Luis IX (San Luis): regencia, justicia real y cruzadas (1226–1270) · PLENA EDAD MEDIA
Tras su regreso de Tierra Santa, Luis IX quiere “poner orden” en el reino. La reforma no apunta solo a la administración: también toca los comportamientos, porque el rey se piensa responsable de la salvación de sus súbditos.
En 1254, una serie de medidas (a menudo agrupadas bajo la idea de “gran ordenanza”) encuadra a los oficiales y la justicia, pero comprende también un componente moral: blasfemia, juegos de azar y prostitución.
La prostitución queda entonces prohibida: se conmina a las mujeres a renunciar a ella y se las aleja de los lugares de culto. La represión es gradual (embargos, confiscaciones, destierros) y el poder también financia instituciones de acogida para las “arrepentidas”.
La experiencia demuestra que la prohibición total produce evasiones y efectos perversos. En 1256, la política se ajusta: la prostitución se tolera, pero se la repele fuera de las murallas, lejos de iglesias y cementerios, en lugares específicos y vigilados.
Este giro revela una lógica de gobierno: se pasa de una prohibición moral absoluta a una regulación destinada a mantener el orden público.