Felipe II Augusto: la afirmación capetina (1180–1223) · PLENA EDAD MEDIA
La cruzada contra los albigenses, desencadenada en 1208, se convierte rápidamente en un enfrentamiento político: unos barones del norte, encabezados por Simón de Montfort, se oponen a Raimundo VI, conde de Tolosa, y a unos equilibrios meridionales complejos en los que también interviene Pedro II de Aragón.
La cruzada no es solo religiosa: redistribuye el poder en el Mediodía. Tras la batalla de Muret (1213), donde Pedro II es derrotado y muerto, Montfort refuerza su posición y recibe títulos, con el apoyo del papa y el asentimiento capeto.
Felipe Augusto, por su parte, evita intervenir personalmente: prefiere recordar sus derechos de señor feudal y dejar actuar a intermediarios.
Tras La Roche-aux-Moines, Luis parte hacia el Mediodía en abril de 1215. Ayuda a Montfort a consolidar su posición. Sin embargo, Tolosa resiste y la crisis sigue abierta.
Montfort muere ante Tolosa en 1218. El papa designa a Amalarico de Montfort e impulsa una nueva expedición. Luis parte de nuevo en mayo de 1219, se une a Amalarico, participa en el sitio de Marmande y luego intenta tomar Tolosa. Tras cuarenta días de hueste, regresa sin haber podido tomar la ciudad.
Se envía otra expedición en 1221, pero no cambia el equilibrio. En esta etapa, la estrategia capeta sigue siendo prudente: presionar, recordar la soberanía feudal, sin que Felipe se exponga directamente.