
≈ –200 à –58 av. J.-C.
En el siglo II a. C., el equilibrio galo cambia. Tras siglos de expansión celta, surge una potencia decisiva al sur: Roma.

Entre 125 y 121 a. C., Roma interviene en la región de Massalia, oficialmente para asistir a su aliada griega. Derrota a varios pueblos, entre ellos salios, alóbroges y arvernos.
Detrás de la intervención, el objetivo era estratégico: asegurar el corredor entre Italia e Hispania.
Tras las victorias, Roma organiza la provincia de Gallia Narbonensis. Esto permite:

La Galia sigue estructurada por potencias regionales:
No existe autoridad central. Las alianzas cambian con rapidez y la competencia por ejes comerciales (como Saona-Ródano) es constante.
La rivalidad eduos-sécuanos llevó a estos últimos a pedir apoyo germano. El líder Ariovisto venció a sus rivales, pero su presencia se transformó en dominación territorial.
La Galia quedó atrapada entre:
En 58 a. C., Julio César derrotó primero a los helvecios y luego a Ariovisto. Esta victoria lo presentó como “protector” de aliados galos, pero en realidad abrió la vía a una ocupación romana duradera.