[{"data":1,"prerenderedAt":36},["ShallowReactive",2],{"hreflang:/es/zoom/p7ch4z6-1528-1547-mecenazgo-real-y-desarrollo-del-renacimiento-frances":3,"zoom:p7ch4z6-1528-1547-mecenazgo-real-y-desarrollo-del-renacimiento-frances:es":7},{"fr":4,"en":5,"es":6},"/zoom/p7ch4z6-1528-1547-mecenat-royal-et-developpement-de-la-renaissance-francaise","/en/zoom/p7ch4z6-1528-1547-royal-patronage-and-the-development-of-the-french-renaissance","/es/zoom/p7ch4z6-1528-1547-mecenazgo-real-y-desarrollo-del-renacimiento-frances",{"period":8,"chapter":26,"zoom":29},{"id":9,"title":10,"titleEn":11,"titleEs":10,"range":12,"rangeEn":12,"rangeEs":12,"covers":13},"p7","Renacimiento","Renaissance","1461 → 1610",[14,17,20,23],{"filename":15,"url":16},"British_-_Field_of_the_Cloth_of_Gold_-_Google_Art_Project.jpg","https://commons.wikimedia.org/wiki/Special:FilePath/British_-_Field_of_the_Cloth_of_Gold_-_Google_Art_Project.jpg?width=1600",{"filename":18,"url":19},"Marignan-1515-francois1er.jpg","https://commons.wikimedia.org/wiki/Special:FilePath/Marignan-1515-francois1er.jpg?width=1600",{"filename":21,"url":22},"ChateauDeChambord.jpg","https://commons.wikimedia.org/wiki/Special:FilePath/ChateauDeChambord.jpg?width=1600",{"filename":24,"url":25},"Henri_IV_Toschi_(format_original).jpg","https://commons.wikimedia.org/wiki/Special:FilePath/Henri_IV_Toschi_(format_original).jpg?width=1600",{"id":27,"title":28},"p7ch4","Francisco I: el rey caballero y el Renacimiento francés (1515–1547)",{"id":30,"title":31,"chapterId":27,"html":32,"hasEn":33,"isFallback":34,"seoDescription":35},"p7ch4z6","1528–1547: mecenazgo real y desarrollo del Renacimiento francés","\u003Cp>La segunda mitad del reinado de Francisco I (1528-1547) está marcada por un desarrollo excepcional de las artes, las letras y las ciencias, convirtiendo a Francia en uno de los principales focos del Renacimiento europeo.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>🏰 El contexto del mecenazgo real\u003C/h2>\n\u003Cp>Al regresar de su cautiverio en Madrid, en 1526, Francisco I orienta sensiblemente el rumbo de su reinado: sin renunciar a sus ambiciones italianas, dedica en adelante una parte creciente de su energía y de los recursos del reino a convertir a Francia en uno de los grandes focos culturales de Europa. Las razones de este giro son múltiples y están estrechamente entrelazadas. Hay, en primer lugar, un cálculo político bastante claro: compensar con el prestigio de las artes lo que las derrotas militares —Pavía en primer lugar— habían costado a la imagen del rey, y presentarse como un príncipe del Renacimiento capaz de rivalizar con las cortes italianas o con el Imperio de Carlos V. Hay también, sin duda, un gusto sincero, heredado de la educación humanista de su juventud, una curiosidad real por las novedades y las innovaciones, y el deseo, muy propio de los grandes príncipes del Renacimiento, de dejar una huella duradera en la historia. Hay, por último, una estrategia más amplia: atraer a Francia a los mejores talentos extranjeros, modernizar el reino y forjar, en torno a la monarquía, los primeros rasgos de una cultura nacional.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>🎨 El mecenazgo artístico\u003C/h2>\n\u003Cp>Nada ilustra mejor esta ambición que el desfile de artistas italianos que Francisco I atrae a su corte. El más prestigioso de todos, \u003Cstrong>Leonardo da Vinci\u003C/strong>, llega ya en 1516 —antes incluso del gran giro de 1526—, a los sesenta y cuatro años, al final de su carrera, con el título de «primer pintor, ingeniero y arquitecto del rey»; trae consigo, se dice, la Gioconda, y se instala en Clos Lucé, cerca de Amboise, donde muere en 1519. La leyenda quiso más tarde que expirara en los brazos del propio rey, un relato conmovedor, pero muy probablemente apócrifo. Le siguen otros: Andrea del Sarto, venido a pintar los retratos de la familia real en 1518-1519 antes de regresar a Italia para atender otros encargos; \u003Cstrong>Rosso Fiorentino\u003C/strong>, llegado en 1530 tras el trauma del saco de Roma, que se convierte en el verdadero director artístico de Fontainebleau y realiza allí su famosa Galería de Francisco I, antes de morir en 1540, probablemente por suicidio; \u003Cstrong>Francesco Primaticcio\u003C/strong>, formado junto a Julio Romano en Mantua, que le sucede a partir de 1532 y desarrolla con él ese estilo tan particular que se llamará la Escuela de Fontainebleau. Benvenuto Cellini, por último, permanece en Francia de 1540 a 1545: orfebre y escultor de temperamento tan turbulento como genial, realiza allí su célebre salero de oro y esmalte antes de regresar a Italia.\u003C/p>\n\u003Cp>La creación francesa no se queda atrás. \u003Cstrong>Jean Clouet\u003C/strong>, retratista oficial de la corte, probablemente de origen flamenco, fija para la posteridad los rasgos del rey y de su familia en un estilo de realismo preciso, antes de que su hijo François Clouet continúe su obra. \u003Cstrong>Jean Goujon\u003C/strong>, escultor activo desde la década de 1540, da a Francia, con la fuente de los Inocentes y la tribuna de las Cariátides del Louvre, sus primeras grandes obras maestras de la escultura renacentista. \u003Cstrong>Philibert Delorme\u003C/strong>, formado en Italia, introduce en la arquitectura un clasicismo refinado —se le debe en particular el castillo de Anet, construido para Diana de Poitiers— y expone su práctica en tratados que influirán en generaciones de arquitectos. A estas creaciones individuales se suman innumerables encargos reales: retratos y decoraciones para los castillos, estatuaria en mármol o bronce, tapices, mobiliario precioso, orfebrería y esmaltes de Limoges, toda una producción cuyo taller de tejido instalado en París prefigura, de lejos, lo que mucho más tarde se convertirá en la manufactura de los Gobelinos.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>📚 El mecenazgo literario\u003C/h2>\n\u003Cp>El gusto del rey por las letras se traduce primero en un desarrollo considerable de la biblioteca real, heredada de Carlos V y ampliamente enriquecida bajo su impulso, conservada primero en Blois y trasladada después a Fontainebleau, bajo la custodia del gran humanista \u003Cstrong>Guillaume Budé\u003C/strong>. Manuscritos griegos traídos de Oriente por agentes reales, manuscritos latinos reunidos por toda Europa, los primeros libros impresos: a la muerte del rey cuenta con más de mil ochocientos volúmenes, abierta a sabios y humanistas, y constituye ni más ni menos que la primera biblioteca real moderna de Europa, la lejana antecesora de la actual Biblioteca Nacional de Francia.\u003C/p>\n\u003Cp>Es también por impulso de Budé que Francisco I funda, en 1530, el \u003Cstrong>Colegio de lectores reales\u003C/strong>, futuro Collège de France, concebido para enseñar las disciplinas que la Sorbona, juzgada demasiado conservadora, se había negado a admitir: griego con Pierre Danès, hebreo con François Vatable, matemáticas con Oronce Fine, medicina con Jacques Dubois, filosofía con Pierre de La Ramée. Gratuito, abierto a todos, independiente de la Universidad, el establecimiento atrae de inmediato a las mejores mentes de Europa. En torno al rey gravitan también escritores a los que protege con una constancia que apenas flaquea: \u003Cstrong>Clément Marot\u003C/strong>, su ayuda de cámara y poeta oficial, obligado sin embargo a exiliarse cuando se sospecha de sus simpatías protestantes; \u003Cstrong>François Rabelais\u003C/strong>, protegido por el cardenal Jean du Bellay y cuyas obras, Gargantúa y Pantagruel, son censuradas regularmente por la Sorbona sin que el rey deje nunca del todo de ampararlo; el propio Guillaume Budé, considerado el mayor humanista francés de su tiempo; y \u003Cstrong>Margarita de Navarra\u003C/strong>, hermana del propio rey, autora del Heptamerón, cuya corte de Nérac se convierte en un foco cultural y en un refugio para escritores y reformadores. En 1538, la fundación de la imprenta real del Louvre, confiada al gran impresor humanista \u003Cstrong>Robert Estienne\u003C/strong>, completa este edificio: dotada de la primera tipografía griega de calidad, publica ediciones críticas de textos antiguos que sirven de referencia en toda Europa.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>🏰 La arquitectura y el urbanismo\u003C/h2>\n\u003Cp>El reinado de Francisco I transforma también, de manera muy concreta, el paisaje francés. En \u003Cstrong>Chambord\u003C/strong>, cuya construcción se inicia en 1519 probablemente bajo la dirección de Domenico da Cortona, se alza un manifiesto de la arquitectura renacentista francesa: cuatrocientas cuarenta estancias, ochenta y cuatro escaleras, trescientas sesenta y cinco chimeneas, y una célebre escalera de doble hélice. En \u003Cstrong>Fontainebleau\u003C/strong>, transformado a partir de 1528 por Gilles Le Breton y después por Philibert Delorme, el rey instala su residencia favorita, con su galería homónima y el patio del Caballo Blanco, cuna de la escuela que lleva el nombre del castillo. En \u003Cstrong>Blois\u003C/strong>, el ala de Francisco I, construida entre 1515 y 1524, marca la transición entre el gótico y el Renacimiento con su escalera monumental de caracol; allí muere también, en 1524, la reina Claudia de Francia. En \u003Cstrong>Saint-Germain-en-Laye\u003C/strong>, por último, donde había nacido en 1519 el futuro Enrique II, el rey manda reconstruir a partir de 1539 un castillo nuevo de estilo renacentista bajo la dirección de Pierre Chambiges.\u003C/p>\n\u003Cp>Esta energía constructora no se limita a las residencias reales: en 1517, Francisco I funda un puerto moderno destinado al comercio atlántico, bautizado primero Franciscópolis en su honor antes de convertirse en Le Havre-de-Grâce, el primer gran puerto moderno del reino; en 1545, un proyecto de ciudad nueva para la industria textil, en el emplazamiento de la actual Villeneuve-d’Ascq, queda inconcluso a su muerte; y la propia París no escapa a esta fiebre constructora, con la reconstrucción del Ayuntamiento a partir de 1533, la del puente Notre-Dame, el ensanche de varias calles y la construcción de nuevas fuentes públicas.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>🧪 Las ciencias y las técnicas\u003C/h2>\n\u003Cp>El mecenazgo real no se limita a las artes: Francisco I protege también a los sabios. \u003Cstrong>Oronce Fine\u003C/strong>, primer titular de la cátedra de matemáticas del Colegio real, produce tratados de geometría y mapas del mundo y desarrolla nuevos instrumentos de medición. \u003Cstrong>Jacques Cartier\u003C/strong>, financiado por el rey, explora Canadá en 1534, 1535 y después en 1541, en busca de un paso hacia Asia y de un lugar para la colonización: si bien descubre el San Lorenzo, el intento de colonización fracasa. \u003Cstrong>Bernard Palissy\u003C/strong>, protegido más tarde por la reina madre Catalina de Médici, innova en la cerámica y da cursos públicos de ciencias naturales. En cuanto a \u003Cstrong>Ambroise Paré\u003C/strong>, da sus primeros pasos como joven cirujano militar acompañando a los ejércitos reales en las últimas campañas de Italia, antes de convertirse, en 1552 bajo Enrique II, en cirujano oficial del rey: la carrera de este gran innovador de la medicina militar se arraiga así directamente en el contexto que Francisco I había contribuido a crear. Otros proyectos, como un jardín botánico dedicado a las plantas medicinales o un observatorio astronómico, quedan en fase de esbozo bajo este reinado y no verán la luz hasta sus sucesores: el Jardin des Plantes bajo Enrique IV, el Observatorio de París bajo Luis XIV.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>🎭 La vida de corte\u003C/h2>\n\u003Cp>En torno a este fermento artístico y erudito se despliega una vida de corte de un fasto sin precedentes. Torneos regulares, sobre todo durante el carnaval, en los que el rey y los grandes señores rivalizan en trajes suntuosos; bailes y mascaradas organizados con motivo de bodas, victorias o visitas diplomáticas, sobre temas mitológicos o alegóricos, al ritmo de la música de corte y de las nuevas danzas —la pavana, la gallarda—; representaciones teatrales, misterios, moralidades y farsas, que evolucionan poco a poco hacia una forma más literaria y humanista. El ceremonial real se codifica en el mismo movimiento: el levantamiento del rey se convierte en un ritual cotidiano regulado hasta el más mínimo detalle, las comidas siguen un servicio «a la francesa» en el que todos los platos se presentan juntos según una estricta etiqueta de precedencia, y la caza, pasión devoradora del rey, se organiza en torno a un acondicionamiento sistemático de los bosques reales y una gran cacería real.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>📜 Un balance contrastado\u003C/h2>\n\u003Cp>El balance de este mecenazgo, examinado con perspectiva, dista de ser unívoco. Sus éxitos son reales: Francia se convierte, bajo Francisco I, en un foco cultural de primer orden, capaz de atraer a los mejores talentos extranjeros, de modernizarse en contacto con el Renacimiento italiano y de forjar, en torno al rey, la imagen duradera de un príncipe ilustrado. Pero este resplandor tiene un coste, financiero primero —los gastos suntuarios pesan gravemente sobre un tesoro ya castigado por las guerras—, y estructural también: este mecenazgo, muy centrado en la persona real y en su corte, deja en la sombra a la mayor parte del pueblo, y numerosos grandes proyectos —Villeneuve-d’Ascq, el observatorio, ciertas obras arquitectónicas— quedan inconclusos a la muerte del rey.\u003C/p>\n\u003Cp>No por ello deja de ser duradero el legado: un Renacimiento francés que, lejos de limitarse a importar el modelo italiano, desarrolla un estilo propio —la Escuela de Fontainebleau, esa mezcla singular de gótico tardío y Renacimiento—, instituciones que atraviesan los siglos —el Collège de France, la biblioteca real, la imprenta del Louvre— y una lengua francesa promovida, a través de esta efervescencia, al rango de verdadera lengua de cultura. Es esta imagen, la del rey constructor, mecenas y modernizador, la que se impondrá en la memoria colectiva, aunque la realidad, como se ha visto, fue a la vez más contrastada y, a su manera, aún más interesante.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>🧠 Para recordar\u003C/h2>\n\u003Cul>\n\u003Cli>\u003Cstrong>1526\u003C/strong>: regreso del cautiverio, giro del reinado hacia el mecenazgo cultural\u003C/li>\n\u003Cli>\u003Cstrong>Artistas italianos\u003C/strong>: Leonardo da Vinci (1516-1519), Rosso Fiorentino (1530-1540), Primaticcio (a partir de 1532), Cellini (1540-1545)\u003C/li>\n\u003Cli>\u003Cstrong>1530\u003C/strong>: fundación del Colegio de lectores reales, futuro Collège de France\u003C/li>\n\u003Cli>\u003Cstrong>1538\u003C/strong>: fundación de la imprenta real del Louvre, dirigida por Robert Estienne\u003C/li>\n\u003Cli>\u003Cstrong>Castillos\u003C/strong>: Chambord (desde 1519), Fontainebleau (desde 1528), ala de Francisco I en Blois, Saint-Germain-en-Laye\u003C/li>\n\u003Cli>\u003Cstrong>1517\u003C/strong>: fundación de Le Havre, primer gran puerto moderno del reino\u003C/li>\n\u003Cli>\u003Cstrong>Escritores protegidos\u003C/strong>: Clément Marot, François Rabelais, Margarita de Navarra\u003C/li>\n\u003Cli>Un reinado que hace entrar a Francia en el Renacimiento, pese al coste financiero y a la falta de conclusión de numerosos proyectos\u003C/li>\n\u003C/ul>\n\u003Chr>\n\u003Cp>\u003Cstrong>Próximo zoom\u003C/strong>: La segunda y la tercera guerra contra Carlos V (1536-1544).\u003C/p>\n",true,false,"La segunda mitad del reinado de Francisco I (1528-1547) está marcada por un desarrollo excepcional de las artes, las letras y las ciencias, convirtiendo a",1786625701014]