Felipe VI de Valois: una dinastía nueva, una guerra que se abre (1328–1350) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
En 1337, la rivalidad franco-inglesa cruza un umbral: lo que era una tensión feudal y diplomática se convierte en guerra abierta. Los agravios se acumulan en torno a la Guyena, las alianzas y la legitimidad.
Para la monarquía francesa, Inglaterra es un vasallo en Francia. Para Inglaterra, el homenaje es una imposición humillante entre soberanos. La ruptura de 1337 marca el fracaso de esta coexistencia.
El 24 de mayo de 1337, Eduardo III, tras negarse a comparecer ante una citación, es condenado a la confiscación de su ducado. El papa Benedicto XII obtiene un aplazamiento: Felipe VI promete no ocupar el ducado de inmediato, lo que deja aún un breve espacio a la mediación.
En la fiesta de Todos los Santos de 1337, el obispo de Lincoln, Henry Burghersh, llega portando un mensaje dirigido a “Felipe de Valois, que se dice rey de Francia”. Es una ruptura explícita del homenaje y una declaración de guerra: la polémica dinástica se asume y se transforma en desafío político.
La guerra de los Cien Años no es solo franco-inglesa: moviliza aliados, ciudades mercantiles, principados e intereses económicos. Incluso antes de la declaración, Eduardo III prepara el terreno mediante una política comercial y financiera (lana, paños, privilegios) que busca hacer bascular a las ciudades del Norte y a los príncipes del Imperio.