Carlos VII: Juana de Arco, la reconquista y la restauración del Estado (1422–1461) · PLENA EDAD MEDIA
En 1422, la muerte de Carlos VI abre una crisis poco común: dos bandos reivindican la corona, en nombre del Tratado de Troyes o en nombre de las “leyes fundamentales” del reino.
El Tratado de Troyes (1420) pretende organizar la sucesión en beneficio de la dinastía inglesa. Enrique V, presentado como heredero del reino, muere el 31 de agosto de 1422 en el castillo de Vincennes, antes de que Carlos VI fallezca en el hotel Saint-Pol de París menos de dos meses después, el 21 de octubre de 1422.
De ello se sigue que el joven Enrique VI de Inglaterra, bebé de nueve meses, sucede a su padre como rey de Inglaterra el 1 de septiembre de 1422 y dobla la apuesta el 22 de octubre de 1422 convirtiéndose también en rey de Francia, bajo la regencia de su tío paterno el duque de Bedford, que va a gobernar en París. La alianza anglo-borgoñona lleva entonces la idea de un “rey de Francia” inglés.
Para los partidarios del delfín, el tratado es inválido: la corona no es un bien personal, y un rey debilitado por la enfermedad no puede disponer de las reglas fundamentales. A la muerte de Carlos VI (21 de octubre de 1422), Carlos se proclama rey con el nombre de Carlos VII el 30 de octubre de 1422.
Pero entonces es incapaz de respetar la tradición haciéndose coronar en la catedral de Reims, pues el país está infestado por las tropas enemigas. Se sienta por primera vez en majestad, en compañía de su esposa, María de Anjou, en la catedral Saint-Étienne de Bourges.
Gobierna primero desde el sur (en torno a Bourges), con recursos limitados y una legitimidad por reconquistar.