Carlos V el Sabio: reconquista, Estado y Cisma de Occidente (1364–1380) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
Bajo Carlos V, Francia busca menos la “batalla gloriosa” que la recuperación progresiva del terreno. Esta estrategia se apoya en capitanes capaces de librar una guerra de desgaste: Bertrand du Guesclin se convierte en su icono.
Al inicio del reinado, Du Guesclin desempeña un papel decisivo contra las fuerzas de Carlos II de Navarra. La victoria de Cocherel (16 de mayo de 1364) permite asegurar Normandía, abrir el camino de la consagración y romper la idea de que un príncipe puede llevar a cabo una guerra “privada” contra la corona.
Tras la batalla, el poder envía una señal política: los combatientes franceses comprometidos contra el rey pueden ser tratados como traidores, y no como adversarios “de rescate” en una guerra feudal ordinaria.
Los ingleses sobresalen en obligar al adversario a atacar una posición preparada, con arqueros y defensas. Tras Crécy y Poitiers, Carlos V privilegia:
La guerra se vuelve territorial: mantener una plaza es mantener una ruta, un puente, un impuesto, una región. Du Guesclin y otros capitanes coordinan:
Las compañías de mercenarios pueden arruinar el país, pero también son una reserva de combatientes. El desafío consiste en encuadrarlas y emplearlas, en lugar de padecerlas. La guerra “asalariada” avanza: cuesta, pero evita una parte de las violencias anárquicas.
Al inicio del reinado, la política es más dura: aplicar la ley, golpear a los routiers y organizar una respuesta regional con los príncipes y las ciudades. Una vez apretado el cerco, resulta más fácil “desplazar” el problema enviando tropas a combatir fuera del reino.