La revuelta de Vercingétorix · ANTIGÜEDAD
El capítulo principal recoge, en el apartado V, la propuesta extrema formulada por el arverno Critognato en el consejo de guerra de Alesia: alimentarse de las bocas juzgadas inútiles para el combate antes que rendirse. Este zoom interroga la naturaleza misma de esta fuente: ¿qué sabemos realmente de Critognato, y por qué su discurso merece leerse con especial cautela?
El discurso de Critognato solo se conoce por un texto: los Comentarios sobre la guerra de las Galias del propio César, que recoge una versión elaborada y retóricamente trabajada. Ninguna otra fuente antigua, gala o romana, menciona a este personaje ni este episodio. Esta situación no tiene nada de excepcional en la obra cesariana: los historiadores describen desde hace tiempo los Comentarios no como una obra de historia en el sentido moderno, sino como un texto de apologética política, redactado y difundido por el propio César para legitimar su conquista y su carrera ante la opinión romana.
Varios historiadores modernos, entre ellos Michel Rambaud en su estudio clásico sobre la deformación histórica en César, subrayan que los discursos atribuidos a los jefes galos en los Comentarios cumplen una función narrativa precisa más que reproducir palabras realmente pronunciadas. El discurso de Critognato, por su propio extremismo —la propuesta de canibalismo contra los no combatientes—, sirve para pintar, por contraste, la salvaje desesperación de los sitiados, reforzando la imagen de un ejército romano disciplinado y de una causa romana legítima frente a un enemigo fanático. El hecho de que el consejo de guerra opte finalmente por la opción, apenas menos cruel, de expulsar a los mandubios en lugar de seguir a Critognato no resta nada a la función del discurso: fija, en la mente del lector romano, la medida de lo que los galos habrían estado dispuestos a hacer.
Esta cautela historiográfica no pone en duda lo esencial de los hechos materiales relatados para el asedio de Alesia —el hambre, la expulsión de los mandubios, la rendición final están corroborados, al menos en sus líneas generales, por la topografía del lugar y por los vestigios arqueológicos de las obras de asedio. Solo invita a distinguir, dentro del relato cesariano, lo que corresponde a un hecho verificable y lo que corresponde a una puesta en escena literaria dirigida a un público concreto —una distinción ya aplicada en este proyecto a otros episodios de esta guerra, como la captura de los usipetes y los tenceteros o la propia rendición de Vercingétorix.