Luis IX (San Luis): regencia, justicia real y cruzadas (1226–1270) · PLENA EDAD MEDIA
Tras la muerte de Luis VIII, la monarquía debe afrontar un riesgo clásico: unos príncipes quieren gobernar “en lugar de” un rey niño. La regencia de Blanca de Castilla responde con una mezcla de concesiones, alianzas y campañas selectivas.
Desde 1226, el gobierno busca neutralizar los descontentos:
En el oeste, se busca una tregua con Inglaterra para evitar una doble presión, en particular a través de Ricardo de Cornualles y luego de Enrique III en 1227.
En el verano de 1227, una coalición de señores se niega a ser gobernada por un niño y una reina “extranjera”. Los barones se reúnen y contemplan la posibilidad de secuestrar al rey para separarlo de su madre y gobernar en su nombre.
Momento clave: el intento fracasa gracias a la reacción parisina. Los parisinos se movilizan, protegen al rey y reafirman una alianza política entre la ciudad y la monarquía.
Las coaliciones se rehacen en 1228. Atacan también a los apoyos del poder real (en particular en Champaña) y difunden rumores contra Blanca. Pero los barones son inestables: algunos pasan de la rebelión a la obediencia, impresionados por la realeza incluso encarnada por un adolescente.
En 1230, Luis IX toma la cabeza de la hueste real. Las campañas se dirigen al Oeste y a Champaña:
En 1230, Enrique III desembarca en Saint-Malo, pero no se atreve a entablar una batalla decisiva: la intervención inglesa se queda en nada.
A medida que las operaciones militares y las concesiones selectivas surten efecto, la oposición se disgrega. La sumisión progresiva de los principales rebeldes (entre ellos Pedro Mauclerc en 1234) marca el fin de un ciclo: Luis IX aparece entonces como un rey capaz de guerra, y la regencia ha ganado su apuesta.