Carlos VI: minoría, locura y guerra civil (1380–1422) · PLENA EDAD MEDIA
Roosebeke no extinguió de inmediato la crisis flamenca. Flandes seguía siendo un espacio donde se cruzaban la guerra de los Cien Años, el comercio de la lana y el Gran Cisma. Entre 1383 y 1385, el teatro flamenco se convirtió en un terreno de enfrentamientos indirectos y equilibrios negociados.
En el contexto del Cisma, el bando romano respondió: Urbano VI respaldó una cruzada predicada en Inglaterra por Enrique Despenser, obispo de Norwich. En 1383, la expedición desembarcó en Calais y ocupó plazas del litoral (Dunkerque, Bergues, Bourbourg…), antes de intentar el asedio de Ypres.
La reacción franco-borgoñona fue rápida: se convocó al ejército, los ingleses retrocedieron y la expedición acabó retirándose, dejando la impresión de una operación costosa y políticamente ambigua.
A la muerte de Luis de Male (enero de 1384), Felipe el Atrevido afirmó la sucesión mediante entradas solemnes: se trataba de demostrar que Flandes estaba bajo control y que el orden volvía. Una tregua temporal limitó las hostilidades, pero la cuestión de Gante seguía abierta.
Tras la reanudación de los combates, los franceses y los borgoñones retomaron Damme (28 de agosto de 1385). Gante quedó aislada y obligada a negociar. El tratado de Tournai (18 de diciembre de 1385) restableció la paz en el condado: