
≈ –500 à –400 av. J.-C.
A finales del siglo V a. C., las sociedades celtas del territorio de la futura Francia entran en una fase de profunda transformación. No existe todavía la “Galia” romana, pero ya se forman sus bases culturales y políticas.
Entre 480 y 450 a. C. se afirma la cultura de La Tène, que sustituye progresivamente a Hallstatt:
El eje principal del mundo celta se desplaza hacia el noreste:
Allí se concentran élites, metalurgia y redes comerciales.
En el sur, Massalia conecta a los celtas con el Mediterráneo:
Aparecen dirigentes capaces de controlar intercambios, acumular riqueza y sostener poder militar. El prestigio combina armas de calidad, importaciones y rituales funerarios de alto rango.
La Galia participa en rutas europeas (ámbar, estaño, vino) y en movimientos humanos de gran escala hacia Italia, Balcanes e Iberia. No es periferia: es un núcleo del mundo celta.
Pese a su dinamismo, la Galia no forma un estado unificado:
Esta fragmentación será decisiva frente a Roma.