Felipe VI de Valois: una dinastía nueva, una guerra que se abre (1328–1350) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
Los primeros años de guerra no producen una victoria decisiva. El conflicto se estanca: coaliciones, incursiones, asedios, frentes múltiples. En este marco, la capacidad de financiar la guerra se convierte en un factor estratégico.
Felipe VI tiene dificultades para recaudar suficientes impuestos con que sostener el esfuerzo de guerra, la administración y el coste de las rentas repartidas entre los príncipes cuya defección teme. Recurre a mutaciones monetarias repetidas, lo que alimenta la inflación y las críticas.
El rey gobierna con un consejo restringido de allegados, lo que descontenta a los príncipes excluidos. Su estrategia, prudente y a menudo orientada hacia los asedios más que hacia las batallas campales, es mal vista por una caballería que espera rescates y gloria.
Eduardo III, pese a sus dificultades financieras, sabe atraer fidelidades en la Guyena. A finales de 1339, Oliver Ingham, senescal de Burdeos, logra el vuelco de Bernard-Ezy V de Albret, seguido por otros señores. Eduardo lo nombra lugarteniente en Aquitania.
Al frente de tropas gasconas, Albret avanza hacia el este, toma Sainte-Bazeille y asedia Condom. La ofensiva culmina en septiembre de 1340, pero una contraofensiva dirigida por Pierre de la Palu (senescal de Toulouse) obliga a levantar el sitio y permite recuperar las ciudades.
La situación no es más sencilla para Eduardo III en Escocia: la guerrilla se intensifica y las incursiones se multiplican. Francia sigue utilizando este asunto como palanca, acogiendo y apoyando a sus aliados.