Carlos IV el Hermoso: último Capeto directo y bisagra dinástica (1322-1328) · PLENA EDAD MEDIA
Flandes sigue siendo un foco de inestabilidad. Tras el compromiso diplomático alcanzado bajo Felipe V, la situación se degrada: la lealtad del conde y el orden social flamenco son impugnados, lo que amenaza también el equilibrio feudal del reino de Francia.
En 1323, estalla una revuelta campesina dirigida por Nicolaas Zannekin. El conde Luis I de Flandes llega incluso a ser encarcelado en Brujas. A corto plazo, Carlos IV puede parecer indiferente: el debilitamiento del conde beneficia a la corona.
En 1325, la situación empeora: la revuelta impide el pago de las sumas debidas al rey y representa una amenaza más amplia para el orden feudal. Carlos IV declara a los rebeldes culpables de alta traición, solicita su excomunión y moviliza fuerzas.
Pero el rey está absorbido por la crisis de Guyena: no puede llevar a cabo todas las intervenciones a la vez.
La monarquía privilegia finalmente una solución negociada: la rebelión se resuelve mediante la paz de Arques (1326). El episodio revela un problema duradero: Flandes es indispensable para el comercio y lo bastante poderosa para resistir las órdenes, lo que obliga a París a alternar presión y compromiso.