Roberto II el Piadoso: consolidar la monarquía capetia (996-1031) · PLENA EDAD MEDIA
En torno al año mil, Borgoña es un espacio estratégico: rutas, monasterios, grandes familias. Para la monarquía capetia, tener peso allí significa salir de un poder estrictamente “parisino” y ganar profundidad política.
En octubre de 1002, el duque de Borgoña Enrique I muere sin heredero legítimo. Su hijastro Otón-Guillermo (conde palatino de Borgoña, conde de Mâcon) puede reclamar la herencia, respaldado por señores borgoñones. Pero para Roberto II, Borgoña no es un ducado cualquiera: es una posesión robertiana, un espacio rico en ciudades (Dijon, Auxerre, Langres, Sens) y un corredor estratégico.
La crisis adquiere una dimensión local: una rivalidad entre Hugo de Chalon (obispo de Auxerre, partidario del rey) y Landry de Nevers (aliado de Otón-Guillermo) desencadena la intervención armada.
En la primavera de 1003, Roberto entra en Borgoña, reforzado por Ricardo II de Normandía, pero fracasa ante Auxerre y Saint-Germain d’Auxerre. Regresa en 1005: Avallon cae tras varios días de combate, y luego Auxerre. Se establecen acuerdos: Landry se reconcilia con el rey renunciando a los condados de Avallon y Auxerre; Otón-Guillermo renuncia al título ducal en los acuerdos de 1005-1006. Las posesiones del difunto duque revierten a la Corona, pero queda un obstáculo: Dijon, en manos del obispo de Langres Bruno de Roucy, hostil al rey.
Tras el episodio de Sens, Roberto quiere culminar la toma de Borgoña. La tradición de Dijon menciona una mediación de Odilón de Cluny: el rey renuncia a un asalto directo. La situación se destraba cuando Bruno de Roucy muere a finales de enero de 1016: las tropas reales entran en Dijon poco después. Roberto instala a Lamberto de Vignory en Langres, quien le cede Dijon y su condado.
El joven Enrique (hijo menor del rey) recibe el título ducal, pero Roberto conserva el gobierno de facto y se desplaza regularmente a Borgoña. Más tarde, la muerte del hermano mayor de Enrique en 1025 lo convierte en heredero de la corona; Borgoña se confía entonces al hijo menor Roberto “el Viejo”, fundador de un linaje borgoñón duradero.