hijo mayor, el duque de Bretaña, sucumbió a su vez el \u003Cstrong>8 de marzo de 1712\u003C/strong>; solo sobrevivió el menor, el duque de Anjou, entonces de apenas dos años, salvado por su gobernanta \u003Cstrong>Madame de Ventadour\u003C/strong>, quien se opuso con firmeza a los médicos que querían sangrarlo como al resto de su familia, manteniéndolo abrigado hasta su curación. Convertido en delfín, el niño subió al trono tres años después bajo el nombre de Luis XV. En menos de un año, tres generaciones de herederos directos habían desaparecido, y la supervivencia de la dinastía dependía ya solo de este único niño, sumiendo a la monarquía en una incertidumbre sucesoria que ni Malplaquet ni ninguna victoria militar podía disipar.\u003C/p>\n\u003Cp>Fue en este contexto de duelo cuando sobrevino la reacción más inesperada de toda la guerra. A comienzos del verano de \u003Cstrong>1712\u003C/strong>, el reino parecía al borde del abismo: tras tomar Le Quesnoy el 4 de julio, el príncipe Eugenio, al frente de 135.000 hombres imperiales y holandeses, abrió el 17 de julio el sitio de \u003Cstrong>Landrecies\u003C/strong>, última plaza antes del camino a París, frente a los 70.000 hombres de Villars. Este fingió un ataque contra los sitiadores de Landrecies para desviar mejor la atención, y luego hizo cruzar el Escalda a sus tropas y se apoderó por sorpresa, el \u003Cstrong>24 de julio de 1712\u003C/strong>, del campamento atrincherado de \u003Cstrong>Denain\u003C/strong>, cortando al príncipe Eugenio de sus depósitos de abastecimiento establecidos en Marchiennes. Privado de víveres, Eugenio debió levantar el sitio de Landrecies ya el 2 de agosto y replegarse hacia Mons. Esta victoria inesperada, que salvó a Francia de una invasión que parecía inevitable pocos días antes, invirtió de golpe la correlación de fuerzas diplomática y precipitó la apertura de las negociaciones que habían de conducir a los tratados de Utrecht y Rastatt.\u003C/p>\n\u003Cp>\u003Ca class=\"kb-art-link\" href=\"/es/art/bataille-denain-1712-monvoisin\" data-art-id=\"bataille-denain-1712-monvoisin\">\u003Cimg src=\"https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/5/5b/Monvoisin_-_La_bataille_de_Denain.jpg/960px-Monvoisin_-_La_bataille_de_Denain.jpg\" alt=\"La batalla de Denain, 24 de julio de 1712\" class=\"kb-img-contain\" >\u003Cspan class=\"kb-art-badge\" aria-hidden=\"true\">\u003Ci class=\"pi pi-image\">\u003C/i>\u003C/span>\u003C/a>\n\u003Cem>La batalla de Denain, 24 de julio de 1712: Raymond Monvoisin, Dominio público, via Wikimedia Commons\u003C/em>\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>XIX. 1713-1715: Utrecht, Rastatt y la muerte del Rey Sol\u003C/h2>\n\u003Cp>La reacción de Denain dio por fin sus frutos en el terreno diplomático. Tras catorce meses de negociaciones, Luis XIV firmó el \u003Cstrong>11 de abril de 1713\u003C/strong> en \u003Cstrong>Utrecht\u003C/strong> tratados separados con Inglaterra, las Provincias Unidas, Saboya, Portugal y Prusia —primer gran tratado redactado en francés desde Enrique II, que inauguró la primacía diplomática de esa lengua hasta el tratado de Versalles de 1919. Frente a las Provincias Unidas, Francia devolvió Tournai, Menin, Ypres y Furnes a cambio de Lille, Aire, Béthune y Saint-Venant, cediéndose los Países Bajos españoles con carácter transitorio; frente a Saboya, el duque \u003Cstrong>Víctor Amadeo II\u003C/strong> recuperó Niza y Saboya, perdidas durante la guerra, cedió el valle de Barcelonnette, y recibió además de Felipe V Sicilia con el título de rey. Hacia Inglaterra, por fin, Luis XIV cedió la isla de San Cristóbal, la bahía de Hudson, Acadia, Terranova y las islas de San Pedro y Miquelón. La cláusula más cargada de consecuencias dinásticas concernía sin embargo a España: Felipe V fue reconocido allí como rey por todos los firmantes, con la sola condición de renunciar, por sí mismo y por su descendencia, a todo derecho sobre la corona de Francia —cláusula espejo de la que Carlos II había intentado imponer en 1700, que separaba por fin duraderamente las dos coronas.\u003C/p>\n\u003Cp>\u003Ca class=\"kb-art-link\" href=\"/es/art/traite-utrecht-1713-allard\" data-art-id=\"traite-utrecht-1713-allard\">\u003Cimg src=\"https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/6/6e/Treaty_of_Utrecht_1713.png/960px-Treaty_of_Utrecht_1713.png\" alt=\"Grabado conmemorativo del tratado de Utrecht, 1713\" class=\"kb-img-contain\" >\u003Cspan class=\"kb-art-badge\" aria-hidden=\"true\">\u003Ci class=\"pi pi-image\">\u003C/i>\u003C/span>\u003C/a>\n\u003Cem>Grabado conmemorativo del tratado de Utrecht, 1713: Abraham Allard, Dominio público, via Wikimedia Commons\u003C/em>\u003C/p>\n\u003Cp>El emperador \u003Cstrong>Carlos VI\u003C/strong>, único gran beligerante que no había firmado en Utrecht, prosiguió solo la guerra varios meses más, hasta que \u003Cstrong>Villars\u003C/strong> y el príncipe \u003Cstrong>Eugenio de Saboya\u003C/strong> negociaron directamente, de igual a igual entre antiguos adversarios, el tratado de \u003Cstrong>Rastatt\u003C/strong>, firmado el \u003Cstrong>6 de marzo de 1714\u003C/strong>: Francia devolvió allí Breisach, Friburgo y Kehl, últimas conquistas renanas del reinado. El \u003Cstrong>7 de septiembre de 1714\u003C/strong>, el tratado de \u003Cstrong>Baden\u003C/strong> extendió estas cláusulas al conjunto de los principados del Sacro Imperio, cerrando así el último frente que permanecía abierto desde 1701 y poniendo punto final a trece años de guerra continua.\u003C/p>\n\u003Cp>Apenas restablecida la paz en todos los frentes, el propio rey decayó rápidamente. Un dolor en la pierna, aparecido en el verano de 1715, degeneró en gangrena que ennegreció progresivamente el miembro, provocando una agonía de casi tres semanas. El \u003Cstrong>26 de agosto de 1715\u003C/strong>, Luis XIV dijo a sus cortesanos más cercanos: «Me voy, señores, pero el Estado permanecerá siempre» —fórmula que resumía, mejor que ningún tratado, la concepción que siempre se había hecho de la monarquía. Sus últimas palabras atestiguadas, pronunciadas hacia las once de la noche del 31 de agosto, fueron: «Oh Dios mío, venid en mi ayuda, apresuraos a socorrerme». Murió al día siguiente, \u003Cstrong>1 de septiembre de 1715\u003C/strong>, en Versalles, cuatro días antes de su septuagésimo séptimo cumpleaños, sin dejar como único heredero directo más que a su bisnieto de cinco años, el futuro Luis XV. Ese mismo mes de julio de 1714, temiendo la extinción de su descendencia legítima, Luis XIV había tenido buen cuidado de redactar un testamento que confiaba a su sobrino \u003Cstrong>Felipe de Orleans\u003C/strong> la presidencia de un simple consejo de regencia, haciendo registrar al mismo tiempo por el Parlamento, el 2 de agosto siguiente, un edicto que llamaba a sus dos hijos legitimados, el duque del Maine y el conde de Toulouse, a la sucesión de la corona en caso de desaparición de todos los príncipes de sangre —dispositivo que colocaba al duque del Maine, guardián designado del joven rey, en posición de controlar la regencia sin ostentar su título. Al día siguiente mismo de la muerte del rey, el \u003Cstrong>2 de septiembre\u003C/strong>, el regente hizo anular este testamento por el Parlamento de París, recuperando así los plenos poderes que el edicto de sucesión había buscado arrebatarle; a cambio, restableció el 15 de septiembre el derecho de remonstrancia que Luis XIV había abolido al comienzo de su reinado personal —señal, ya en los primeros días que siguieron a su desaparición, de que el edificio absolutista construido a lo largo de cincuenta y cuatro años de reinado personal no había de sobrevivirle intacto.\u003C/p>\n\u003Cp>\u003Ca class=\"kb-art-link\" href=\"/es/art/louis-xiv-costume-sacre-1701-rigaud\" data-art-id=\"louis-xiv-costume-sacre-1701-rigaud\">\u003Cimg src=\"https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/7/7c/Rigaud_Louis_XIV_1701.jpg/960px-Rigaud_Louis_XIV_1701.jpg\" alt=\"Retrato de Luis XIV en traje de coronación\" class=\"kb-img-contain\" >\u003Cspan class=\"kb-art-badge\" aria-hidden=\"true\">\u003Ci class=\"pi pi-image\">\u003C/i>\u003C/span>\u003C/a>\n\u003Cem>Retrato de Luis XIV en traje de coronación: Hyacinthe Rigaud, Dominio público, via Wikimedia Commons\u003C/em>\u003C/p>\n\u003Cp>🔍 \u003Cstrong>\u003Ca href=\"/es/zoom/p8ch2z10\">Zoom – El legado historiográfico de Luis XIV: tres siglos de juicios\u003C/a>\u003C/strong>\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>🧠 Para recordar\u003C/h2>\n\u003Cul>\n\u003Cli>La regencia de \u003Cstrong>Ana de Austria\u003C/strong> y el ministerio de \u003Cstrong>Mazarino\u003C/strong> (1643-1661) culminaron la guerra de los Treinta Años en Rocroi y Westfalia, pero debieron afrontar cinco años de Fronda que estuvieron a punto de derribar la corona antes de que el joven Luis XIV alcanzara la mayoría de edad.\u003C/li>\n\u003Cli>A la muerte de Mazarino en 1661, \u003Cstrong>Luis XIV\u003C/strong> eligió gobernar solo, sin ministro principal: la caída de Fouquet y el ascenso de \u003Cstrong>Colbert\u003C/strong> inauguraron medio siglo de centralización absolutista, apoyada en el colbertismo económico y la construcción de Versalles.\u003C/li>\n\u003Cli>La paz de Nimega (1678-1679) marcó el apogeo territorial y diplomático del reinado, valiendo a Luis XIV el título de «Luis el Grande», antes de que la política de las Reuniones y las dragonadas agravaran el aislamiento europeo de Francia.\u003C/li>\n\u003Cli>La revocación del edicto de Nantes en 1685 provocó el éxodo de unos 200.000 hugonotes y reabrió, con la Liga de Augsburgo, un ciclo de guerras casi ininterrumpido hasta el fin del reinado.\u003C/li>\n\u003Cli>La guerra de Sucesión de España (1701-1714) hizo bascular al reino hacia su prueba más dura: el annus horribilis de 1702-1707 (Höchstädt, Ramillies, Turín), luego el gran invierno de 1709, antes de la inesperada reacción de Denain en 1712 que salvó a Francia de la invasión.\u003C/li>\n\u003Cli>La hecatombe dinástica de 1711-1712 se llevó en menos de un año al Gran Delfín, al duque y a la duquesa de Bourgogne y a su hijo mayor, dejando sobrevivir solo al futuro Luis XV, entonces de dos años de edad.\u003C/li>\n\u003Cli>Los tratados de Utrecht, Rastatt y Baden (1713-1714) cerraron trece años de guerra reconociendo a Felipe V como rey de España, a condición de que renunciara para siempre a la corona de Francia.\u003C/li>\n\u003Cli>Luis XIV murió en Versalles el 1 de septiembre de 1715 tras setenta y dos años de reinado, el más largo de la historia de Francia; al día siguiente mismo, el regente Felipe de Orleans hizo anular su testamento, señal de que el absolutismo que había construido no había de sobrevivirle intacto.\u003C/li>\n\u003C/ul>\n",[26,29,32,35,38,41,44,47,50],{"id":27,"title":28},"p8ch2z10","El legado historiográfico de Luis XIV: tres siglos de juicios",{"id":30,"title":31},"p8ch2z11","Educación y formación militar de Luis XIV (1638-1661)",{"id":33,"title":34},"p8ch2z12","Vida sentimental de Luis XIV: amantes y matrimonio secreto (1660-1715)",{"id":36,"title":37},"p8ch2z13","El gran encierro: mendigos, vagabundos y gitanos bajo Luis XIV (1656-1693)",{"id":39,"title":40},"p8ch2z2","El absolutismo de Luis XIV: teoría e instituciones (1661-1715)",{"id":42,"title":43},"p8ch2z3","Versalles, palacio del Rey Sol (1661-1715)",{"id":45,"title":46},"p8ch2z5","Las artes y las ciencias bajo Luis XIV (1661-1715)",{"id":48,"title":49},"p8ch2z7","El colbertismo: manufacturas, marina y finanzas (1661-1683)",{"id":51,"title":52},"p8ch2z9","La vida de corte en Versalles: etiqueta y cotidianidad del rey (1682-1715)",true,false,"1643 à 1715","Régence, gouvernement personnel, guerres et Versailles (1643–1715). 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