Carlos V el Sabio: reconquista, Estado y Cisma de Occidente (1364–1380) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
Bajo Carlos V, París se convierte en una capital más defendida y más “estatal”. La ciudad es el corazón del gobierno, de la fiscalidad y de la información: protegerla es proteger el reino.
Tras las crisis de la década de 1350, la seguridad de la capital es un asunto político. Las obras de fortificación materializan:
Carlos V mantiene y transforma una red de residencias, que son a la vez lugares de vida, centros administrativos y refugios en tiempos de crisis. Hace renovar varios sitios (entre ellos Saint-Ouen, Creil, Melun, Montargis, Saint-Germain-en-Laye) y hace construir el hôtel Saint-Pol (1361–1364), desde donde gobierna a menudo.
En 1373 (o 1375), hace también restaurar/erigir el castillo de Beauté, a orillas del Marne: una residencia apreciada, que se convertirá en el lugar de su muerte en 1380.
A partir de 1367, el Louvre se transforma profundamente. Se convierte en una residencia real y un símbolo de gobierno: una fortaleza puesta al servicio de la corte, de la administración y de la puesta en escena del poder, en una época en que la legitimidad debe defenderse tanto con las armas como con las instituciones.
Durante la reconstrucción del Louvre, Carlos V funda una Librería real: un proyecto tan político como cultural. Instala salas dedicadas (en particular en la torre de la Fauconnerie), traslada una parte de los libros y confía su custodia a Gilles Mallet (1368). Los inventarios mencionan cerca de un millar de volúmenes.
La Librería sostiene una política de divulgación: traducir al francés textos útiles para el gobierno. Se encuentran allí obras religiosas, históricas, científicas y filosóficas, así como textos de pensamiento político. Se encargan traducciones (Aristóteles con los comentarios de Nicolás Oresme, La Ciudad de Dios traducida por Raoul de Presles, o también tratados de gobierno). Se conceden préstamos para copiar: el saber está destinado a formar una élite de oficiales y administradores.
La Librería real no es una institución “estable” en el sentido moderno: puede ser dispersada, reconstituida, trasladada. Pero la idea de una biblioteca del soberano se transmite. Varios siglos después, esta continuidad contribuye al nacimiento de la Biblioteca nacional de Francia.