
De la conquista de César a la Galia romana · DE 50 A. C. A LA CAÍDA DE ROMA
El capítulo principal evoca, en la sección III, la romanización de Nemausus bajo el reinado de Augusto. Ningún monumento ilustra mejor la capacidad técnica de la administración romana para transformar duraderamente el territorio galo que el Pont du Gard, un simple eslabón —pero el más espectacular— de un acueducto de cincuenta kilómetros de longitud.
El acueducto de Nimes capta el agua en el manantial de Eure, cerca de Uzès, para conducirla hasta la ciudad por simple gravedad, sin ninguna bomba. A lo largo de todo su trazado de más de cincuenta kilómetros, el desnivel total no supera una quincena de metros, lo que obliga a los agrimensores romanos a mantener una pendiente media inferior a 30 centímetros por kilómetro —una precisión que supone levantamientos topográficos de un rigor excepcional para la época, realizados sin los instrumentos de medición modernos.
El Pont du Gard permite que este canal salve el valle del Gardon. La obra superpone tres hileras de arcos: seis en el nivel inferior, que soportan la mayor parte de la carga, once en el nivel intermedio y treinta y cinco en la parte superior, por donde discurre el propio canal. Alcanza algo más de cuarenta y ocho metros de altura, lo que lo convierte en el puente-acueducto más alto jamás construido por Roma. Los bloques de piedra, tallados en la caliza local, se ensamblan sin mortero: es su propio peso, combinado con la precisión del tallado, lo que asegura la estabilidad del conjunto.

Leyenda: El Pont du Gard, puente-acueducto que cruza el valle del Gardon — Marc Ryckaert, CC BY 2.5, vía Wikimedia Commons
Durante siglos, la tradición atribuyó la construcción del acueducto a Agripa, durante su estancia en la Galia hacia el 19 a. C., convirtiendo al Pont du Gard en un contemporáneo directo de las grandes obras augusteas descritas en el capítulo principal. Esta datación pareció durante mucho tiempo coherente con el papel de constructor que Agripa desempeña por otra parte —en particular la red viaria que irradia desde Lyon.
Las excavaciones arqueológicas modernas han revisado, sin embargo, este relato: las monedas halladas durante las obras, así como el estudio de las técnicas constructivas y de las marcas de cantero, sitúan más bien la edificación de la obra a mediados del siglo I d. C., bajo el reinado de Claudio. El nombre de Agripa sigue asociado al proyecto de acueducto en su principio, pero el puente que hoy se visita databa así de una generación, o incluso dos, después de la época augustea cubierta por este capítulo —un útil recordatorio de la prudencia necesaria frente a las atribuciones tradicionales, aquí corregidas por la arqueología antes que por los textos.