
≈ –400 à –200 av. J.-C.
En los siglos IV y III a. C., el mundo galo-celta alcanza su máxima expansión. Su influencia se extiende desde la Galia hasta Italia, los Balcanes y Anatolia.
Hacia 390 a. C., grupos galos dirigidos por Breno derrotan a Roma en el Allia y ocupan la ciudad. El episodio, asociado a “Vae victis”, deja una huella duradera en la memoria romana.

Zoom: El saqueo de Roma por los galos
Entre 400 y 200 a. C., los celtas ocupan un espacio inmenso:
Pueblos como senones, boyos e ínsubres se establecen en el valle del Po. No son incursiones aisladas: son implantaciones territoriales duraderas.
En el siglo III a. C., grupos celtas penetran en Grecia y parte de ellos se instala en Anatolia. El mundo celta se convierte en actor geopolítico de primer orden.
En 218 a. C., varios pueblos galos se alían con Aníbal contra Roma en Italia.
La potencia celta no desemboca en unidad estatal:
Esa falta de coordinación limitará su capacidad frente a Roma.