Carlos VI: minoría, locura y guerra civil (1380–1422) · PLENA EDAD MEDIA
Tras Roosebeke, la prioridad ya no era vencer a un enemigo exterior: había que reimplantar la obediencia de las ciudades y restaurar la capacidad fiscal de la monarquía. Felipe el Atrevido desempeñó un papel motor: restaurar la autoridad real era restaurar el impuesto.
En Compiègne, el 4 de enero de 1383, el duque de Borgoña fijó las grandes líneas de la política real para el año: someter las ciudades, asegurar los ingresos y reafirmar la soberanía mediante una ceremonia pública.
El ritual estaba diseñado para impresionar los ánimos. Tras devolver el oriflama a Saint-Denis (10 de enero), Carlos VI realizó su entrada en París al día siguiente:
El 27 de enero de 1383, el municipio parisino fue confiscado: la prevostía y el échevinage pasaron «a manos del rey», y ciertas estructuras urbanas (incluidas algunas maestrías de gremios) fueron suprimidas. El sometimiento se completó con una puesta en escena de la misericordia: el 1 de marzo de 1383, una gran ceremonia concedió el perdón tras un discurso de Pierre d’Orgemont y una súplica colectiva.
El protocolo se repitió: entradas reales, multas, confiscaciones, reorganizaciones. Ruán fue especialmente castigada (multa y pérdida de privilegios), mientras que Languedoc fue penalizado «en bloque» antes de las negociaciones: la monarquía aprendió a obtener la obediencia sin perder duraduramente el consentimiento de las élites locales.