Felipe V el Largo: estabilizar el reino tras la crisis (1316–1322) · PLENA EDAD MEDIA
En 1321, el reino se ve recorrido por miedos colectivos: rumores de envenenamiento, acusaciones, investigaciones y represión. En un contexto de crisis económica y social, la sospecha se propaga rápidamente.
Circula una supuesta conspiración: los leprosos habrían envenenado los pozos, por orden de la comunidad judía, la cual actuaría a su vez, supuestamente, por cuenta de potencias musulmanas. La acusación es endeble, pero desencadena violencias.
En junio de 1321, mientras el rey se encuentra en Poitiers para reformar el sistema fiscal, Felipe es informado de la difusión del miedo. Publica un edicto que ordena quemar a todo leproso declarado culpable de envenenamiento y confiscar sus bienes en beneficio de la corona.
La monarquía queda atrapada: avalar la persecución alimenta la violencia, condenarla puede parecer que debilita la autoridad. Felipe evita una política general de castigo contra los judíos, lo que limita el alcance de ciertos excesos, sin impedir por ello algunas partidas.
El episodio muestra un reino frágil: el orden social descansa en la confianza, y cuando esta se quiebra, la monarquía se ve obligada a actuar con rapidez, a veces con brutalidad.