Carlos V el Sabio: reconquista, Estado y Cisma de Occidente (1364–1380) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
La reconquista de Carlos V no es solo militar. También se apoya en una idea: encarecer la guerra inglesa reduciendo sus aliados, limitando sus mercenarios y ganando la superioridad marítima mediante alianzas.
Carlos V mantiene una relación continua con el emperador Carlos IV. En 1372, obtiene que se obstaculice el reclutamiento de mercenarios alemanes en el ejército inglés. Incluso sin batalla, se trata de una ganancia estratégica: menos hombres, más coste para Inglaterra.
El papado y Aviñón desempeñan un papel clave: dispensas, arbitrajes, legitimidad. La elección de Gregorio XI (1370), papa francés, refuerza la influencia diplomática del reino, aunque la política pontificia obedezca ante todo a sus propios intereses.
Tras la guerra civil castellana, Enrique II se convierte en un aliado sólido. Esta alianza pesa directamente en el mar: contribuye a la derrota inglesa en La Rochelle (1372), lo que dificulta el envío de refuerzos y soldada hacia Aquitania.
En 1371, Carlos V reactiva la Auld Alliance con los escoceses. Apoya también a pretendientes u opositores a los ingleses, como Owain Lawgoch (vinculado a Gales), y busca apoyos en el norte para ampliar el frente diplomático.
Navarra es una amenaza directa: fortalezas, pasos, cambios de alianza. Tras Cocherel, la monarquía actúa para impedir que las plazas navarras sirvan de bases. La presión política y las negociaciones conducen a un retorno forzado a la órbita francesa.
En Flandes, el desafío es económico (la lana inglesa) y dinástico. La diplomacia se juega en Aviñón en torno a las dispensas matrimoniales: impedir un gran principado angloflamenco en el norte es un objetivo central.