Felipe II Augusto: la afirmación capetina (1180–1223) · PLENA EDAD MEDIA
Tras Bouvines, Felipe Augusto considera que la crisis inglesa puede aprovecharse. Unos barones, hostiles a Juan sin Tierra, ofrecen la corona a su hijo Luis. El asunto no es solo militar: mezcla derecho dinástico, propaganda y relaciones con el papado.
Para justificar la empresa, los capetos denuncian a Juan: traición en los años 1190 y responsabilidad en la desaparición de Arturo de Bretaña. La genealogía de Blanca de Castilla sirve de telón de fondo, pero el argumento decisivo es político: unas élites inglesas quieren derrocar a Juan.
La actitud de Felipe sigue siendo prudente: no apoya oficialmente la expedición, pero es difícil imaginar que se lleve a cabo sin su consentimiento al menos privado.
El desembarco tiene lugar en mayo de 1216. Luis se impone rápidamente: entra en Londres y se instala allí. Algunas plazas fuertes resisten, en particular Windsor, Lincoln y Dover.
Pese a la acogida favorable de una parte del clero inglés, el papado apoya a los leales. Luis es excomulgado.
Juan muere el 19 de octubre de 1216. Los barones hacen coronar a Enrique III, un niño. El nuevo papa Honorio III mantiene la línea: defender al bando leal, aislar a Luis, reconciliar a los barones.
Los apoyos se resquebrajan. Luis regresa a Francia en busca de refuerzos a comienzos de 1217, y luego vuelve a Inglaterra.
La campaña se tuerce:
Luis negocia: la paz se concluye en septiembre de 1217 y se levanta la excomunión.