Lascaux, una obra maestra mundial

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Neandertal y el apogeo del Paleolítico · PREHISTORIA


Datada en unos 17 000 años, en pleno periodo magdaleniense, la cueva de Lascaux reúne cerca de 1500 figuras pintadas o grabadas —un conjunto tan denso y tan logrado que alimentó durante mucho tiempo, erróneamente, una controversia sobre su edad: algunos vieron en ella un estilo pictórico más cercano al Solutrense que al Magdaleniense, antes de que las dataciones más recientes confirmaran su atribución a este último periodo.


🏛️ Una arquitectura subterránea y un bestiario monumental

La cueva se despliega en varios espacios de carácter bien distinto. La Rotonda, más conocida como Sala de los Toros, constituye su parte más célebre: allí se ven uros monumentales —uno de ellos supera los cinco metros de longitud—, caballos, ciervos y un animal enigmático apodado «el Unicornio». Le siguen el Divertículo axial, el Pasaje, y después la Nave, que reúne cuatro conjuntos principales —el panel de la Huella, el de la Vaca Negra, el del Ciervo Nadando y el de los Bisontes Enfrentados—, antes del Ábside y el Divertículo de los Félidos.

Los artistas de Lascaux dominaban técnicas pictóricas complejas: óxidos de hierro para los rojos y amarillos, dióxido de manganeso para los negros, aplicados con pincel, con tampón, o soplados con la ayuda de un hueso hueco para obtener efectos de difuminado. Aprovechaban también el relieve natural de la pared —resaltes y huecos— para dar volumen y movimiento a sus figuras, una sofisticación que explica la reputación de la cueva como una de las cumbres del arte parietal mundial.


❓ La Escena del Pozo, un enigma jamás resuelto

Al fondo de la cueva, en un hueco llamado el Pozo, se encuentra la única representación antropomorfa de toda Lascaux: un hombre esquemático, con cabeza de pájaro, representado en erección, frente a un bisonte cuyas entrañas se derraman por el suelo, no lejos de un rinoceronte. Esta escena única ha suscitado, desde su descubrimiento, lecturas radicalmente opuestas. La interpretación tradicional ve en ella a un hombre derribado por el bisonte que acaba de destripar, víctima de su propia cacería. Otros investigadores proponen una lectura inversa: el hombre, lejos de estar vencido, se mantendría de pie, triunfante, frente a un animal ya muerto o agonizante. Una tercera vía, mitológica o chamánica, imagina una transferencia simbólica entre el hombre y el pájaro, preludio de un vuelo espiritual. Ninguna de estas lecturas ha logrado hoy un consenso, y la Escena del Pozo sigue siendo uno de los enigmas mejor guardados de la Prehistoria.


⚠️ Preservar un tesoro frágil

Reabierta al público tras la Segunda Guerra Mundial, la cueva debió cerrarse ya en 1963: el dióxido de carbono liberado por la respiración de los visitantes favorecía la proliferación de algas y mohos que amenazaban directamente las pinturas. Desde entonces, es Lascaux IV, una réplica integral y de una precisión notable, instalada a algunos cientos de metros de la cueva original, la que permite al público descubrir esta obra maestra sin poner en peligro su conservación.


🧠 Para recordar

  • Lascaux está datada en unos 17 000 años, en pleno periodo magdaleniense, pese a una antigua controversia sobre su estilo pictórico
  • La cueva reúne cerca de 1500 figuras repartidas en varios espacios distintos: Rotonda, Divertículo axial, Nave, Ábside, Divertículo de los Félidos
  • La Escena del Pozo, única figura humana de la cueva, sigue siendo un enigma sin interpretación consensuada
  • Cerrada al público en 1963 por preservación, la cueva se visita hoy a través de su réplica integral, Lascaux IV