Carlos VI: minoría, locura y guerra civil (1380–1422) · PLENA EDAD MEDIA
La crisis flamenca era un asunto de primer orden: ciudades ricas, tensiones sociales y encrucijada comercial. Se convirtió también en un expediente político para los príncipes: intervenir era restablecer el orden… y reforzar la propia legitimidad.
Las ciudades flamencas, y en particular Gante, vivieron conflictos internos que desembocaron en una oposición abierta. El conde de Flandes y los medios urbanos se enfrentaron, y jefes como Felipe van Artevelde cristalizaron la revuelta. La inestabilidad inquietaba a las potencias vecinas: Inglaterra podía encontrar en ella una palanca, y Borgoña veía en ello un espacio estratégico.
El 27 de noviembre de 1382, Carlos VI participó en la expedición a Flandes. En Roosebeke, las fuerzas reales obtuvieron una victoria decisiva sobre los flamencos sublevados. El condestable Olivier de Clisson desempeñó un papel fundamental en el aplastamiento de las tropas insurgentes. La batalla ilustraba una lógica: el Estado y los príncipes querían impedir que una gran revuelta urbana creara precedente, y asegurar un espacio económico clave.
La victoria fue seguida de una restauración autoritaria: el poder debía probar que podía castigar, pero también gobernar de forma duradera.