Felipe VI de Valois: una dinastía nueva, una guerra que se abre (1328–1350) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
Al inicio del reinado de Felipe VI, Francia no está vuelta únicamente hacia Inglaterra. Desde San Luis, la modernización del derecho y la eficacia de la justicia real atraen hacia la órbita francesa a numerosas regiones fronterizas, en particular en tierras del Imperio.
Ciudades y príncipes vecinos recurren a la justicia real para arbitrar litigios. Oficiales franceses intervienen más allá de las fronteras estrictas:
Este poder de arbitraje amplía una influencia cultural y política: hablar el lenguaje del derecho capeto es entrar parcialmente en la órbita francesa.
La nobleza de la frontera vive a menudo “entre dos mundos”: algunos grandes señores poseen tierras en varios reinos. La corte de Francia atrae a estas élites mediante rentas y una política matrimonial. Los condes de Saboya rinden así homenaje al rey de Francia a cambio de la concesión de pensiones.
En los años 1320–1330, Juan de Luxemburgo (rey de Bohemia, llamado “el Ciego”) frecuenta la corte, al igual que su hijo Wenceslao, futuro emperador Carlos IV.
Hacia 1330, el conflicto entre el papa Juan XXII y el emperador Luis IV se decanta a favor del papa. Desacreditado, el emperador debe abandonar Italia. El rey de Francia ve en ello una oportunidad: reforzar su posición hacia el este y controlar el eje del Ródano, gran vía de comercio entre la Europa del Norte y el Mediterráneo.
En esta lógica, regiones como el Delfinado, la Provenza o el condado de Borgoña son fuertemente codiciadas: la expansión pasa tanto por la influencia, las alianzas y los arbitrajes como por la conquista.