Carlos V el Sabio: reconquista, Estado y Cisma de Occidente (1364–1380) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
El tratado de Guérande (1365) resuelve la sucesión, pero no resuelve la cuestión política: Bretaña busca la neutralidad tras décadas de guerra, mientras que Inglaterra quiere conservar un apoyo marítimo y militar en la fachada atlántica. Para Carlos V, dejar que se reinstale una “puerta inglesa” en Bretaña es inaceptable.
Juan IV de Montfort tiene equilibrios que mantener: alianzas inglesas antiguas, vínculos matrimoniales con el círculo del Príncipe Negro y la oposición de una parte de la nobleza bretona, cansada de la guerra. Temporiza, pero la situación se inclina cuando tropas inglesas desembarcan y utilizan el ducado como corredor de operaciones hacia Poitou y Guyena.
Ya en 1369, refuerzos ingleses desembarcan en Saint-Malo y atraviesan Bretaña antes de sumarse a los frentes del sudoeste. En 1372, nuevos desembarcos agravan la tensión.
La respuesta francesa es inmediata: una fuerza al mando de dos bretones, Bertrand du Guesclin y Olivier de Clisson, entra en Bretaña. El símbolo es fuerte: la monarquía se presenta como protectora, con jefes “del país”. Los ingleses reembarcan precipitadamente y la iniciativa pasa al bando real.
En marzo de 1373, un ejército inglés desembarca en Saint-Malo bajo el mando del conde de Salisbury. Semejante operación supone el acuerdo del duque: para Carlos V, se trata de un casus belli. El ejército real entra en Bretaña y recibe el apoyo activo de una parte importante de la nobleza, que se enrola bajo el estandarte de Du Guesclin.
En pocas semanas, Bretaña queda casi enteramente ocupada: los ingleses solo conservan algunas plazas (en particular Brest, y un puñado de fortalezas). Juan IV abandona el ducado: la crisis se vuelve política.