Felipe II Augusto: la afirmación capetina (1180–1223) · PLENA EDAD MEDIA
El 17 de abril de 1182, Felipe Augusto decide la expulsión de los judíos del dominio y procede a confiscaciones. La ruptura es clara con la política de Luis VII, más protectora respecto a las comunidades judías.
La justificación oficial señala a los judíos como responsables de calamidades y disturbios. Pero la medida responde también a una necesidad muy concreta: sanear las arcas reales al comienzo del reinado, cuando las finanzas son frágiles.
La expulsión no dura: en 1198, la prohibición cesa y reaparece una actitud más pragmática. El episodio sigue siendo, sin embargo, una referencia duradera, porque muestra cómo el poder real puede movilizar el argumento religioso para producir un efecto fiscal y político inmediato.
En 1205, el papa Inocencio III exhorta a Felipe a sancionar ciertas actividades judías (carta Etsi non displiceat), recordando que la cuestión sirve también como herramienta de presión moral y de demostración de fervor.