Teodeberto I: el rey de Austrasia que mira hacia Roma · ALTA EDAD MEDIA
Entre 535 y 553, Italia fue devastada por la guerra gótica: el Imperio de Oriente (Bizancio), dirigido por Justiniano, intentó recuperar Italia a los ostrogodos. Esta guerra creó un vacío de poder que los reyes francos, y en especial Teodeberto, supieron aprovechar.
Tras la muerte del joven rey ostrogodo Atalarico, su madre Amalasunta intentó mantener el poder.
Este asesinato dio a Justiniano un argumento ideal: intervenir en Italia en nombre del orden y la justicia.
Justiniano lanzó la reconquista y confió la operación al general Belisario.
Mientras tanto, cada bando buscó aliados: Bizancio y los ostrogodos intentaron atraer a los francos.
Los reyes francos sabían que tenían una carta decisiva: su ejército.
Los francos evitaron comprometerse por completo: conservaron la opción de cambiar de bando, o actuar por su cuenta.
En este juego de negociaciones, los francos obtuvieron Provenza, lo que les dio acceso directo al Mediterráneo.
Para Teodeberto, fue tanto una ganancia económica como un símbolo político: gobernar el sur significaba acercarse al mundo romano.
A medida que ambos bandos se desgastaban, Teodeberto intentó una gran expedición.
La expedición ilustra una regla del siglo VI: Italia es rica, pero puede destruir un ejército tanto como enriquecerlo.