Luis IV «de Ultramar»: retorno carolingio y guerra de los príncipes (936–954) · ALTA EDAD MEDIA
Tras el cautiverio del rey, Luis IV busca un arma que Hugo el Grande no controle del todo: la Iglesia, sus concilios y sus sanciones.
Entre 947 y 948, varios sínodos se reúnen entre Mosa y Rin bajo impulso de Otón I. En el concilio de Ingelheim (junio de 948), Luis presenta agravios contra Hugo: se le acusa de atacar el poder regio, en particular por su papel en la captura del rey.
La sentencia apunta a legitimidad: Hugo queda amenazado de excomunión si no comparece y repara.
Hugo ignora la sentencia y sigue política de fuerza: devastaciones, presión sobre bienes de Reims y profanaciones. Su red también actúa: Teobaldo de Blois refuerza posiciones y toma Coucy en tierras de Reims.
Los sínodos continúan ofensiva: la excomunión alcanza a ciertos obispos del campo rival. El rey, con aliados, intenta retomar posiciones y restaurar jerarquía eclesiástica favorable.