Carlos el Simple: compromiso normando, ambiciones imperiales y caída (898–929) · ALTA EDAD MEDIA
En 911, Lotaringia se orienta hacia Carlos el Simple. Este territorio, heredado de los repartos carolingios, es un espacio de frontera entre Occidente y Oriente, entre redes aristocráticas rivales y grandes sedes episcopales.
Cuando Luis el Niño muere (21 de noviembre de 911), las élites lotaringias rechazan el nuevo poder oriental y recurren a Carlos. Figuras como Reginar Long Neck y el conde palatino Wigerico impulsan esta decisión.
Para Carlos, es una ganancia de prestigio. Pero gobernar Lotaringia exige:
Cada decisión puede provocar descontento en otras zonas del reino.
En 911–912, Carlos reactiva el título rex Francorum. Más que fórmula, es una reivindicación de continuidad con el «reino de los francos», ligado a centros simbólicos como Reims y París.
Carlos se apoya en redes lotaringias, en especial vinculadas a Frederuna, y concede honores a parientes y fieles como Haganón.
Desde 914, la cancillería queda dominada por lotaringios, lo que alimenta resistencias entre príncipes occidentales.
Un príncipe como Giselberto actúa con autonomía, respaldado por su proximidad a Enrique el Pajarero. Lotaringia eleva el prestigio de Carlos, pero debilita su coalición en Occidente.
Intentando sostener Lotaringia, Carlos choca con Germania. Derrotado en Pfeddersheim (920) por Enrique, debe estabilizar relaciones. El 7 de noviembre de 921, el tratado de Bonn fija un compromiso diplomático provisional.
El episodio muestra un rasgo típico del siglo X temprano: el rey puede ampliar su esfera, pero su autoridad real depende de mantener coaliciones, región por región.