Felipe VI de Valois: una dinastía nueva, una guerra que se abre (1328–1350) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
Recién coronado, Felipe VI debe probar que es más que un heredero: un rey capaz de actuar. La crisis flamenca le brinda la ocasión. La batalla de Cassel (23 de agosto de 1328) se convierte en una demostración de fuerza y en un acelerador de legitimidad.
Desde 1323, Flandes se ve sacudida por una insurrección, alimentada por tensiones económicas (industria textil), crisis de subsistencia y una fiscalidad contestada. Las ciudades se dividen: Brujas, Ypres y otras se oponen a Gante, y la guerra civil se instala.
El conde Luis de Nevers pide ayuda al rey. Felipe VI ve en ello la ocasión de restaurar el orden social y de erigirse en garante del orden feudal.
El rey convoca la hueste en Arras, toma la oriflama en Saint-Denis y marcha hacia Cassel. Los insurgentes, atrincherados en el monte Cassel, sorprenden a la infantería francesa. Felipe VI reagrupa entonces la caballería y dirige el contraataque: el enfrentamiento se convierte en una masacre, y la revuelta queda aplastada.
Brujas e Ypres se someten; la represión es severa. Felipe VI gana un prestigio inmediato: aparece como un rey caballero y protector de los príncipes, lo que refuerza su autoridad.