Carlos VI: minoría, locura y guerra civil (1380–1422) · PLENA EDAD MEDIA
El gobierno de los tíos hereda un Estado más eficiente… y, por tanto, con mayor capacidad para exigir impuestos. Pero la sociedad seguía siendo frágil: demografía debilitada, economías locales inestables, memoria de las crisis. En este contexto, la fiscalidad de guerra se convirtió en detonante de revueltas.
Cuando los impuestos aumentaban o se prolongaban, la contestación no era solo económica: apuntaba a la legitimidad de quienes gobernaban. Las ciudades podían organizarse, movilizar gremios y transformar un conflicto fiscal en una crisis de orden público.
En enero de 1382, el consejo restableció antiguos impuestos y derechos indirectos. La protesta se extendió rápidamente por el norte de Francia. En Ruán, la revuelta de la Harelle estalló a finales de febrero. En París, el 1 de marzo de 1382, los amotinados llamados Maillotins saquearon la ciudad y atacaron a los recaudadores de impuestos, golpeándolos con mazas de hierro.
La reacción fue dura: la monarquía tuvo que restablecer el orden, pero también preservar su capacidad de financiamiento. Reprimir, castigar y luego reorganizar: ejecuciones y colgamientos de cabecillas, ceremonial de sometimiento de las ciudades y restablecimiento administrativo. Esta brutalidad era también un mensaje: el rey y el consejo pretendían reafirmar la autoridad en un momento en que la minoría hacía vulnerable al poder.