Carlos IV el Hermoso: último Capeto directo y bisagra dinástica (1322-1328) · PLENA EDAD MEDIA
En la década de 1320, gobernar significa estabilizar: restaurar la confianza, asegurar los ingresos y controlar a los agentes del rey. Carlos IV se inscribe en la continuidad administrativa consolidada bajo Felipe V, prosiguiendo la burocratización y buscando economías.
Las mutaciones monetarias y las tensiones de precios fragilizan el orden económico. El poder busca limitar los desequilibrios y preservar un mínimo de previsibilidad para el impuesto y el comercio. Como expediente, la corona recurre también a tasas sobre las mercancías.
Tras las revueltas y las cartas provinciales del reinado de Luis X, la monarquía avanza con prudencia: quiere recursos, pero debe evitar reactivar las resistencias locales. Entre los expedientes, algunas confiscaciones afectan a redes mercantiles, en particular a comerciantes italianos.
Otro recurso es una décima recaudada con el acuerdo del papa, oficialmente en nombre de la cruzada, pero útil para sanear las arcas.
El reinado prosigue la lógica capeta: investigar los abusos, sancionar, reorganizar. Carlos IV castiga a financieros lombardos y persigue las malversaciones: hace arrestar a Giraud Gayte, antiguo superintendente de finanzas de Felipe V, acusado de una malversación masiva. Lo reemplaza por Pedro de Rémi, quien a su vez será ejecutado bajo el reinado siguiente por concusión.
En la cancillería, Carlos IV se apoya primero en Pierre Rodier (su antiguo canciller del condado de la Marche), y luego Jean de Cherchemont asume el cargo en 1323. Bajo la influencia recuperada de Carlos de Valois, hombres como el tesorero Jean Billouart entran en el gobierno. Se encuentran también legistas como Guillaume de la Brosse, Raoul de Presles y Guillaume Flote.