Luis X el Obstinado: crisis dinástica y reformas bajo presión (1314-1316) · PLENA EDAD MEDIA
Luis X muere el 5 de junio de 1316. El problema inmediato no es solo el duelo: es la sucesión. El reino debe decidir deprisa, porque el Estado no puede quedar sin cabeza.
Los relatos refieren un malestar sobrevenido tras una partida de juego de palma en Vincennes, agravado por la ingesta de un vino helado mientras el rey estaba acalorado. Los cronistas dudan entre pleuresía y neumonía, mientras circulan rumores de envenenamiento.
Luis X es sepultado en Saint-Denis el 7 de junio de 1316. A falta de papa, no puede obtener la autorización de una división corporal, a diferencia de lo que a veces se practica entre los capetos.
La viuda del rey, Clemencia de Hungría, está embarazada. Un hijo nace el 15 de noviembre de 1316: Juan I, rey desde su nacimiento. Pero muere al cabo de unos pocos días (del 15 al 19 de noviembre), abriendo una cuestión explosiva: ¿quién debe reinar?
La nobleza se interroga también sobre el lugar de Juana (hija de Luis X) en la sucesión. En ausencia de un heredero varón directo, se refuerza un principio: preferir una transmisión por vía masculina para los feudos reales.
El poder recae finalmente en Felipe V, hermano de Luis X, ya en posición de árbitro. El episodio marca un punto de inflexión: la sucesión capeta ya no es solo una evidencia biológica, se convierte en un debate de principio, en el que se buscan reglas para decidir.