Luis el Piadoso: el imperio puesto a prueba (814–840) · ALTA EDAD MEDIA
Entre 830 y 835, el reinado de Luis el Piadoso está dominado por una secuencia de golpes, negociaciones y alianzas cambiantes. La cuestión central es la sucesión: qué reparto es aceptable y quién controla el imperio.
En 830, Pipino y Luis toman el palacio imperial y al emperador. Imponen la destitución de Judith (enviada a un monasterio) y confían Carlos a monjes. Bernardo de Septimania huye y se refugia en sus dominios del sur.
Lotario, vuelto de Italia, mantiene a su padre en el trono, pero bajo su vigilancia como emperador asociado.
Luis obtiene apoyo de obispos germánicos y abre negociaciones con Pipino y Luis, que finalmente rompen con Lotario. En la asamblea de Nimega (830), Lotario acepta volver a Italia.
Luis cuestiona entonces el equilibrio de 817 y prepara una nueva división, formalizada en 831:
La crisis continúa. En la asamblea de octubre de 832 en el palacio de Jocundiacum (cerca de Limoges), Luis confisca los dominios de Pipino y hace aclamar a Carlos el Calvo en Aquitania como promesa de un futuro trono aquitano.
En junio de 833, Lotario regresa al frente de un ejército, acompañado por el papa Gregorio IV, y se une a sus hermanos contra su padre. En el «Campo de las Mentiras», los apoyos de Luis lo abandonan uno a uno. Judith es llevada a Italia y Carlos es internado en el monasterio de Prüm.
En noviembre de 833, en Soissons, Luis sufre una penitencia pública y debe renunciar a la dignidad imperial.
Lotario no logra satisfacer a sus hermanos de forma duradera. Se forma una nueva coalición contra él y se le fuerza a regresar a Italia. En 835, Luis recupera el título imperial en el concilio de Thionville.