La Galia frente a Roma · ANTIGÜEDAD
El capítulo principal cita sucesivamente a Diviciaco, druida eduo enviado a defender la causa de su pueblo en Roma (apartado III), y a Dumnórige, cómplice de la conspiración de Orgetórige y después artífice del paso secreto de los helvecios por territorio secuano (apartado IV), sin precisar nunca el vínculo que los une: estos dos hombres son hermanos. Sus trayectorias opuestas, uno prorromano, el otro ferozmente hostil a Roma, ofrecen un atajo revelador de las tensiones que atraviesan la Galia en vísperas de la conquista cesariana.
Diviciaco ocupa un lugar único entre las fuentes antiguas: es el único druida de la Antigüedad cuya existencia está atestiguada con certeza bajo su propio nombre, en particular por el propio César en sus Comentarios. Defensor constante de la alianza eduo con Roma, es él quien se presenta en persona ante el Senado romano, hacia el 63/60 a. C., para pedir ayuda militar contra Ariovisto (apartado III) —en vano, como ya se ha visto. Esta fidelidad a la causa romana, nunca desmentida pese a este fracaso, encuentra su recompensa cuando César interviene en la Galia en el 58 a. C.: Diviciaco se convierte entonces en uno de sus interlocutores y aliados galos más cercanos, actuando en particular como intermediario en las negociaciones con otros pueblos galos.
Su hermano menor Dumnórige sigue un camino diametralmente opuesto. Alimentado por la ambición personal, se une ya en el 61 a. C. a la conspiración de Orgetórige (véase el zoom dedicado), sellando esta alianza con la promesa de su propio matrimonio con la hija del jefe helvecio. En el 58 a. C., es de nuevo él quien facilita en secreto el paso de los helvecios por territorio secuano, en contra de los intereses diplomáticos que defiende su propio hermano. Su fortuna personal, procedente del arrendamiento de las tasas y peajes eduos, le permite mantener una clientela y una caballería propias —una base de poder independiente que preocupa de forma duradera a César, quien sin embargo lo perdona en un primer momento, por consideración hacia Diviciaco.
El indulto concedido a Dumnórige no dura, sin embargo. En el 54 a. C., mientras el ejército de César se prepara para embarcar hacia Britania desde el puerto Icio, Dumnórige, al frente de la caballería eduo, se niega a embarcar y huye del campamento con sus jinetes. Alcanzado por la caballería romana lanzada en su persecución, muere con las armas en la mano, gritando, según la tradición recogida por César, que era «un hombre libre, de un Estado libre». Esta muerte, ocurrida cuatro años después de los hechos cubiertos por este capítulo, cierra de forma elocuente la trayectoria abierta ya en el 61 a. C.: allí donde Diviciaco había elegido, hasta el final, la alianza con Roma, su hermano muere afirmando, arma en mano, una independencia que toda la Galia está a punto de perder.