Felipe V el Largo: estabilizar el reino tras la crisis (1316–1322) · PLENA EDAD MEDIA
Felipe V gobierna en la continuidad capeta: reforzar los procedimientos, controlar a los oficiales y estabilizar los recursos. El objetivo es evitar el retorno de las crisis del reinado precedente y de la revuelta de 1314–1315.
El poder busca vigilar mejor la administración: limitar los abusos, clarificar las competencias y reforzar la trazabilidad financiera. En 1317, Felipe V reedita un acto (de 1311) que condena la enajenación y el desvío de los recursos reales y de los cargos provinciales.
En 1318, va más lejos: un nuevo acto distingue el dominio real (vinculado de manera duradera a la corona) de las tierras y títulos confiscados, únicos susceptibles de ser redistribuidos. Esto refuerza la idea de una corona «inalienable», al tiempo que tranquiliza a los nobles sobre la estabilidad de sus posesiones, siempre que no sean confiscadas.
El reinado se acompaña de esfuerzos de reforma monetaria y de una voluntad de estandarizar los pesos y medidas, pese a resistencias, en particular en el Mediodía. El objetivo es hacer más previsibles la fiscalidad y los intercambios.
Felipe V se rodea de especialistas: legistas y contables organizan la reforma. El futuro cardenal Pierre Bertrand asesora al rey sobre la moneda en el Parlamento. El tesoro se organiza bajo la autoridad de Enrique de Sully.
En enero de 1320, la ordenanza de Vivier-en-Brie crea la Cámara de Cuentas, que se convertirá más tarde en el Tribunal de Cuentas. La centralización financiera progresa, aunque algunos agentes (como el tesorero Giraud Gayte) se vuelven impopulares.
La monarquía se afirma como árbitro: quiere ser el punto de apelación y de regulación, en particular cuando los conflictos locales amenazan con degenerar.