Luis IX (San Luis): regencia, justicia real y cruzadas (1226–1270) · PLENA EDAD MEDIA
En la cristiandad del siglo XIII, poseer reliquias excepcionales es una señal de devoción y una fuente de prestigio. Para Luis IX, la adquisición de las reliquias de la Pasión es a la vez un acto de fe y un gesto de soberanía.
En 1237, Balduino II de Courtenay, emperador latino de Constantinopla, viene a pedir ayuda a Luis IX. En la corte de Francia se sabe que los barones latinos de Constantinopla, faltos de dinero, contemplan vender la Corona de espinas.
Balduino suplica a Luis y a Blanca de Castilla que impidan que la reliquia pase a manos extranjeras. El rey financia la operación y envía religiosos capaces de autenticar el objeto.
Los acreedores venecianos han recibido la Corona en garantía. Se llega a un acuerdo: la venta se hace en beneficio del rey de Francia, con la condición de que la reliquia transite por Venecia, donde se expone en San Marcos antes de su partida.
El traslado final se hace por vía terrestre y luego fluvial. La Corona es recibida con una gran puesta en escena: exposición al pueblo, procesión, paso por Notre-Dame y depósito en el palacio. Luis y su séquito llevan el relicario descalzos: la escena une humildad cristiana y majestad capeta.
La Corona abre una serie de adquisiciones. En 1241, Luis IX rescata además otras reliquias de la Pasión (entre ellas una parte de la Vera Cruz, la Santa Esponja y el hierro de la Santa Lanza), consolidando un tesoro sagrado único en Occidente.