Los orígenes de la humanidad · PREHISTORIA
Determinar la edad exacta de vestigios de varios cientos de miles de años plantea un reto científico particular: ningún archivo escrito permite datar directamente estas huellas. Los arqueólogos recurren por ello a métodos físicos y geológicos indirectos, aplicados a los sedimentos y a los propios objetos, para situar en el tiempo yacimientos como Lézignan-la-Cèbe o Pont-de-Lavaud, entre los más antiguos conocidos en Francia.
El paleomagnetismo explota una propiedad de los minerales ferromagnéticos: al enfriarse una roca, estos registran la dirección del campo magnético terrestre en el momento de su formación. Ahora bien, este campo se invierte periódicamente a lo largo de los tiempos geológicos —el polo norte magnético bascula hacia el sur, y viceversa. El límite más útil para la prehistoria antigua es el que separa los periodos Matuyama y Brunhes, ocurrido hace unos 780 000 años: los vestigios hallados bajo una capa de polaridad invertida son, por tanto, necesariamente anteriores a esa fecha.
La resonancia de espín electrónico (RSE, o ESR en inglés) completa este enfoque en un periodo más amplio, de 20 000 años a un millón de años. Este método se basa en el hecho de que ciertos cristales —esmalte dental, cuarzo, calcita, estalagmitas— atrapan progresivamente electrones bajo el efecto de la radiación radiactiva natural presente en su entorno. Esta acumulación, reiniciada a cero por el calor o la exposición a la luz en el momento del depósito, actúa como un reloj que los investigadores pueden después «leer» en el laboratorio. Es precisamente este método el que ha permitido datar Pont-de-Lavaud.
El yacimiento de Bois-de-Riquet, en el municipio de Lézignan-la-Cèbe (Hérault), se excava cada año desde su descubrimiento en 2008, bajo la dirección de Laurence Bourguignon, investigadora del INRAP y originaria del municipio, asistida en particular por L. De Weyer. Esta continuidad, poco frecuente para un yacimiento tan antiguo, ha permitido perfeccionar año tras año la comprensión del depósito.
Las campañas sucesivas han confirmado la riqueza excepcional del yacimiento: las veintitrés herramientas de cuarcita y basalto halladas en la misma capa que más de cuatrocientos restos faunísticos lo convierten en uno de los pocos depósitos europeos donde industria lítica y fauna datable coexisten con tanta claridad para un periodo tan remoto, comparable a los yacimientos de Pirro Nord (Italia) y Kozarnika (Bulgaria). Su datación combina varios enfoques complementarios: el paleomagnetismo, la biocronología —basada en la comparación con fósiles de lagomorfos ya conocidos en capas geológicas de edad equivalente en España— y la datación radiométrica de una colada basáltica suprayacente, que acota la edad máxima del yacimiento en 1,57 millones de años.
El yacimiento de Pont-de-Lavaud, en el municipio de Éguzon-Chantôme (Indre), fue localizado en 1982 durante prospecciones realizadas en el marco del programa de investigación P.13, tras haber sido expuesto por obras viarias. Un levantamiento detallado del corte visible se realizó ya en 1983, antes de que una excavación limitada, llevada hasta el sustrato rocoso, se emprendiera en 1984 bajo la dirección de Denis Vialou, con Águeda Vilhena Vialou como codirectora.
Esta excavación reveló una estratigrafía inusualmente compleja para un yacimiento de esta edad: ocho capas distintas, repartidas en tres secuencias sedimentológicas, testigos de varias fases sucesivas de depósito. Es en este complejo contexto fluvial, datado por resonancia de espín electrónico en unos 1,1 millones de años, donde pudo sacarse a la luz la industria sobre guijarros de cuarzo, basada en la técnica bipolar sobre yunque, y situarla con precisión en su contexto geológico.