Felipe I: perdurar en la Francia feudal (1060–1108) · PLENA EDAD MEDIA
Cuando Enrique I muere en agosto de 1060, Felipe tiene apenas 7 u 8 años. En una monarquía todavía joven, un rey niño significa un peligro real: coaliciones de príncipes territoriales, intentos de usurpación o debilitamiento del dominio real. La regencia no es un paréntesis: es una prueba de supervivencia.
La regencia se organiza en torno a la reina Ana de Kiev, pero el papel determinante recae en el conde Balduino V de Flandes. No se trata de un simple tutor: es uno de los príncipes más poderosos del reino, un diplomático experimentado y un actor vinculado a los equilibrios normandos mediante alianzas familiares.
El desafío no consiste en “gobernar en lugar del rey” en el sentido moderno, sino en sostener juntas tres necesidades:
El poder capetiano se concentra en torno a algunos ejes y fortalezas. Durante la minoría, la regencia busca evitar que los señores vecinos se aprovechen de la debilidad del centro para apoderarse de un castillo, un peaje o una ciudad clave.
Los hechos destacados son precisamente “no acontecimientos”:
En el siglo XI, la ausencia de caos es una victoria política: permite que el rey crezca sin que la dinastía sea derrocada.
En 1067, muere Balduino V. La transición se produce sin crisis mayor: Felipe, ya adolescente, comienza a ejercer el poder más directamente. El régimen ha superado el momento más peligroso: el de una minoría real.