Carlos V el Sabio: reconquista, Estado y Cisma de Occidente (1364–1380) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
Para Carlos V, la reconquista debe ser aceptada ante todo. Tras las crisis de la década de 1350, comprende que un soberano no solo recupera tierras: también debe recuperar los corazones. La ocasión se presenta en Guyena, cuando señores y ciudades impugnan la autoridad fiscal del Príncipe Negro.
De regreso de Castilla, vencedor pero arruinado, el Príncipe Negro gobierna Aquitania como un principado y busca recaudar recursos. Impone un fogaje (ordenanza del 26 de enero de 1368). Muchos aquitanos soportan mal esta fiscalidad, tanto más cuanto que compañías desmovilizadas saquean regiones enteras.
El conde Juan de Armagnac, cuyas tierras se ven golpeadas por estas violencias, se niega a pagar un impuesto que considera ilegítimo e injusto: un señor supremo debería proteger, no gravar dejando saquear.
Armagnac intenta primero una gestión del lado inglés. Ante el fracaso, se dirige a Carlos V: según una lectura de las cláusulas de Bretigny, la transferencia completa de soberanía sigue condicionada a la ejecución efectiva de los compromisos (territorios, rescate), lo cual es objeto de disputa.
Al aceptar responder al recurso, Carlos V hace un gesto esencial: reafirma una soberanía superior y hace posible un procedimiento en París contra el Príncipe Negro.
La monarquía deja que la justicia siga su curso y utiliza el tiempo ganado para atraer a señores gascones: exenciones fiscales, dotaciones, privilegios y diplomacia. La estrategia es coherente: hacer bascular el país antes de hacer bascular la guerra.
Las crónicas atribuyen al Príncipe Negro una respuesta de desafío a la convocatoria de París, y a Carlos V una réplica irónica sobre su oficio de jurista: estas fórmulas expresan bien lo que está en juego. La reanudación de la guerra se hace por el derecho, y el derecho se convierte en un arma.
A comienzos de 1369, la guerra se reanuda sobre el terreno: combates locales como Mondalazac permiten a los partidarios franceses recuperar la iniciativa en el Rouergue. Al mismo tiempo, la ruptura se consuma en la cúspide: el rey de Inglaterra retoma sus reivindicaciones y Carlos V pronuncia la confiscación de Aquitania (finales de 1369).