Carlos V el Sabio: reconquista, Estado y Cisma de Occidente (1364–1380) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
Para reconquistar, Carlos V no puede contentarse con llamamientos feudales irregulares. Aprovecha el respiro y las operaciones contra las compañías para poner en pie un ejército más encuadrado, más móvil y más fiable.
Las finanzas se sanean gracias a una fiscalidad más regular. El esfuerzo militar deja de ser un “golpe” puntual: se convierte en una capacidad del Estado para pagar en el tiempo.
La lucha contra las compañías sirve de laboratorio: se identifican capitanes fiables, como Du Guesclin, Olivier de Mauny u Olivier de Clisson, y en torno a ellos se organizan unidades de tamaño limitado, adaptadas:
Un ejército asalariado de varios miles de hombres se vuelve posible. El objetivo es claro: evitar que las tropas desmovilizadas vuelvan al saqueo.
La soldada no se paga “a ciegas”. Los efectivos y el equipo se verifican en el alarde: el pago se condiciona a la presencia y a la calidad del material. Esta lógica transforma la guerra en administración: el rey mantiene su ejército mediante el control.
Frente a la ventaja inglesa en arqueros, el poder fomenta el entrenamiento y favorece los concursos de tiro. El ejército emplea también ballesteros especializados. Las tropas van montadas para desplazarse rápido, aunque combatan a menudo a pie, y se informan mediante una red de mensajeros.
La reconquista se apoya en la recuperación de fortalezas. Se desarrolla así una artillería más importante: en la década de 1370, algunas plazas capitulan bajo un fuego masivo. La artillería se convierte en una herramienta central de la estrategia de asedios.