Felipe V el Largo: estabilizar el reino tras la crisis (1316–1322) · PLENA EDAD MEDIA
La crisis de 1316 obliga al reino a decidir: ¿cómo transmitir la corona cuando ya no hay un heredero varón directo? La solución adoptada favorece fuertemente una sucesión por vía masculina.
Se impone la idea de que la corona pertenece a un orden público: no se reparte y no se transmite como una tierra ordinaria. El objetivo es evitar los conflictos entre pretendientes.
Tras la muerte de Juan I, Juana (hija de Luis X) es apoyada por una parte de su parentela borgoñona. Pero su legitimidad se pone en duda, y Felipe la presenta como un obstáculo directo a su advenimiento.
El 2 de febrero de 1317, una asamblea reunida en París proclama a Felipe mejor situado que Juana y afirma que «la mujer no sucede al reino de Francia».
Contrariamente a una idea muy extendida, la «ley sálica» no se menciona en los debates de 1317. La referencia a los francos salios es una construcción más tardía, utilizada después para «oficializar» una práctica de exclusión de las mujeres.
Apartar ciertas pretensiones femeninas no es solo una decisión del momento: fabrica una regla. En el siglo XIV, esta lógica será reutilizada y justificada a posteriori, hasta convertirse en un elemento central de la tradición monárquica.