Felipe II Augusto: la afirmación capetina (1180–1223) · PLENA EDAD MEDIA
A la muerte de Felipe Augusto, el dominio real está considerablemente agrandado. El contraste con 1180 es fuerte: de un rey todavía contenido por los barones y un dominio limitado, se pasa a una monarquía capaz de rechazar al rival inglés lejos de París y de mantener conquistas en el tiempo.
Estas conquistas se apoyan en el refuerzo de la hueste real. A comienzos del siglo XIII, el rey dispone en tiempos de paz de varios miles de hombres (caballeros, sargentos de a pie y a caballo, ballesteros, mercenarios), y la capacidad de movilización en tiempos de guerra aumenta considerablemente.
El desafío no es solo ganar una batalla, sino sostener una estrategia a lo largo de varias campañas: asedios, ocupación, control de los ejes de comunicación.
Felipe estabiliza sus ganancias mediante una política de fortificaciones que marca el paisaje.
Las formas evolucionan: se buscan plantas poligonales o cilíndricas, que limitan los ángulos muertos y resisten mejor. Al final del reinado, la torre del homenaje circular y los recintos con torres redondas se convierten en referencias, de las que el Louvre es un ejemplo emblemático.