Felipe II Augusto: la afirmación capetina (1180–1223) · PLENA EDAD MEDIA
A comienzos de la década de 1220, Felipe Augusto envejece. La monarquía es más poderosa que en el momento de su advenimiento, pero el rey debe ahora organizar la transmisión y gestionar su salud.
En septiembre de 1222, se redacta un testamento mientras el estado del rey hace temer un final próximo. El documento revela la magnitud de los recursos y la lógica de gobierno: prever legados, repartir, estabilizar y dejar un marco claro al sucesor.
Mientras se encuentra en Pacy, Felipe decide asistir a una reunión eclesiástica en París, pese a las advertencias médicas. El esfuerzo lo agota. Muere el 14 de julio de 1223 en Mantes, a los 57 años.
El cuerpo es trasladado a París. Los funerales se organizan en Saint-Denis, en presencia de los grandes del reino. Por primera vez, el cuerpo del rey revestido con las regalia es expuesto, y la muerte del soberano se convierte en un acto público fuertemente ritualizado: el último gesto de soberanía del monarca.