[{"data":1,"prerenderedAt":36},["ShallowReactive",2],{"hreflang:/es/zoom/p7ch4z9-1547-muerte-y-sucesion-de-enrique-ii":3,"zoom:p7ch4z9-1547-muerte-y-sucesion-de-enrique-ii:es":7},{"fr":4,"en":5,"es":6},"/zoom/p7ch4z9-1547-mort-et-succession-par-henri-ii","/en/zoom/p7ch4z9-1547-death-and-succession-by-henry-ii","/es/zoom/p7ch4z9-1547-muerte-y-sucesion-de-enrique-ii",{"period":8,"chapter":26,"zoom":29},{"id":9,"title":10,"titleEn":11,"titleEs":10,"range":12,"rangeEn":12,"rangeEs":12,"covers":13},"p7","Renacimiento","Renaissance","1461 → 1610",[14,17,20,23],{"filename":15,"url":16},"British_-_Field_of_the_Cloth_of_Gold_-_Google_Art_Project.jpg","https://commons.wikimedia.org/wiki/Special:FilePath/British_-_Field_of_the_Cloth_of_Gold_-_Google_Art_Project.jpg?width=1600",{"filename":18,"url":19},"Marignan-1515-francois1er.jpg","https://commons.wikimedia.org/wiki/Special:FilePath/Marignan-1515-francois1er.jpg?width=1600",{"filename":21,"url":22},"ChateauDeChambord.jpg","https://commons.wikimedia.org/wiki/Special:FilePath/ChateauDeChambord.jpg?width=1600",{"filename":24,"url":25},"Henri_IV_Toschi_(format_original).jpg","https://commons.wikimedia.org/wiki/Special:FilePath/Henri_IV_Toschi_(format_original).jpg?width=1600",{"id":27,"title":28},"p7ch4","Francisco I: el rey caballero y el Renacimiento francés (1515–1547)",{"id":30,"title":31,"chapterId":27,"html":32,"hasEn":33,"isFallback":34,"seoDescription":35},"p7ch4z9","1547: muerte y sucesión de Enrique II","\u003Cp>Francisco I muere el 31 de marzo de 1547 en el castillo de Rambouillet, a los 52 años, tras un reinado de 32 años. Su hijo Enrique II le sucede, heredando un reino transformado por el Renacimiento pero enfrentado a nuevos desafíos.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>⚕️ Los últimos meses\u003C/h2>\n\u003Cp>Desde 1546, aparecen los primeros signos de debilidad en un rey ya minado desde hacía años por problemas de salud recurrentes —muy probablemente una enfermedad venérea, probablemente la sífilis, contraída en su juventud, en el origen de abscesos repetidos, en particular en la pierna, y de accesos de fiebre cada vez más frecuentes—. El rey sigue gobernando, sin embargo, alternando estancias entre Fontainebleau, Saint-Germain y Rambouillet, preocupado hasta el final por la cuestión de la sucesión, por sus relaciones con Carlos V y por el problema protestante que nunca había logrado resolver. En marzo de 1547, se retira al castillo de Rambouillet para una estancia de caza y descanso, rodeado de una pequeña corte y de algunos allegados, sin sospechar que ya no ha de salir de allí.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>⚕️ La enfermedad final\u003C/h2>\n\u003Cp>En Rambouillet, el estado del rey se degrada bruscamente: abscesos, septicemia, fiebre intensa, dolores difíciles de soportar. Los médicos llamados a su cabecera solo pueden multiplicar los remedios de la época —sangrías, purgantes, lavativas—, sin gran efecto sobre un cuerpo agotado por treinta y dos años de reinado, de guerras y de estrés. El 29 de marzo, su estado empeora bruscamente; el 30, su conciencia se altera por momentos, le invade el delirio; en la noche del 31 de marzo al 1 de abril, hacia la medianoche, Francisco I se extingue. La posteridad retiene varias causas probables de su muerte —sífilis terciaria, septicemia generalizada a partir de un absceso, complicaciones urémicas ligadas a la enfermedad venérea, puro y simple agotamiento de un cuerpo llevado más allá de sus límites—, sin que ninguna de ellas pueda establecerse con absoluta certeza.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>⚰️ Los últimos momentos\u003C/h2>\n\u003Cp>Consciente de su fin cercano, el rey había tenido buen cuidado de mantener al día su testamento, fijando sus últimas disposiciones para la sucesión, las exequias y sus legados. A su cabecera se reúnen su hijo Enrique, el delfín, el condestable Anne de Montmorency, varios cardenales, médicos y sirvientes, mientras recibe los últimos sacramentos. La tradición histórica le atribuye unas últimas palabras de consejo a su hijo: gobernar con prudencia, mantener la unidad del reino, preservar la fe católica mostrándose a la vez circunspecto frente a los protestantes, proseguir la rivalidad con Carlos V sin excesos, preservar las instituciones y las finanzas del Estado. Estas últimas palabras, como sucede a menudo en estos casos, fueron sin duda en parte reconstruidas a posteriori por los cronistas y allegados del rey; pero su contenido, en todo caso, coincide bien con el temperamento y las preocupaciones que habían caracterizado a Francisco I a lo largo de todo su reinado.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>🏛️ El anuncio de la muerte y la sucesión\u003C/h2>\n\u003Cp>Desde el 1 de abril, se envían mensajeros por todo el reino para proclamar la noticia según la fórmula consagrada: «¡El rey ha muerto, viva el rey!». En la corte, la tristeza se mezcla ya con la expectación de un nuevo reinado; el pueblo comparte esta mezcla de duelo y esperanza; en el extranjero, Carlos V se entera de la noticia con un interés fácil de imaginar, mientras que aliados y adversarios reevalúan de inmediato sus posiciones. La sucesión se organiza sin sobresaltos: \u003Cstrong>Enrique II\u003C/strong>, de veintiocho años, ya curtido en el gobierno y en la experiencia del mando militar, toma en sus manos los asuntos del reino, manteniendo en un primer momento a los principales consejeros de su padre, empezando por Anne de Montmorency, asegurando así una transmisión del poder tan legítima como pacífica.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>⚰️ Las exequias\u003C/h2>\n\u003Cp>El cuerpo del rey es trasladado por etapas de Rambouillet a Saint-Germain-en-Laye, después a París, antes de llegar, en un cortejo impresionante saludado a lo largo de todo el trayecto por la población, a la basílica de \u003Cstrong>Saint-Denis\u003C/strong>, necrópolis tradicional de los reyes de Francia. Las exequias se celebran allí con gran pompa el \u003Cstrong>11 de mayo de 1547\u003C/strong>, cuarenta días después de la muerte del rey, según un ceremonial fastuoso que reúne a toda la corte, a los grandes dignatarios del reino y a los embajadores extranjeros. Francisco I reposa ya allí junto a sus predecesores, bajo un sepulcro monumental encargado por Enrique II y realizado más tarde por los escultores Pierre Bontemps y Germain Pilon: un conjunto de estilo renacentista, en mármol y bronce dorado, en el que las estatuas del rey y de la reina Claudia de Francia, representados en oración, dominan unos relieves consagrados a los grandes momentos de su vida —batallas, victorias, mecenazgo—.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>👑 Enrique II, heredero de un reinado contrastado\u003C/h2>\n\u003Cp>Nacido el 31 de marzo de 1519 en el castillo de Saint-Germain-en-Laye, casado desde 1533 con \u003Cstrong>Catalina de Médici\u003C/strong>, con quien tendrá diez hijos, Enrique II llega al poder con una experiencia real de los asuntos de Estado: ha formado parte del Consejo del rey, ha comandado ejércitos —en particular durante el sitio de Perpiñán en 1542— y ha representado a su padre en varias negociaciones diplomáticas. Su reinado se abre en la continuidad —los mismos consejeros, la misma rivalidad con los Habsburgo, la misma severidad creciente hacia los protestantes—, pero con un estilo sensiblemente distinto: más austero, menos fastuoso, más volcado hacia la guerra y el fortalecimiento del Estado que hacia el mecenazgo, con la influencia creciente de nuevos favoritos, empezando por Diana de Poitiers y la familia de Guisa.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>📜 El balance de un reinado de treinta y dos años\u003C/h2>\n\u003Cp>Treinta y dos años después de su advenimiento, Francisco I deja un reino profundamente transformado, pero también cargado de contradicciones sin resolver. En el plano de la política exterior, el balance es desigual: Francia nunca logra reconquistar de forma duradera el Milanesado, pese a décadas de esfuerzos y a gastos considerables, pero ha sabido preservar su independencia frente al poder abrumador de Carlos V, innovando incluso diplomáticamente —la alianza otomana, por controvertida que fuera, sigue siendo el ejemplo más llamativo—. En el plano interno, el aparato del Estado sale reforzado del reinado, pese a unas finanzas crónicamente difíciles y a un endeudamiento masivo que el rey deja a su sucesor. En el plano cultural, en cambio, el éxito es incuestionable: es efectivamente bajo Francisco I cuando el Renacimiento arraiga verdaderamente en Francia, a través de su mecenazgo, sus castillos, sus instituciones —el Collège de France, la biblioteca real, la imprenta del Louvre— que atraviesan los siglos.\u003C/p>\n\u003Cp>El gran fracaso del reinado sigue siendo, sin lugar a dudas, la cuestión religiosa: la Reforma protestante, que Francisco I nunca logra ni contener mediante la persuasión ni aplastar mediante la represión, deja a su hijo todo un problema sin resolver, cuyo desenlace, una generación más tarde, adoptará la forma sangrienta de las guerras de Religión. Esa es, en definitiva, la imagen más justa que cabe conservar de este reinado: la de un soberano profundamente contrastado, mecenas generoso y a veces guerrero desafortunado, humanista sincero y perseguidor por necesidad política, cuya propia energía y cuyas propias contradicciones convirtieron a Francia, entre 1515 y 1547, en un actor de primer orden en la Europa del Renacimiento, al precio de un legado tan brillante como problemático, que su hijo Enrique II había de asumir a su vez.\u003C/p>\n\u003Chr>\n\u003Ch2>🧠 Para recordar\u003C/h2>\n\u003Cul>\n\u003Cli>\u003Cstrong>31 de marzo de 1547\u003C/strong>: muerte de Francisco I en el castillo de Rambouillet, a los 52 años\u003C/li>\n\u003Cli>\u003Cstrong>11 de mayo de 1547\u003C/strong>: exequias en la basílica de Saint-Denis\u003C/li>\n\u003Cli>\u003Cstrong>Sucesión\u003C/strong>: Enrique II, de 28 años, ya curtido en el gobierno, asegura una transición pacífica\u003C/li>\n\u003Cli>\u003Cstrong>Balance cultural\u003C/strong>: arraigo duradero del Renacimiento francés, instituciones fundadas para siglos\u003C/li>\n\u003Cli>\u003Cstrong>Balance militar\u003C/strong>: el Milanesado nunca reconquistado de forma duradera, pero independencia preservada frente a Carlos V\u003C/li>\n\u003Cli>\u003Cstrong>Gran fracaso\u003C/strong>: la Reforma protestante no dominada, legada a Enrique II\u003C/li>\n\u003Cli>Un reinado de treinta y dos años, tan brillante por sus logros culturales como contrastado por sus fracasos políticos y religiosos\u003C/li>\n\u003C/ul>\n\u003Chr>\n\u003Cp>\u003Cstrong>Próximo capítulo\u003C/strong>: Enrique II y las guerras de Religión (1547-1559).\u003C/p>\n",true,false,"Francisco I muere el 31 de marzo de 1547 en el castillo de Rambouillet, a los 52 años, tras un reinado de 32 años. 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