
1422 à 1461
La llegada al trono de Carlos VII, en 1422, se produjo en condiciones de extrema fragilidad. A la muerte de Carlos VI, el reino de Francia no estaba unificado en torno a un único soberano: en virtud del Tratado de Troyes de 1420, el joven Enrique VI de Inglaterra era reconocido en París como heredero de la corona, mientras que el delfín, refugiado en Bourges, se proclamaba rey con el nombre de Carlos VII. El nuevo reinado se abría, pues, con una pregunta fundamental: ¿quién era el verdadero rey de Francia?
Esta crisis no era únicamente dinástica. Era también territorial, política y militar. El norte del reino, París y gran parte de Normandía escapaban al control del nuevo soberano. El partido borgoñón, aliado de los ingleses desde el asesinato de Juan sin Miedo en 1419, seguía respaldando el orden nacido de Troyes. La monarquía Valois parecía reducida a un estrecho espacio en torno al Loira, hasta el punto de que los contemporáneos hablarían más tarde a veces del “rey de Bourges”.
Sin embargo, este reinado también comenzaba con una posibilidad de recuperación. A pesar del aislamiento político, la debilidad financiera y la presión inglesa, Carlos VII conservaba el apoyo de una parte importante de las élites del centro y del sur del reino. En torno a él se mantenía una legitimidad capeto-valesa que ni el Tratado de Troyes ni los éxitos militares ingleses podían borrar del todo. Esta lealtad al delfín convertido en rey constituyó el fundamento sobre el que se construiría la reconquista.
Fue en este contexto donde apareció Juana de Arco, figura capital del reinado. A través de su intervención, el levantamiento del sitio de Orléans en 1429 y luego la coronación en Reims, otorgó al rey una nueva legitimidad, a la vez política, religiosa y simbólica. Si Carlos VII no debió su recuperación solo a Juana, su acción marcó no obstante un giro decisivo: transformó a un rey disputado en soberano consagrado e hizo posible la reconquista del reino.
El reinado de Carlos VII es, pues, uno de los más decisivos de la historia de la Francia medieval. Comenzó en la duda, casi en el borramiento, pero terminó con la espectacular restauración de la autoridad real. Entre estos dos momentos se desarrollaron varias etapas mayores: la alianza con Juana de Arco, la reconciliación con Borgoña, la reforma del ejército y la fiscalidad, y luego la progresiva expulsión de los ingleses del reino.
Así, el capítulo de Carlos VII es el de una transformación profunda. No fue únicamente una reconquista militar, sino una refundación política de la monarquía. Bajo su reinado, la corona salió lentamente de la guerra civil y de la tutela inglesa, mientras se ponían en marcha instrumentos de gobierno más duraderos. Con Carlos VII, Francia pasó de la supervivencia dinástica a la reconstrucción del poder real.
El año 1423 se abría en una situación muy desfavorable para Carlos VII. Proclamado rey en Bourges tras la muerte de Carlos VI, solo controlaba realmente una parte del centro y del sur del reino, mientras que el norte de Francia, París y gran parte de Normandía permanecían bajo la dominación anglo-borgoñona. El nuevo reinado comenzaba, pues, bajo el signo del aislamiento político y militar.
Este aislamiento se agravó con el Tratado de Amiens, firmado el 13 de abril de 1423. Mediante este acuerdo, el regente inglés Juan de Lancaster, duque de Bedford, el duque Felipe el Bueno y la casa de Bretaña estrecharon su alianza contra el rey valés. El tratado reconocía a Enrique VI como rey de Francia y comprometía a sus signatarios a actuar juntos contra Carlos VII. La participación bretona era especialmente significativa: significaba que el duque Juan V de Bretaña, aunque siempre preocupado por preservar cierto margen de autonomía, aceptaba entonces alinearse con el marco diplomático anglo-borgoñón.
Este acercamiento se consolidó poco después con el matrimonio de Bedford con Ana de Borgoña, celebrado el 13 de mayo de 1423. Esta unión reforzaba los lazos entre los intereses ingleses y borgoñones en el preciso momento en que el partido de Carlos VII seguía buscando establecer su legitimidad. El bando contrario parecía entonces políticamente más estructurado, mejor conectado por alianzas principescas y más sólidamente instalado en la parte norte del reino.
Batalla de Cravant: Bibliothèque nationale de France, Public domain, via Wikimedia Commons
En este contexto, la situación militar del rey de Bourges seguía siendo frágil. El momento más grave del año fue la batalla de Cravant, el 31 de julio de 1423. Las fuerzas franco-escocesas comprometidas para retomar la iniciativa en el norte del reino fueron batidas cerca de Cravant, en Borgoña, por un ejército anglo-borgoñón. Esta derrota cerró efectivamente el acceso de Carlos VII al norte de Francia y confirmó su marginalización territorial. Contribuyó también a fijar, en los años siguientes, la imagen de un soberano reducido a sus tierras del Loira y de Berry, a quien sus adversarios designaban con gusto como el “rey de Bourges”.
Este año difícil no estaba, sin embargo, completamente desprovisto de motivos de esperanza para el bando valés. El 3 de julio de 1423, el futuro Luis XI, hijo de Carlos VII, nació en Bourges. Este nacimiento reforzaba la continuidad dinástica de la casa de Valois en el preciso momento en que el tratado de Troyes buscaba precisamente descalificarla. En un reino disputado, donde la cuestión de la legitimidad real seguía siendo central, la existencia de un heredero directo constituía un elemento político importante.
Batalla de La Brossinière: Bibliothèque nationale de France, Public domain, via Wikimedia Commons
Sobre todo, el fin del año mostró que la resistencia francesa no había sido quebrada. El 26 de septiembre de 1423, las tropas francesas ganaron una victoria en la batalla de La Brossinière, también llamada batalla de La Gravelle. Un ejército inglés que devastaba el Maine y el Anjou fue interceptado y gravemente derrotado. Este éxito, limitado a escala del reino, tenía no obstante un gran alcance simbólico: probaba que los ingleses no eran invencibles, que su dominación no era sin resistencia, y que el bando de Carlos VII seguía siendo capaz de lograr victorias locales a pesar de los reveses sufridos más al norte.
Los años 1424 y 1425 confirmaron la extrema fragilidad de la posición de Carlos VII al comienzo de su reinado. Después de las dificultades de 1423, el rey tuvo que enfrentarse a una nueva gran derrota militar, mientras los ingleses continuaban su avance en Normandía y el Oeste. Sin embargo, en este contexto muy desfavorable, algunos signos de resistencia ya aparecían, notablemente en torno al Mont-Saint-Michel y a través del nombramiento de Arturo de Richemont al frente del ejército real.
La catástrofe principal de esta secuencia fue la batalla de Verneuil, librada el 17 de agosto de 1424. Las fuerzas de Carlos VII, apoyadas notablemente por contingentes escoceses, fueron batidas allí por el ejército inglés del duque de Bedford. La derrota fue muy pesada y recordaba, por su alcance simbólico, los grandes reveses sufridos por Francia en el siglo XIV. Deshizo las esperanzas de una rápida reconquista del norte del reino y reforzó en cambio la dominación anglo-borgoñona sobre las regiones septentrionales. Para el partido valés, Verneuil apareció como uno de los últimos grandes fracasos antes de la recuperación ulterior del reinado.
En la estela de esto, los ingleses aumentaron su presión sobre las posiciones todavía sostenidas por los leales de Carlos VII. El 28 de septiembre de 1424, pusieron sitio al Mont-Saint-Michel, uno de los pocos reductos franceses que quedaban en la costa normanda. La importancia de este sitio era tanto estratégica como simbólica: el Monte era una fortaleza difícil de reducir, pero también un lugar religioso mayor cuya resistencia mantenía viva la idea de que no toda Normandía estaba sometida. El sitio continuó hasta el 24 de junio de 1425, sin éxito decisivo para los ingleses.
El año 1425 comenzó, sin embargo, con una decisión importante para la monarquía valesa. El 7 de marzo, Arturo III de Richemont, hermano del duque de Bretaña, se convirtió en condestable de Francia. Este nombramiento marcaba un intento de reorganización militar y política en torno a un príncipe bretón de alto rango, capaz de acercar la corona a ciertos círculos bretones y de dar una dirección más firme a la resistencia. Richemont no transformó inmediatamente la situación, pero su entrada en primer plano constituyó un paso importante en la progresiva reconstrucción del bando de Carlos VII.
En 1426, el contexto general seguía siendo desfavorable para el rey de Bourges. Fuera del reino, la victoria borgoñona en Brouwershaven, el 13 de enero, reforzó aún más la posición de los príncipes aliados al bando anglo-borgoñón. Al mismo tiempo, el gobierno de Carlos VII continuaba apoyándose en gran medida en el entorno angevino, notablemente en Yolande de Aragón, suegra del rey, que conservaba una influencia decisiva en los asuntos del reino y en el equilibrio de la corte.
El asunto principal de 1427 fue, sin embargo, interno. El 8 de febrero, Pierre II de Giac, favorito de Carlos VII, fue arrestado en Issoudun por orden del condestable Arturo de Richemont y con el apoyo de Yolande de Aragón. Acusado de abusar de su proximidad al rey y de desviar los asuntos del gobierno en beneficio propio, fue juzgado rápidamente y luego ejecutado por ahogamiento. El episodio mostró cuánto la corte de Carlos VII estaba entonces dominada por rivalidades personales y por la lucha por controlar el acceso al soberano.
La desaparición de Giac no puso fin a estas tensiones; al contrario, abrió una nueva fase de inestabilidad. Durante el año, otro allegado del rey, Le Camus de Beaulieu, fue asesinado, mientras Georges de La Trémoille se imponía progresivamente como el nuevo favorito real y como una de las figuras más influyentes del gobierno. Este ascenso al poder acentuó la fricción con Arturo de Richemont, cuya autoridad militar y política parecía amenazada.
En el frente militar, sin embargo, el año no fue enteramente desfavorable al rey. El 5 de septiembre de 1427, el sitio de Montargis fue levantado gracias a la intervención de Juan de Dunois, llamado el Bastardo de Orléans, de La Hire y de otros capitanes leales al rey. Los ingleses, que habían estado sitiando la ciudad, sufrieron una clara derrota. Este éxito era importante, menos por su alcance territorial que por su alcance moral: constituía uno de los primeros grandes reveses ingleses de esta fase de la guerra y mostraba que el bando de Carlos VII conservaba una real capacidad de resistencia.
El año 1428 constituyó un momento decisivo en los primeros años del reinado de Carlos VII. Militarmente, la situación del rey seguía siendo muy frágil: los ingleses conservaban la iniciativa y buscaban romper los últimos puntos de apoyo del bando valés en el Loira. Sin embargo, fue también ese año cuando la figura de Juana de Arco apareció, todavía oscuramente, en el preciso momento en que comenzaba el sitio de Orléans, episodio destinado a convertirse en el giro simbólico y político del reinado.
El 13 de mayo de 1428, Juana de Arco, una joven de Domrémy, se presentó en Vaucouleurs ante Robert de Baudricourt. Afirmaba haber sido enviada para salvar al rey de Francia y pedía un salvoconducto para unirse a la corte de Carlos VII. Este primer acercamiento no tuvo éxito todavía, pero marcó la entrada de Juana en la historia política del reino. En esta etapa, su palabra parecía excepcional pero era recibida con escepticismo; nada permitía todavía medir el papel que desempeñaría unos meses más tarde.
El hecho militar capital del año fue, sin embargo, la apertura del sitio de Orléans. Tras haber tomado, durante el verano y el otoño, varias posiciones que controlaban los pasos del Loira, los ingleses llegaron ante la ciudad el 12 de octubre de 1428. Orléans ocupaba una posición estratégica mayor: comandaba el paso entre el norte del reino, dominado en gran parte por los ingleses y sus aliados borgoñones, y las tierras del centro y del sur que permanecían fieles a Carlos VII. Su caída abriría el camino a Berry para los ingleses y amenazaría directamente el corazón del reino valés.
El año 1429 constituyó el gran giro del reinado de Carlos VII. Mientras la situación militar del rey había parecido casi desesperada a finales de 1428, el levantamiento del sitio de Orléans, la victoriosa campaña del Loira y luego la coronación en Reims invirtieron profundamente la dinámica política y simbólica del conflicto. En el centro de este giro se hallaba ahora la figura de Juana de Arco.
Fue en este contexto donde Juana de Arco intervino. Después de un primer intento el año anterior, finalmente logró llegar a Chinon, donde se encontró con Carlos VII el 6 de marzo de 1429. Fue examinada luego por teólogos en Poitiers; el dictamen emitido siendo favorable, el rey aceptó darle un papel en la expedición destinada a socorrer Orléans. Juana partió entonces de la corte, se unió al ejército real y se encaminó hacia el Loira. Entró en Orléans el 29 de abril de 1429, donde su presencia reavivó poderosamente la esperanza de los sitiados y de toda la causa valesa.
Los días siguientes vieron una serie de acciones decisivas contra las posiciones inglesas en torno a la ciudad. Tras varios asaltos, los franceses fueron tomando la delantera progresivamente. El 8 de mayo de 1429, los ingleses levantaron finalmente el sitio de Orléans. Este acontecimiento tuvo un alcance considerable: no era únicamente un gran éxito militar, sino también un shock psicológico. Por primera vez en mucho tiempo, el bando francés lograba una victoria clara contra los ingleses en una operación de primera importancia.
Impulsado por este impulso, Carlos VII fue a Reims para recibir la coronación, condición esencial de la plena legitimidad capeta. La partida tuvo lugar en Gien el 29 de junio de 1429. A pesar de los riesgos, la marcha por regiones todavía inciertas tuvo éxito: Troyes abrió sus puertas, luego Reims acogió el cortejo real. El 17 de julio de 1429, Carlos VII fue coronado rey de Francia en la catedral de Reims. Esta coronación constituyó el culmen político y simbólico de la acción de Juana: dio al soberano una consagración que ni el Tratado de Troyes ni los éxitos ingleses habían podido borrar. Transformó a un rey disputado en un rey consagrado.
El año 1430 marcó una clara ralentización del impulso nacido de las victorias de 1429. El acontecimiento mayor del año siguió ligado a Compiègne. El 20 de mayo de 1430, al expirar una tregua, Felipe el Bueno sitió la ciudad, posición estratégica sobre el Oise. Juana de Arco, que había partido de Sully-sur-Loire sin haber recibido una misión clara del rey, se unió entonces a la guarnición e intentó apoyar su defensa. El 23 de mayo de 1430, durante una salida contra las fuerzas borgoñonas, fue capturada en las afueras de la ciudad. Esta captura tuvo consecuencias inmensas: ponía fin a la carrera militar de la que había, en pocos meses, transformado la situación moral y política del bando valés.
El 21 de febrero de 1431, Juana de Arco compareció en Ruán ante sus jueces para la apertura de su proceso. Capturada el año anterior en Compiègne, luego entregada a los ingleses por los borgoñones, se encontraba ahora en manos de un tribunal dominado por el obispo de Beauvais, Pierre Cauchon, leal al bando anglo-borgoñón. El proceso, conducido en un marco eclesiástico, pretendía menos condenar a una persona que deslegitimar la obra política y religiosa que había cumplido al servicio de Carlos VII.
Tras varias semanas de interrogatorios, el procedimiento concluyó en primavera. El 29 de mayo de 1431, Juana fue condenada como hereje relapsa; al día siguiente, 30 de mayo, fue quemada viva en la plaza del Vieux-Marché de Ruán. Su ejecución constituyó uno de los episodios más célebres y más cargados de significación de la Guerra de los Cien Años.
El otro gran acontecimiento del año fue la ofensiva simbólica llevada por el bando contrario. El 16 de diciembre de 1431, Enrique VI de Inglaterra fue coronado rey de Francia en Notre-Dame de París por el cardenal Enrique Beaufort. Esta coronación respondía claramente a la de Carlos VII en Reims en 1429: se trataba de dotar al joven rey inglés de la legitimidad sagrada que todavía le faltaba en Francia.
El año 1435 fue el del gran giro diplomático. La Conferencia de Arras, celebrada desde el verano hasta el 21 de septiembre de 1435, cambió la situación. Por el Tratado de Arras, Felipe el Bueno se reconcilió con Carlos VII y abandonó la alianza inglesa concluida tras el asesinato de Juan sin Miedo. A cambio, el rey reconoció sus errores en el asesinato del duque de Borgoña, dispensó a Felipe del homenaje personal por sus tierras francesas y le concedió importantes compensaciones territoriales. El tratado puso fin a la guerra civil entre Armagnacs y Borgoñones y aisló diplomáticamente a Inglaterra.
El 13 de abril de 1436, las tropas francesas entraron en París con el apoyo de los habitantes hostiles a la ocupación inglesa. Esta retoma puso fin a la presencia inglesa en la capital, que había durado desde 1420, y constituyó uno de los mayores éxitos políticos de Carlos VII desde su coronación. En noviembre de 1437, el Parlamento de Poitiers, creado durante los años de división para servir de corte soberana al bando valés, volvió a instalarse en París. Esta transferencia fue fundamental: significaba que la ciudad había pasado a ser de nuevo, no solo militarmente sino también institucionalmente, uno de los centros del gobierno real.
La Pragmática Sanción de Bourges, promulgada por Carlos VII el 7 de julio de 1438, reconoció varios principios derivados del conciliarismo, notablemente la superioridad del concilio general sobre el papa, y afirmó más claramente la autonomía del reino en el dominio religioso. La Pragmática Sanción es a menudo considerada como un acto fundador del galicanismo, en tanto afirmaba la capacidad de la monarquía francesa para defender las libertades de la Iglesia del reino frente a las pretensiones papales.
El acontecimiento capital de 1439, para la historia del reino, se jugó en los Estados Generales de Orléans, convocados en otoño. El 2 de noviembre de 1439, los Estados aceptaron el principio del mantenimiento de un ejército permanente al servicio del rey. Para financiar este esfuerzo, autorizaron el levantamiento regular de la taille, un impuesto directo recaudado en adelante cada año. Esta evolución constituyó un giro mayor en la historia de la monarquía francesa. Al vincular ejército permanente e imposición permanente, el reinado de Carlos VII sentó las bases de lo que podría llamarse un Estado fiscal-militar.
El año 1440 marcó una etapa decisiva en el reinado de Carlos VII. El movimiento, conocido como la Praguería, estalló a principios de 1440. Entre los rebeldes se hallaban príncipes del más alto rango, como Juan II de Alençon, Carlos de Borbón, Georges de La Trémoille, Dunois, e incluso el delfín Luis, el futuro Luis XI. La reacción de Carlos VII fue rápida y eficaz. El rey se negó a dejarse arrastrar a una larga guerra contra sus propios príncipes y dirigió una enérgica campaña que quebró el impulso de los rebeldes antes de que pudieran constituir una coalición duradera.
El conflicto terminó con el Tratado de Cusset, firmado el 24 de julio de 1440. La monarquía salió victoriosa. La Praguería es a menudo considerada la última gran revuelta feudal seria contra la reconstrucción monárquica emprendida por Carlos VII.
En 1441, el rey asedió sucesivamente Creil y luego Pontoise, dos reductos ingleses esenciales para el control de los accesos a París. Creil capitulíó el 24 de junio de 1441. Pontoise, sitiada desde el 4 de junio, cayó a su vez el 19 de septiembre. Esta doble victoria tuvo un gran alcance estratégico: completó prácticamente la reconquista de la Île-de-France y consolidó el dominio real en torno a la capital.
En 1442, la monarquía llevó una vasta campaña en el Suroeste, a veces llamada el Voyage de Tartas. La campaña prosiguió luego con una serie de éxitos: Carlos VII retomó Saint-Sever, Dax, Condom, Agen, Marmande y luego La Réole, que cayó el 8 de diciembre de 1442. Este avance mostró que la reconquista real ya no se limitaba a la Île-de-France y al valle del Loira: ahora se extendía más claramente al espacio aquitano.
El año 1444 vio a esta monarquía en reconstrucción afirmarse aún más. El 28 de mayo, se concluyó la Tregua de Tours con Inglaterra por dos años; sería luego prorrogada y duraría en la práctica hasta 1449. Este acuerdo ofreció al rey una valiosa pausa. El 11 de octubre de 1443, el rey firmó en Saumur el edicto que creaba un Parlamento en Toulouse, el primero provincial duraderamente establecido fuera de París. La creación de esta corte soberana marcó una etapa capital en la estructuración territorial de la justicia real.
En 1445, la Ordenanza de Louppy-le-Châtel, promulgada el 26 de mayo, creó las compañías de ordenanza, es decir, las primeras tropas permanentes del rey de Francia. El objetivo era doble: disponer de una fuerza militar más disciplinada, más directamente sometida a la corona, y poner fin al desorden causado por las compañías mercenarias y las bandas de Écorcheurs. Esta reforma constituyó un giro mayor: dio lugar a un ejército profesional real, distinto de las antiguas levas feudales.
Esta reorganización militar fue acompañada de una reforma fiscal decisiva. Por la ordenanza de Sarry-lès-Châlons del 19 de junio de 1445, la taille se estableció como impuesto permanente destinado a financiar el mantenimiento de las nuevas fuerzas reales. En 1448, la ordenanza del 28 de abril creó el cuerpo de arqueros francos. Cada grupo de cincuenta hogares debía proporcionar en adelante un arquero, exento de ciertos impuestos a cambio de su servicio.
El año 1449 marcó un giro decisivo en la reconquista llevada por Carlos VII. La ruptura con Inglaterra se produjo en primavera. El 23 y 24 de marzo de 1449, la tregua fue rota tras la toma de Fougères por Francisco de Surienne, un aventurero al servicio de los ingleses.
La gran conquista de la campaña fue la retoma de Ruán. El 10 de noviembre de 1449, Carlos VII hizo su entrada solemne en la capital normanda liberada. El acontecimiento fue de primera importancia. Ruán había sido uno de los principales centros del poder inglés en Francia; era también la ciudad donde Juana de Arco había sido juzgada y ejecutada en 1431. La reconquista de la ciudad poseía, pues, un alcance a la vez estratégico, político y memorial.
El momento decisivo de la campaña de 1450 fue la batalla de Formigny, librada el 15 de abril. Esta victoria francesa abrió el camino al colapso del aparato inglés en Normandía. En las semanas siguientes, Caen capituló el 24 de junio, luego Cherburgo, el último gran bastión inglés del ducado, cayó a su vez el 12 de agosto. Con estas capitulaciones, Normandía fue definitivamente reconquistada por la corona de Francia.
El 12 de junio de 1451, se concluyó un tratado de capitulación para Burdeos entre los representantes del rey de Francia y los del rey de Inglaterra. Unas semanas más tarde, el 20 de agosto de 1451, Bayona cayó a su vez en manos francesas. Sin embargo, en octubre de 1452, el llamamiento de los bordeleses permitió a Juan Talbot, conde de Shrewsbury, desembarcar con un pequeño ejército inglés; la ciudad volvió entonces rápidamente a la obediencia inglesa.
El acontecimiento capital del año fue la batalla de Castillon, librada el 17 de julio de 1453. Los ingleses, mandados por Juan Talbot, intentaron socorrer Guyena, pero atacaron una posición francesa sólidamente atrincherada apoyada por numerosa artillería. La derrota inglesa fue aplastante. Castillon es generalmente considerada la batalla que puso fin a la Guerra de los Cien Años; ilustró también la nueva importancia de la artillería de campaña en la guerra del final de la Edad Media.
Tras Castillon, la reconquista se completó rápidamente. Burdeos, corazón de la presencia inglesa en Guyena durante siglos, capituló el 9 de octubre de 1453. Los franceses entraron el 19 de octubre. Con esta rendición, la larga asociación política de la ciudad con el mundo inglés llegó a su fin. La reconquista de Guyena estaba entonces completa, e Inglaterra ya no conservaba más que Calais en Francia. La Guerra de los Cien Años había terminado militarmente.
Los años 1454 a 1457 pertenecieron al período de posguerra del reinado de Carlos VII. En 1455, el 7 de noviembre de 1455, en Notre-Dame de París, se abrió el juicio de rehabilitación de Juana de Arco. Este proceso, conducido por iniciativa del papa y con apoyo real, pretendía revisar la condena de 1431. El 7 de julio de 1456, en Ruán, el proceso de rehabilitación concluyó que la condena de Juana de Arco era nula. Veinticinco años después de la hoguera, la justicia eclesiástica anuló, pues, la sentencia pronunciada bajo control anglo-borgoñón.
El 22 de julio de 1461, Carlos VII murió. Su hijo le sucedió con el nombre de Luis XI. El nuevo rey fue coronado en Reims el 15 de agosto de 1461. Así, entre 1458 y 1461, el reinado de Carlos VII llegó a su fin en una situación mixta. El reino de Francia estaba reconquistado, la monarquía había recuperado su fuerza militar y fiscal, pero las ambiciones italianas seguían siendo inciertas y la ruptura con el delfín ya anunciaba una nueva manera de gobernar.
La muerte de Carlos VII cerraba, pues, un reinado de restauración y de victoria, mientras que la llegada de Luis XI abría una era diferente, más personal, más tensa y más resueltamente vuelta hacia la afirmación directa de la autoridad real.