Felipe VI de Valois: una dinastía nueva, una guerra que se abre (1328–1350) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
La crisis de 1328 no afecta solo a Francia: afecta también a Navarra y a los principados vinculados a la corona por herencia. Felipe VI debe asegurar París y la cohesión del reino sin crear, junto al rey de Inglaterra, otro “rey extranjero” demasiado poderoso en Francia.
Navarra no sigue la misma práctica sucesoria que Francia: allí se admite la transmisión “por las mujeres”. Juana II de Navarra (hija de Luis X) es la heredera legítima, y los barones navarros reclaman un soberano presente, no un anexo gobernado a distancia desde París.
En abril de 1328, un gran consejo reunido en Saint-Germain-en-Laye deja Navarra a Juana II (y a su esposo Felipe de Évreux), pero se niega a ceder Champaña y Brie.
Ceder Champaña y Brie convertiría a los Évreux-Navarra en príncipes demasiado poderosos, capaces de tomar París entre tenazas desde sus tierras normandas y de Champaña. Felipe VI opta, pues, por una solución de equilibrio: conservar estas tierras cercanas al corazón real y prever una compensación.
El intercambio se fija en 1336: los Évreux reciben en particular el condado de Mortain y, por un tiempo, el condado de Angulema.