Carlos V el Sabio: reconquista, Estado y Cisma de Occidente (1364–1380) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
A partir de 1369, Inglaterra pierde terreno frente a una guerra de asedios y adhesiones. Para romper esta dinámica, intenta una estrategia de “estilo antiguo”: la cabalgada, incursión de gran envergadura destinada a devastar la economía y a hacer ceder al adversario políticamente.
En 1373, Juan de Gante, duque de Lancaster, dirige una cabalgada masiva a través de Francia. El objetivo es desviar las fuerzas francesas y agotar la capacidad fiscal de Carlos V.
La respuesta francesa es metódica:
La cabalgada atraviesa regiones enteras pero choca con puertas cerradas (Reims, Troyes). Se alarga, se agota, pierde hombres y caballos, y finalmente alcanza Burdeos con la moral quebrada. Sobre el terreno, la maniobra fracasa: devastar no basta para reconquistar.
A medida que la guerra se estabiliza, se abren negociaciones. Bajo influencia pontificia, se concluye una tregua en Brujas (julio de 1375) que dura hasta 1377. No resuelve el conflicto, pero confirma un hecho: Inglaterra ya solo conserva un espacio aquitano reducido y algunos puntos importantes.
La tregua es también un punto de inflexión generacional: la muerte del Príncipe Negro (1376), y luego la de Eduardo III (1377), sumen a Inglaterra en un periodo de fragilidad política.
Cuando la tregua expira, la guerra se reanuda rápidamente. Las ofensivas se combinan: presión terrestre en Guyena y acciones marítimas, en un contexto en el que los ingleses tienen dificultades para sostener una guerra de guarniciones y asedios a gran escala.