Carlos IV el Hermoso: último Capeto directo y bisagra dinástica (1322-1328) · PLENA EDAD MEDIA
Tras la muerte de Carlos IV, varios pretendientes pueden hacer valer derechos. El trono recae finalmente en Felipe VI, primer rey Valois. Esta solución asegura una continuidad “por vía masculina” dentro del parentesco capeto, pero no cierra todos los debates.
La lógica adoptada privilegia una transmisión masculina y evita que la corona pueda pasar, a través de una heredera, a otra dinastía. Esta lectura busca la estabilidad interna, pero crea también frustraciones.
Tres pretensiones dominan:
Las pretensiones que pasan por mujeres son rechazadas en nombre de un razonamiento político: si una mujer no puede reinar, tampoco puede transmitir el derecho a reinar.
Contrariamente a una idea muy extendida, no se apoya entonces en una “ley sálica” redescubierta y estabilizada como doctrina. La referencia a los francos salios se utilizará más tarde para “oficializar” una práctica ya instaurada.
Inglaterra posee tierras en Francia y un parentesco capeto por vía femenina. La combinación de “derechos dinásticos” y “desafíos feudales” alimenta una rivalidad de soberanía. En los años siguientes, esta tensión se convertirá en una crisis mayor.
La decisión de 1328 tiene también un efecto colateral: la Navarra es restituida a su heredera legítima, Juana II, mientras que Francia pasa a los Valois.